Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Palabras

Extranjero

María Guardiola, presidenta del PP en Extremadura, anunció que hay acuerdo para gobernar con Vox (PP Extremadura).

Acaba de erigirse en la palabra clave. La que abre y cierra puertas. La que da o niega el poder. Con ella de por medio, se diría que todo es posible. Sin ella, el vacío es más inmenso. Es la expresión sobre la que quieren construir su imperio de miseria moral, de buenas y malas gentes, la argamasa con la que solidificar una relación basada en el odio a la diferencia, en el señalamiento público al otro por el solo hecho de una procedencia geográfica, religiosa, lingüística… distinta. Y, curiosamente, todo ello ha sucedido en una tierra, Extremadura, donde la llegada de “extranjeros” a lo largo de todo el año 2025 alcanzó la sorprendente cifra de 1013 personas.  

Le doy vueltas como si se tratase de un raído calcetín para tratar de entender el porqué de lo ocurrido, el alcance de tamaña avería. Le doy vueltas y más vueltas a todo ese cóctel de expresiones que atraviesan el documento, palabras como burka, niqab, subvenciones, árabe, marroquí, inmigrantes, centros de menores… Palabras todas ellas que inundan y aparecen aquí y allá en el vergonzante texto del pacto in extremis, en esas 74 medidas que acaban de firmar PP y Vox en Extremadura para hacer posible el gobierno.

Y sí, es y parece el pacto de la vergüenza entre una presidenta, María Guardiola, que ha traicionado sus viejas palabras y promesas (“No podría pactar con quienes niegan la violencia machista”, junio 2023) y un Vox envalentonado que es sabedor de que ha conseguido meter de forma transversal en todo el articulado del texto su “prioridad nacional” como un mantra que —eso creen— todo lo puede y que al mismo tiempo todo lo contamina, un veneno de efecto retardado cuyas secuelas serán dolor y rabia. Y es que leído el texto al derecho y al revés, casi no hay artículo, medida, que se libre de esa palabra o de sus sinónimos, de ese supuesto espíritu maligno de “lo extranjero”. Es, parece, casi su única razón de ser.  

Le doy vueltas y no dejo de pensar que si hoy estoy libre de ser perseguido, de no quedar al margen de esa “prioridad nacional”, es solo por el hecho circunstancial de que todavía soy español, hombre, blanco… Pero que nada ni nadie me asegura que, ya abierta esta compuerta, mañana pueda ser declarado extranjero, indeseable, extraño en mi propio país. Solo es cuestión de que alguien, en algún despacho, siga hilvanando este discurso de las diferencias ahora puesto por escrito, que alguien decida cambiar las reglas de quién sí y quién no, de quiénes quedan dentro del círculo de los elegidos y quiénes fuera. Que alguien…

Mirado al trasluz de la historia, al fin y al cabo eso mismo —expatriación— es lo que hizo Hitler con los judíos alemanes, lo que el dictador Franco con muchos republicanos derrotados que vagaban por países extranjeros y a los que se negó a reconocer como españoles y les obligó a un exilio apátrida; al fin y al cabo eso mismo es lo que ya hace Trump en EE.UU. con quienes no le profesan aprecio y adulación y les falta alguna marca o papel que les garantice su completa nacionalidad, con quienes simplemente le enfrentan. Eso mismo es justo también lo que ya hace Netanyahu con los palestinos que viven y son nacidos en Israel señalándoles el camino del patíbulo.

De modo que sí. Que le doy vueltas a la palabra de moda —extranjero— y a su campo semántico más extenso, y me tropiezo con términos como inmigrante, foráneo, con ese eufemismo maligno que encierra esa “prioridad nacional”, y todo para tratar de entender, pero solo me aparecen sombras oscuras en el horizonte. Y, también, claro, la imagen diletante de un partido que ha gobernado y que está destinado a volver a pilotar el gobierno de la nación y que acaba de romper vergonzantemente una barrera invisible de integridad ética, de un partido que se apresta a deslizarse por una peligrosa pendiente repleta de miseria moral, mercadeando principios, incapaz de entender a la gente de su propio país.

Y me imagino fácilmente un país donde ya casi la única razón sea poder ser considerado “nacional”. Expuestos a que alguien, desde una ventana de poder, te señale simplemente con la palabra que abre y cierra puertas, te diga que a partir de ese momento eres simplemente un “extranjero” más… Simplemente porque no le gusta tu forma de mirar, de pensar, de mostrarte.

De eso, de todo eso, hablamos cuando utilizamos la palabra extranjero con tanta ligereza y banalidad.  

Pepe López

Periodista.

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  • No puedo más que expresar mi reconocimiento en todo el texto. Gracias por poner palabras precisas a tantas personas que, si, “sentipensamos” así