Balones a la olla

Este año, no nos salva ni el coronavirus

En la imagen, Pedro Sánchez (Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbol).

En el artículo de análisis de la pasada semana, coincidiendo con la jornada de descanso dije: “Por la cuerda floja y sin red”. El caso es que a las primeras de cambio ha llegado el primer batacazo, quizá mortal de necesidad. Había que empezar sea como fuere, menos así. El Hércules perdió por uno a cero, en tierras ilerdenses, en un partido sin pena ni gloria. Los locales no eran nada del otro mundo. El partido herculano fue, de más a menos, con una horrenda segunda parte. Igual el planteamiento táctico, armado de más coherencia, pero progresivamente también a menos, con unos cambios que desequilibraron al equipo, cuando no estuvieron hechos tarde o a destiempo. El Hércules tuvo y desaprovechó un buen ramillete de ocasiones y no acertó con ninguna. Igual que el Lleida, lo que pasa es que los catalanes metieron una, en uno de los innumerables fallos de la defensa alicantina. Pudimos ganar como empatar y terminamos perdiendo, pero nada es justificable ya a estas alturas, nada es permisible. El rumbo, la brújula, el norte o como le quieran llamar se ha perdido de forma definitiva. En fútbol nunca está todo dicho, pero creer a estas alturas que una de las dos primeras plazas que den acceso en esta segunda fase a la Liga Pro puede ser para el Hércules, es como creer en los Reyes Magos, pese a haber cumplido los dieciocho años.

Alex Martínez (Fuente: Hércules de Alicante, Club de Fútbol).

Primer partido de la segunda fase, del ciclo de ocho, que da opción al ascenso de categoría quedando entre los dos primeros. Liga Pro, o Primera División de la Real Federación Española de Fútbol. Domingo de Resurrección. Encuentro disputado en jornada matinal. Marchó el Hércules a tierras catalanas, a Lérida, como nos enseñaban en la EGB para enfrentarse a “El Club Lleida Esportiu”, pero ese es otro cantar. Se disputó el encuentro en el Camp d’Sports de Lleida. Se quedaron en Alicante por lesión, Acuña, Moisés, Buenacasa y Erice. Se quedaron también Alfaro y Nani, por decisión técnica. El gol precisamente llegaría por un fallo clamoroso, del sucesor de Nani en la banda izquierda, Alex Martínez. Por mucho menos, condenaron al chaval canterano a perpetuidad. Viajó y vio el partido desde el banquillo, la última y rutilante incorporación, el uruguayo Pastorini. Tráete a un jugador desde Uruguay para ocho partidos, y ya en el primero dale solamente diez minutos; apenas tocó el balón. Curioso porque el pasado jueves todo el mundo en el club, celebraba que se había recibido la autorización y permiso para darle de alta. ¿Por qué tanta prisa, por qué tanta ansiedad? Visto lo visto… Para ver el partido en Alicante, tuvimos que contratar vía Internet, con un enlace que dispuso el club catalán y abonar por ello 15 euros, lo mismo que cuesta una entrada regular, pasando por taquilla en un campo de la categoría. ¡Lástima de quince euros!  De haberlo sabido, hay cosas interesantes que valen ese importe, y hubiese sido mejor aprovechado. (Un menú de camionero en carretera, un mes de abono en Netflix, un cojín para los viajes, unas gafas de realidad virtual o una lámpara de sal para la mesilla de noche). ¡En fin, que el Hércules, su historia y D. José Rico Pérez, me perdonen!

Lleida Esportiu 1 – Hércules 0

No llegué a conocer a David G. Cubillo ni en la intimidad, ni en las distancias cortas, pero con lo caballeroso, respetuoso y esa cara de buena persona que tenía, estoy seguro de que si sigue al Hércules por curiosidad, desde su domicilio de Madrid, no se estará alegrando de lo que está sucediendo y del mal ajeno, pero seguro sí tendrá un regusto especial en sus entrañas, una sensación de que el tiempo le está dando la razón sobre la injusticia de lo que se hizo con él a las primeras de cambio, con el equipo clasificado en segunda posición. Fue poco menos que una tropelía, si no canallada, que más respondía a capricho que a otra cosa. Ciertas decisiones son de tal calibre que hay que saber medirlas. En ocasiones por evitar un mal menor se ocasiona un mal mayor. Aquí se quiso sofocar un pequeño incendio de maleza y matorrales, y ahora resulta que, a un año del Centenario del Club, tenemos el “Coloso en llamas”.  Veremos que dice esta semana el secretario técnico, Carmelo del Pozo. ¿A quién culpar, a quién matar, a quién responsabilizar? Igual termina amenazando a Ortiz y Ramírez. Su salida del Deportivo de La Coruña fue traumática, pero aquí la cosa se puede ver desbordada, hasta llegar a la apoteosis.  

El partido tuvo un planteamiento más coherente que en otras ocasiones. En punta de ataque apareció Manu Garrido y Benja, el uruguayo Pastorini aguardaba en el banquillo, y la pareja de medio centros era Appin y Moyita, un fajador y un arquitecto, hasta ahí bien; lo que pasa que el Hércules fue un flan en defensa durante todo el partido. No había balón colgado al área en el que no se nos encogiera el corazón, en el que no nos agarrotásemos a la silla. Desde que por lesiones y sanciones Moisés y Tano no conforman la pareja de centrales se deshizo buena parte de la seguridad alicantina. Empezó el Lleida con intensidad, en diez minutos nos habían botado cuatro saques de esquina. Cierto es que a partir del primer tercio de partido se niveló la posesión de la pelota. En el minuto trece, Pedro Sánchez botó una falta, y el balón peligroso se paseó por la línea de portería sin encontrar rematador. Otras dos para el Hércules en el veintidós, y en el veinticuatro, ambas en las botas de David Sánchez, un tiro cruzado y raso, y otra más parecida otro palo rozando la madera. El Hércules se estiró, controló más, ya no había intercambio de golpes, y en el treinta y uno otra buena ocasión para desequilibrar. Moyita hace la diagonal con Pedro, al que asiste, el de Aspe, se precipita, chuta con desajuste y malogra la ocasión. Tres minutos más tarde pudo marcar el Lleida de peligroso cabezazo. A algunos les hace falta muy poco para marcar un gol y al Hércules una inmensidad.

Comenzó la segunda parte como acabó la primera. El Hércules aparentemente controla, pero sin apretar, sin determinación, sin llegar a creérselo; falta intensidad y sobre todo profundidad. Nada entre los tres palos por parte de unos y de otros. Todo empezó a cambiar con la entrada en el campo de Quim Araujo, el centrocampista ilerdense le dio a su equipo aire, respiro y pausa. Entonces llegó el minuto veinte y el veintidós, y dos acciones que podían haber decantado el partido.

David Sánchez (Fuente: Hércules de Alicante, Club de Fútbol).

Moyita, el jugador herculano de más clase, hace una acción individual, por una banda se lleva hasta a tres jugadores, medio centra, medio chuta, y Pau Torres mal colocado no mide bien la acción, detiene de milagro con el balón entre las piernas, igual pudo ir fuera que dentro, no hubo suerte. Y dos minutos más tarde, fueron ellos, inexplicablemente, en boca de gol, Torras, totalmente solo, en otro fallo de marcaje, chuta mal y flojo, Falcón atrapa. Y después Falcón salva de nuevo un mano a mano con Abel, que había recibido un pase de Molinero. Entró Abde, entró Diego Benito, quizá en el partido en el que menos pintaba, se fue Moyita. El Hércules consumió otra buena acción entre Abde, Garrido y Pedro. Y hasta ahí, minuto treinta y tres, ya teníamos esas cinco o seis acciones de gol para cada equipo. Hasta ahí. Sí, porque entonces en el treinta y tres de esta segunda parte, le lanzan un balón largo a Abel Molinero, error de Alex Martínez en la marca a quien le come la partida, recorte hacía dentro en el pico del área, busca la zurda su pierna buena, y lanza un potente disparo cruzado y con parábola, que se cuela por el palo largo, el de la derecha de Falcón. Poco o nada pudo hacer el gaditano ante su desesperación.

Manolo Díaz, a la desesperada y con diez minutos por delante, saca al uruguayo Pastorini, el último fichaje. Delantero centro. Fue a ganar el partido cuando ya lo había perdido. Y dicen que Cubillo era un miedoso “amarrategui”. La última incorporación herculana solamente tocó un balón o dos, o qué más da.

Tano (Fuente: Hércules de Alicante Club de Fútbol).

En definitiva, peor segunda parte que la primera, el Hércules no tiene gol, el Lleida no era nada del otro mundo. Sin pena ni gloria y ganó el menos malo. Manolo Díaz ha hecho unos números infinitamente peores a los de Cubillo. Ha empatado un encuentro, ganado otro y perdido cuatro seguidos.

El próximo sábado, día diez de abril, a las seis de la tarde, en el Estadio Rico Pérez recibimos al Badalona, que ayer goleó a La Nucía. Un nuevo tropezón en forma de derrota o empate podría hacer el final de liga insoportable y larguísimo. Si en este ciclo de ocho, el margen era perder un partido, ayer ya lo perdimos. Todo lo demás podría ser como dicen en el baloncesto los minutos de la basura, con la diferencia, de que aquí serían cinco o seis partidos completos de la basura en un espacio largo de mes y medio.

Quedando el Hércules en esa Segunda División de la Federación Española de Fútbol, no quedamos donde estábamos, realmente al crearse la Pro, ha aparecido una nueva categoría. Habremos perdido un nivel; por ser más significativos, estaríamos en la antigua o a partir de ahora extinguida, Tercera División.

Con lo relativamente fácil que hubiese sido, quedar entre los tres primeros de la primera fase, donde se metieron Ibiza, Alcoyano y Villarreal. Es triste y penoso clamar otra vez a lo mismo, pero salvo milagro, ojalá me equivoque, ESTE AÑO NO NOS SALVA NI EL CORONAVIRUS.

(Fuente: Hércules de Alicante, Club de Fútbol).
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Ferrándiz

Se puede ser de equipos muy grandes, muy famosos, ganadores de muchos títulos, pero nosotros somos del Hércules. Modestia y orgullo pueden ir de la mano. En nuestro corazón habita ese pálpito blanquiazul. Sentimos al Hércules, como sentimos la Explanada, el Postiguet o la Cara del Moro. Macho Hércules.

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