Al paso

Debate para nuevos (y viejos) periodistas

Fotografía: Engin Akyurt (Pixabay).

La búsqueda de la verdad, de la objetividad y de la ética en los medios de comunicación.

Este artículo responde a una sugerencia, en la Hoja del Lunes de la semana pasada, de un compañero muy estimado y afín en muchas cosas, pero con el que discrepo en algunas. Lleva toda la razón cuando proclama que este periódico digital “es, por definición, plural, como la propia Asociación de Periodistas” que acoge a todos los profesionales de prensa, radio y televisión. Igualmente coincido en que “la ética periodística debería ser objeto de debate en las facultades de Periodismo y entre los profesionales”. Aquí añadiría (recordando una conversación con el que fuera rector magnífico y magnífico rector de la Universidad de Alicante, Ramón Martín Mateo) que la ética debería ser objeto de estudio y debate en todas las facultades universitarias y en todos los centros de formación, a todos los niveles.

El artículo iba dedicado a todos “mis compañeros que llegan ilusionados al periodismo”. Pero muy pronto nos echaba un jarro de agua fría. Escribía: “nadie es objetivo; la objetividad informativa no existe. Todos tenemos nuestra ideología más o menos explícita y los medios también tienen su línea editorial y es bueno que el lector sepa cuál es”.

Mal empezamos si a jóvenes ilusionados con hacer un mundo mejor les quitamos horizontes de objetividad. El periodismo es información (que debe ser siempre objetiva, contrastada y fielmente servida a los lectores); es formación (opinión que incluye la línea editorial de la empresa periodística y los artículos de los periodistas y colaboradores especialistas en diversas materias, no siempre coincidentes con la línea editorial de la empresa) y también es entretenimiento. La objetividad en la información es una obligación insoslayable y lo que más distingue cualitativamente a un periódico, a una radio, a una televisión y a cualquier otro medio de comunicación. Por desgracia, hay mucha morralla, mucha manipulación ‘informativa’. Ese es un pecado contra la esencia del periodismo.

Dar noticias con veracidad es fundamental para la credibilidad de los medios. La verdad brilla cuando lo contado coincide con la realidad. Y cuando la opinión no se mezcla con la información, lo que habla bien de la ética. La historia del periodismo está llena de prestigiosos medios que sirvieron al país desde diferentes posicionamientos ideológicos. Y en ello estamos. Los ciudadanos compran, leen, escuchan o ven los que más coinciden con su forma de pensar y también, con frecuencia, se acercan a otros medios con los que no comulgan, pero enriquecen su visión de la realidad política, económica, social y cultural… Una realidad que, a veces, apesta.

Nadie está en posesión de la verdad absoluta, ni siquiera la Iglesia Católica, como bien apuntaba el escrito cuando la criticaba porque “condenaba tanto al nazismo, fascismo, capitalismo, liberalismo, socialismo o comunismo y así sucesivamente”. Lo de ‘sucesivamente’ está por aclarar. Lo evidente es que la Iglesia, desde finales del siglo XIX, con el Papa León XIII, es contundente condenando el liberalismo capitalista explotador de la clase obrera e igualmente se pronuncia rotundamente contra el comunismo y el socialismo marxista con su carga esencial de ateísmo y dictadura del proletariado, enemigo radical de las libertades. Una vez más hay que recordar la resolución del Parlamento Europeo de septiembre de 2019 contra el nazismo y el comunismo, regímenes ambos “criminales y genocidas”. Y otra vez más es necesario recordar que el sanchismo de ‘Petro’ Sánchez se ha aliado con el comunismo haciendo de España el único país de la Unión Europea donde el comunismo forma parte de un Gobierno.

Yo, como la Iglesia, estoy contra todos los partidos y políticos cuando no sirven al pueblo, sino que se sirven de él. Y jamás me haré militante de una formación política, aunque respeto a los compañeros que se afilian y que lo hacen en defensa de sus ideales, aunque luego tengan que tragar con unos dirigentes que traicionan la bendita socialdemocracia y se alían con comunistas defensores de la maldita dictadura del proletariado, que resulta ser siempre la dictadura de unos pocos (o muchos) dirigentes que viven como dioses. Y al ‘pueblo’ y a la ‘gente’, pues eso…

A las nuevas generaciones de periodistas les deseo que, además de no escribir, ni hablar, con faltas de ortografía (muchos estudiantes de Bachillerato llegan a la universidad con ese problema, fruto de varias generaciones de ministros y ministras de Educación y sus infames leyes, tanto de derechas como de izquierdas), les deseo que no pierdan nunca el amor por la verdad que los hará libres, una búsqueda que es fundamental para la ética periodística, la mejor receta para una buena conciencia que es una de las claves de la felicidad.

No lo van a tener fácil en unos tiempos en que la mentira triunfa sobre la ética; unos tiempos en que los sancho-comunistas atacan a los medios no afines y preparan, con ‘agostismo y alevosía’, una nueva Ley de Secretos Oficiales contra la libertad de expresión, una ley de censura que recuerda al peor franquismo. Cuidado con ‘Petro’ Sánchez que no procede del M-19 colombiano pero, como su admirado y admirador Zapatero, tiene simpatías bolivarianas (¿acaso anteriores a sus abrazo ‘mentiroso’ con los podemitas?), puede sacar la espada de Simón Bolívar y acabar con el invento democrático. Con este chico se ha cumplido lo que dijo Zapateo a su mujer, Sonsoles: “Si yo he podido, cualquiera puede ser presidente”. Amén.

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Ramón Gómez Carrión

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