Al paso

Es muy difícil que los ricos vayan al cielo

El Sermón del monte, óleo sobre tela del pintor danés Carl Heinrich Bloch (1834–1890). The Museum of National History, Dinamarca (Fuente: Wikimedia).

Tampoco lo tendrán fácil comunistas, nazis y relativistas, aunque todo el mundo parece que tendrá una última oportunidad.

A todos hay que predicarles el Evangelio, es decir las enseñanzas de Jesucristo y las que Dios nos dio a través de los profetas. Los que creyeren y practiquen buenas obras se salvarán; los que no creyeren y hagan el mal a sus semejantes, no se salvarán. Porque la fe sin obras no salva. Y estamos hablando de algo muy serio. Con nuestro corto peregrinar por la Tierra nos estamos jugando la eternidad. Nuestras almas son inmortales, eternas como Dios. Él habló primero por los profetas y luego, definitivamente, por boca de Jesucristo, que era Hijo de Dios Padre y fue hombre nacido de la Virgen María tras ser concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.

Las cosas son así de extraordinarias para los creyentes y los no creyentes.

Y será así se crea o no en Dios. Habrá gente que no conozca nunca al Dios de los cristianos, pero conocerá a otros hombres que como él están hechos a imagen y semejanza de Dios. Si se comportan bien con ellos se salvarán, porque no salva la fe sino las obras.

Los hombres buenos sean cualesquiera sus creencias, se salvarán. Jesús envió a sus discípulos a predicar el Evangelio, es decir sus enseñanzas y las del Antiguo Testamento a todos los hombres. La Iglesia sigue con esa misión, pero faltan misioneros y no sólo en países no cristianos. La mies es mucha y los obreros pocos. Hay millones y millones de personas a las que acaso nunca llegará el Evangelio. Por si no hubiera que lamentar la escasez de sacerdotes, nos encontramos con que el comportamiento de una parte del clero ha sido lamentable, lo que de ninguna manera puede aniquilar la labor ingente de la Iglesia, creada por Jesucristo con la extraordinaria misión de salvar a los hombres y que perdurará hasta el fin de los siglos: “Los Cielos y la Tierra pasarán, pero mis palabras permanecerán para siempre”.

Porque habrá un final de la Humanidad. En eso coinciden plenamente (como en tantas otras muchas cosas) la revelación cristiana y la ciencia. ¿Qué son cuatro o cinco mil millones de años comparados con la eternidad? Usted y yo asistiremos a ese final. Seremos protagonistas, no simples espectadores. El cielo no se puede comprar con dinero. Unos ricos idiotas se gastan millones en darse una vuelta por el espacio en lugar de hacer que su dinero sirva para contribuir a eliminar la pobreza de la faz de la Tierra. Ellos y otros muchos, muchísimos, ricos van a tener casi imposible entrar en el cielo.

Lo dijo Jesús y sus palabras fueron recogidas por el evangelista San Marcos, discípulo (que no apóstol) de Cristo: “Qué difícil les será entrar en el cielo a los que tienen riquezas… Más fácil es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios”. (Se explica la frase evangélica porque a la entrada de las ciudades amuralladas, como Jerusalén, había puertas muy pequeñas –ojo de aguja– por las que los camellos tenían que entrar sin carga sobre sus jibas y con las rodillas en tierra).

Las Bienaventuranzas predicadas por Jesús y recogidas en el Evangelio de San Marcos empiezan con ésta: “Bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de Dios”; mientras que San Mateo escribe: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”. El apóstol Mateo pone un matiz apuntando la posibilidad de que algunos ricos, los que aportan gran parte de sus bienes para el disfrute de sus hermanos pobres, puedan ganarse el cielo. Tampoco lo tendrán fácil comunistas, nazis y relativistas, aunque parece ser que todo el mundo tendrá una oportunidad en el último momento. Hay teólogos que, recogiendo el sentir de cristianos que vivieron (y murieron) con fama de santidad, sugieren la posibilidad de que Dios, infinitamente misericordioso, en la hora de la muerte dará esa última oportunidad a las almas de los pecadores para que se arrepientan de sus pecados.

El capitalismo puro y duro fue condenado por Jesucristo siglos antes de que lo hicieran los Papas León XIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Todos éstos (en diferentes escritos, empezando por la encíclica ‘Rerum Novarum’ de León XIII y terminando con la ‘Fratelli Tutti’ de Francisco) han condenado el comunismo y el capitalismo con toda contundencia. Pero fue el Papa emérito Benedicto XVI quien hizo esta reflexión clarividente: “Superamos las dictaduras del comunismo y del nazismo para caer en otra peor, la del relativismo”. Pero éste es asunto que se merece un artículo aparte.

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Ramón Gómez Carrión

3 Comments

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  • El camello y el ojo de la aguja es cierto, pero sin los ricos no hay trabajo ni sueldos. El sermón de la montaña de la ilustracion se lo pinté yo a mi madre que tenia una biblioteca de santos, San Juan de la Cruz era su preferido. Los domingo digo yendo a misa en la plaza de Magallanes. Magnifico trabajo.

  • Felicidades Ramón por esas palabras tan sabías tomadas del evangelio.
    Una fe sin obras es una fe muerta.
    Los últimos serán los primeros en el reino de los cielos
    Una invitación a la sencillez y la caridad.
    Tus escritos son una lámpara encendida en este largo túnel de relativismo por el que estamos pasando.
    Un abrazo
    Pilar

  • Enhorabuena, Don Ramón Gómez Carrión… Creo que mi tocayo el Santo (según la Paloma que me ha susurrado en sueños), entiéndase San Pedro, sólo tiene órdenes de evitar el paso al Reino de Los Cielos de quienes idolatran a la mentira, manipuladores y manipuladoras, con el fin de evitar la entrada de contaminaciones… Un abrazo, pedro j Bernabeu

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