Opinión

Deseos navideños

Imagen: Gerd Altmann (Fuente: Pixabay).

Esta Navidad no va a ser para todos igual porque tampoco todas las familias son iguales.

Siempre me ha impactado el comienzo de la novela Ana Karenina de León Tolstói: “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”. Así también, en la realidad, al igual que en la ficción hay muchas familias felices que viven en hogares cálidos y luminosos muy confortables, los niños llevan trajes de organza y terciopelo, sus madres además de ir vestidas con elegancia son dulces y cariñosas, porque también a ellas la vida las trató con manos suaves y amorosas. Los padres son generosos y entregados a su familia velando para que nada les falte, además de ser un ejemplo y una inspiración para sus hijos.

En esos hogares no hay gritos, ni violencia; todo es paz y armonía. 

En Navidad las casas se adornan con luces que centellean, hay guirnaldas colgadas del techo, bolas de cristales de colores, en las ventanas hay muérdago y las rosas y los lirios se asoman tras los cristales. En el aire flota un suave olor a velas con olor a vainilla y canela, nunca pueden faltar las velas de suave luz que parecen acariciar el aire.

A esas familias felices les deseo que siempre la vida les siga sonriendo y que no dejen de preguntarse qué méritos han hecho para merecer tanta dicha. Si no encuentran la respuesta, les diría que cuiden ese regalo que les dio la vida, y que intenten devolver una parte de lo que gratuitamente recibieron.

Existen otras familias infelices, y como dice Tolstói cada una de ellas es infeliz a su manera.

Son hogares desestructurados porque la pobreza y la incultura les han negado una vida digna, jóvenes sin ilusiones que han quedado atrapados por las trampas de la vida, familias a quienes los conflictos y la guerra han llevado a abandonar su tierra y no encuentran un lugar que les acoja, personas a las que no se les ha permitido soñar porque la cruda realidad se ha impuesto a los sueños.

Existen mujeres y hombres solitarios sin saber qué rumbo tomar porque no hay ninguna estrella que les guíe, mujeres y hombres a quien la enfermedad ha truncado sus vidas sin piedad. Cada uno de ellos arrastra recuerdos lacerantes y tristes que aparecen en sus vidas como un fantasma del que es imposible huir, sintiendo un gran vacío, como si llevaran mucho tiempo muertos.

A todos ellos quisiera desearles lo que la vida les ha negado injustamente:Un fuego trepidante de hogar, que caliente sus manos y su corazón, para que nunca vuelvan a sentir frío.

Una hermosa mesa a la que sentarse repleta de manjares que sacien su hambre de justicia y paz.
Que en sus copas se derrame el vino más dulce de las viñas para que embriague sus sentidos de amor y alegría.
Que en su pecho reverberen hermosas canciones que llenen el aire y para desterrar la nostalgia de la ausencia de abrazos, besos y risas.
Y por encima de todo que la luz de la esperanza renazca en sus ojos y que nunca se apague.

¡Feliz Navidad!

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María Pilar Galán García

Profesora de literatura y crítica literaria.

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    • Muchas gracias Ramón mesita Navidad más que nunca nuestro corazón tiene que estar con los que sufren
      Un fuerte abrazo

  • Pilar: me gusta Tolstoi y me gustas tú y me gusta la Navidad y me gustan todas las familias y me sale del alma, como a ti, felicitar a todo el mundo en este tiempo maravilloso de color, sabor y calor pidiendo a Dios que nazca en todos los corazones y nos vuelva niños para que desaparezca el odio de la faz de la Tierra y sólo haya brotes de amor.

    • Gracias Ramón por tus palabras!
      Así es, la Navidad tiene que ser abrir el corazón a los que sufren para que les llegue nuestros deseos de Amor y nuestra solidaridad!!
      Un abrazo

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