Poesía

De libros y versos para mujeres

Libro: Humor, amor y filosofía (Antología poética).
Autor: Ramón de Campoamor.
Edición de José Luis García Martín.
Editorial Renacimiento, 2017.

Para un viejo, una niña siempre tiene el pecho de cristal

Dolora ¡quién supiera escribir!
Campoamor

¿Un desconocido, un mero conocido de más, un poeta mayor o menor? Me definiré antes de comenzar este comentario. Para mí, sin duda, don Ramón de Campoamor es un poeta mayor. Y añadiría, además, que es el poeta más gentil y más querido por las mujeres lectoras de un tiempo. Yo que soy mayor tuve una querida madre que vivió mucho, y puedo decir que sabía y recitaba de memoria nada menos que El tren expreso, poema en tres cantos; uno de los Pequeños poemas de Campoamor. Pero es, además, un autor que, como nos dice en el prólogo del libro enunciado, José Luis García Martín, que al cumplirse los doscientos años de su nacimiento, a Campoamor no se le ha olvidado, porque representa una forma de entender la poesía tan vigente hoy, tras los fuegos de artificio de las vanguardias, como en tiempos de Manrique o Garcilaso, una poesía que huye del verbalismo y del hermetismo para hablarnos de los enigmas del vivir y del morir con el lenguaje de todos los días.

Pero no vayamos tan deprisa, queridos lectores. Vamos a ocuparnos en esta ocasión de don Ramón de Campoamor y Campo-Osorio. Un extraordinario poeta y un gran personaje del que nada menos que Leopoldo Alas “Clarín” dejó dicho que “Campoamor como poeta es un filósofo. Y como filósofo un carácter”. Además, don Ramón de Campoamor, para las gentes de este azul mediterráneo no nos resulta en nada ajeno al dejar su estela vital muy cerca de nosotros.

En una apresurada y sintética referencia biográfica, podemos decir que don Ramón de Campoamor nació en 1817, en Navia, villa y capital de un concejo cuyo término municipal se encuentra situado en el noroeste de Asturias, junto a la ría que forma en su desembocadura el río Navia y que limita al norte con el mar Cantábrico, al sur con el concejo de Villayón y al oeste con el concejo de Coaña. Su padre don Miguel Pérez Campoamor nació en Coaña, pero se avecindó en Navia, contrayendo matrimonio con doña Manuela Campo-Osorio Rodríguez. Don Miguel era labrador e hijo de labradores, pero de labradores diríamos ricos, de la que se podría llamar “nobleza terrateniente” por lo que aportó al matrimonio bienes materiales para una vida acomodada y tranquila económicamente; y por su parte, doña Manuela, aunque carecía de fortuna, estaba emparentada con la nobleza rural, pues la familia Campo-Osorio era un linaje de gran tradición en el concejo de Navia que se remonta al menos al siglo XV. De dicho matrimonio nacieron cuatro hijos, siendo don Ramón el tercero de ellos y el primer varón de la familia.

Navia (Fuente: Naviaturismo.com).

Don Ramón de Campoamor pasó su primera infancia en el palacio de Piñera, una casa solariega vinculada a la familia Campo-Osorio, estudiando sus primeras letras en el cercano pueblo marinero de Puerto de Vega; y estudió el bachillerato, llamado en su tiempo “Estudios de Filosofía” en Santiago de Compostela, en el colegio de Santo Tomás de Madrid. En el año 1835 se instala en Madrid, con objeto de estudiar Medicina, lo que querían su madre y su hermana mayor Rafaela. Pero en realidad, don Ramón, en lugar de afanarse mínimamente en sus estudios médicos en la facultad de San Carlos, se dedicó a frecuentar los cenáculos y los lugares clásicos y literarios, como también políticos, de aquella revuelta y tormentosa España del siglo XIX dominada por un momento de inflexión determinante cuando muere el rey Fernando VII. Y así, ya tenemos a don Ramón de Campoamor metido en este mundo, buscando su verdadera vocación: escribir. Y estamos en el momento en que el Romanticismo viene y va desde Europa o hacia Europa para ponerse de moda, tras la muerte del rey, como un movimiento cultural hacia la libertad, aunque aún quedaran restos del absolutismo, provocando exilios y revoluciones. “El Parnasillo”, “El Ateneo”, y “El Liceo”, son los centros de reunión donde se cuece de todo y don Ramón de Campoamor no pierde el tiempo. Abandonados los estudios de Medicina, comienza a escribir en prensa literaria y no pierde el tiempo en frecuentar “El Liceo” y colaborar en sus sesiones de los años 1837 a 1840, lo que le permite conocer y trabar amistad con los grandes protagonistas del movimiento romántico como Espronceda, Zorrilla, Pastor Díaz, Sartorius, Rodríguez Rubi, Hartzenbusch, Roca de Togores y Ferrer del Río. Su momento culminante tuvo lugar en “El Liceo” madrileño en el año 1840, cuando este le costea su primer libro de versos Ternezas y flores, que recoge todas sus colaboraciones en la prensa literaria, y en el que nos dice, con 23 años de edad:

Y cuando en volubles giros
dándote estén lisonjeros,
perfumes los pebeteros
y música mis suspiros,
agitarán con sus alas
en torno de ti los vientos
músicas, plumas y cuentos,
flores, perfumes y galas.
Ramón Campoamor. Fotografía: Edgardo Debas (Fuente: Wikimedia).

Sus amistades con Nicolás Sartorius, conde de San Luis, y Mariano Roca de Togores y Carrasco, primer marqués de Molins, vizconde Rocamora y grande de España, le introducirán en el mundo de la política, convirtiéndose en un personaje muy importante, siendo a lo largo de su vida auxiliar del Consejo Real, gobernador civil de Alicante y Valencia, director general de Beneficencia, consejero de Estado, académico de la Lengua desde 1861, senador y monárquico lealísimo. Y también poeta, respecto de la que nos dirá en cuanto a su altura en el ámbito del Romanticismo, don Federico Carlos Sainz de Robles, que “en España y América, los únicos poetas que pueden ser comparados en fama con Campoamor son Zorrilla y Bécquer”.

Don Ramón de Campoamor  fue nombrado en 1849, por Roca de Togores, gobernador civil de Alicante. Y nos dirá don Ramón de Campoamor cuando es nombrado para ello: “Y el lector me perdonará, si no puedo nombrar Alicante sin emoción. Allí me casé con mi querida esposa doña Guillermina O’Gorman, una gracia que vale por las tres, la reunión de Aglaya, Talía y Eufrosina, el pudor, la hermosura y la alegría juntas, o como dice más elegantemente Séneca: la que da el beneficio, la que lo recibe y la que lo devuelve”.

Y así tendremos a don Ramón de Campoamor, casado en Alicante con una señora de ascendencia irlandesa, hija de don Guillermo O’Gorman, miembro de una familia de católicos irlandeses que se habían afincado en España abandonando su país de origen como consecuencia de las vejaciones que los católicos sufrían en Irlanda. Y don Guillermo donó a su hija Guillermina, la que fue llamada Dehesa de Matamoros, la parte más importante de la Dehesa de San Ginés, y que acabó llamándose Dehesa de Campoamor, cuando don Ramón y su esposa construyeron allí su casa residencia, y que fue un centro de animación social visitado por personas relevantes de Torrevieja y Pilar de la Horadada, y hasta por el cura de esta, con quien Campoamor contrajo una cercana y amigable relación:

El cura del Pilar de la Horadada
como todo lo da, no tiene nada.
Para él no hay más grandeza
que el amor que se tiene a la pobreza.

Allí fue muy feliz don Ramón. Como nos dice Julio Romano: “… trueca su chistera por el ancho sombrero de paja, cambia su severo atavío madrileño por el claro y holgado trajecillo campesino y ahora, en vez de parlar con las finas damas de palacio o de discutir con oradores del Ateneo, habla con los espoliques, mozos de labranza y pegujaleros, o con los viejecillos resecos, como el esparto de su finca, o con los arrapiezos y ñiquiñaques que trabajan en Matamoros”.

Allí, en Campoamor, una de las almas de nuestro mar, don Ramón fue inmensamente feliz, y fue “en la casa de Matamoros en la Dehesa de San Ginés, partida de la Horadada, término municipal de la ciudad de Orihuela”, donde el día doce de septiembre de mil ochocientos noventa y dos, a las once de la noche, otorgó testamento abierto ante el notario de Orihuela don Julián de Torres y Calzada, a donde se desplazó, y donde se dice por el testador ser viudo desde hace dos años y ser vecino de Madrid, sin hijos ni otros ascendientes ni descendientes, y otorgando en memoria de su hermana doña Rafaela sus bienes a los hijos de la misma sucesivamente don Vicente y don Ramón, y en cuyo testamento manifiesta su deseo de renunciar a la propiedad de sus obras literarias “las cuales podrán ser reimpresas libremente después de su fallecimiento”.

Puerto de Dehesa de Campoamor. Fotografía: Borja Zavala (Fuente: Wikimedia).

La vida de Campoamor fue muy intensa. No podemos detenernos demasiado en esta breve crónica, pero sí diré que Campoamor no se arredró ante nada. Cómo de vuelta en Madrid, cuando tras el movimiento revolucionario llamado de “la Vicalvarada” de Espartero y O’Donell contra Isabel II, que le tocó vivir en Valencia, donde estaba de gobernador civil, pasó a dirigir el periódico El Estado, interviniendo en frecuentes polémicas, una de las cuales, fruto de unos comentarios de don Ramón en la revista La Época, le supuso el batirse en duelo a sable con el capitán de Navío don Juan Bautista Topete, a quien hizo una herida en todo lo largo de la frente de un sablazo; o la polémica mantenida con don Juan Valera por sus comentarios por su discurso de acceso a la Academia de la Lengua, titulado La Metafísica, limpia y da esplendor, contestando más tarde a la crítica recibida en una de sus obras teóricas, titulada, Lo Absoluto.

Don Ramón compartió su existencia con su esposa Guillermina durante unos años felices. Se ha dicho que durante sus 40 años de matrimonio la adoraba sobre todas las cosas y que al fallecer ésta en 1890, nuestro poeta abandonó todo tipo de actividad política y literaria.

A la esposa más buena y más querida
de entre mis brazos la arrancó la muerte.
Murió mi madre que me dio la vida
murió la hermana que labró mi suerte.

Campoamor murió a la una y cuarto de la madrugada en su casa de Madrid del día 13 de febrero de 1901. Su entierro fue multitudinario. Además de representaciones de academias, sociedades literarias y ateneos, le acompañaron ilustres personalidades como Silvela, Azcárate, Romero Robledo y Echegaray y, según las crónicas, miles de estudiantes que seguían su féretro silenciosamente.

Pero Campoamor no es solo el hombre, el político, el ateneísta, el director y escritor en revistas literarias, el académico, el polemista, el orador… Campoamor es también y sobre todo, el poeta.

Humoradas, Doloras y Pequeños poemas. Y también Cantares, Fabulas Originales, Lo Absoluto y El Personalismo,

Una Humorada:

Las niñas de las madres que amé tanto
me besan ya como se besa a un santo.

Y le escribe a don Marcelino Menéndez y Pelayo: “Soy el hombre menos afortunado de la tierra para bautizar géneros literarios. Cuando publiqué las Doloras, el nombre pareció demasiado neológico. Salieron a la luz los Pequeños Poemas y el título fue muy censurado por razones que nunca he comprendido. El nombre de Humorada, ¿parecerá también poco propio?

¿Qué es humorada? Un rasgo intencionado. ¿Y dolora? Una humorada convertida en drama. ¿Y pequeño poema? Una dolora amplificada. De todo esto se deduce que mi modo de pensar será malo, pero como ya dije alguna vez, no se me podrá negar que por lo menos es lógico”.

Teatro Campoamor de Oviedo. Fotografía: Sitomon (Fuente: Wikimedia).

Pero como una figura está dentro de un paisaje y el paisaje para un poeta es su poesía, detengámonos en su recuerdo, en sus poemas hermosos e inolvidables, escritos con tristeza y desenfado, con humorada y dolor como cuando dice en El gaitero de Gijón, en una de sus Doloras:

Ya se está el baile arreglando.
Y el gaitero ¿dónde está?
“Está a su madre enterrando,
pero enseguida vendrá”.
“Y ¿vendrá?” “Pues ¿qué ha de hacer?”
Vedle con la gaita…, pero
¡cómo traerá el corazón
el gaitero,
el gaitero de Gijón!

 La niña más bailadora
 ¡aprisa! –le dice– ¡aprisa!
Y el gaitero sopla y llora
 poniendo cara de risa.
Y al mirar que de esta suerte
llora a un tiempo y les divierte
¡silban como Zoido a Homero
algunos sin compasión
al gaitero,
al gaitero de Gijón!

 Decid, lectoras, conmigo:
¡Cuánto gaitero hay así !
¿Preguntáis por quién lo digo?
Por vos lo digo y por mí
¿No veis que al hacer, lectoras,
doloras y más doloras,
mientras yo de pena muero
vos las recitáis al son
del gaitero,
del gaitero de Gijón? 

O el misterio en la mujer de El tren expreso, en uno de los Pequeños Poemas:

(…) Al arrancar el tren subió a mi coche,
seguida de una anciana,
una joven hermosa,
alta, rubia, delgada y muy graciosa,
digna de ser morena y sevillana.

(…)

¡Nunca olvidéis a esta infeliz amante
que os cita, cuando os deja, para el cielo!
¡Si es verdad que me amasteis un instante,
llorad porque eso sirve de consuelo!

(…)

 Al ver de esta manera,
trocado el curso de mi vida entera
en un sueño tan breve,
de pronto se quedó, de negro que era
mi cabello más blanco que la nieve.

Y la entrañable Dolora, el poema dialogado, ¡Quién supiera escribir!

Escribidme una carta señor cura
Ya sé para quién es.
¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
nos visteis juntos?
Pues.
Perdonad, mas…
No extraño ese tropiezo.
La noche… la ocasión…
Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:
Mi querido Ramón:
¿Querido?... Pero en fin, ya lo habéis puesto…
Si no queréis…
¡Sí, sií
¡Qué triste estoy!
¿No es eso?
Por supuesto.
¡Que triste estoy sin ti!
Una congoja, al empezar me viene…
¿Cómo sabéis mi mal?
Para un viejo, una niña siempre tiene
el pecho de cristal.

(…)

Dios mío ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!

(…)

—Pues, señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo.
A don Ramón… En fin.
Que es inútil saber para esto arguyo
ni el griego ni el latín.

 Yo no sabría dar un juicio de valor sobre don Ramón de Campoamor, poeta, pues soy un admirador suyo y la admiración deforma la objetividad, pero sí que he de sumarme, sin pensarlo, a lo que nos indica el prologuista de esta selección de su obra que presenta José Luis García Martín cuando dice que Campoamor, sin dejar de ser un hombre de su época, y en eso reside buena prueba de su encanto, sigue siendo nuestro contemporáneo: “Campoamor buscó siempre la amenidad y la gracia con el fin de hacer llegar su desengañada visión del mundo a un público amplio. Quiso tratar los grandes temas de siempre con el lenguaje de todos los días. Quiso ser, a la vez que poeta, filósofo y moralista. Moralista no en la acepción de censor, sino en el de analista de las costumbres. Fue el poeta preferido de las mujeres…”.

Estatua a Ramón Campoamor. Fotografía: Nicadapa (Fuente: Wikimedia).

Y con esa idea he comenzado este comentario. Me parece que Campoamor se volcó hacia la mujer, con respeto y admiración. Con ese mismo respeto y admiración con el que quiso a su esposa Guillermina. Y esas poesías que tanto prodigó en favor de ellas, le supuso el aprecio de las mismas, lo cual le hace decir a su espléndido biógrafo Manuel Lombardero, que si esta circunstancia “propició algún lance amatorio, es cosa que desconocemos de modo absoluto. Sus picardías, a la hora de escribir doloras y humoradas podrían alentar esa creencia… y también podrían desalentarla, porque la discreción y el silencio es la mejor arma de quien se siente inclinado a tales aventuras”.

Y una Humorada:

Al pedirme la luna muchas bellas
yo les di el sol, la luna y las estrellas.

Hay palabras que quieren hacernos creer que están en desuso. Una de ellas es galantería. Y un hombre que se precie, ante una mujer no debe de olvidarla.

Y termino estas letras para decir que don Ramón de Campoamor dejó señal de su paso por aquí y se enamoró de esta tierra de naranjos y palmeras. Cerca de este lugar, en la Orihuela del mar, en la dehesa de Matamoros, llamada ya para siempre, Dehesa de Campoamor.

En Alicante, en los albores de la primavera del año 2022.

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Julio Calvet Botella

Magistrado y escritor.

6 Comments

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    • Querido amigo Ramon Gómez Carrión, muchas gracias por tu correo. Me alegra que coincidamos una vez mas. Creo que Campoamor sigue vigente. Un abrazo. Julio Calvet.

  • Magnífico artículo sobre la obra y la vida de Campoamor.
    Siempre me gustó su poesía , tan bella y tan delicada .
    Felicidades Julio por traernos su recuerdo .

    • Muchas gracias Pilar. Efectivamente Campoamor fue en su vida objeto de “no aprecio” por algunos sabios del momento, pero creo que si hay escritores-poetas leídos, Campoamor es de los mas. Y aun está vigente. Fíjate, a mi me resulto muy curioso que Campoamor en su testamento renunció tras su muerte a los derechos de autor de sus obras literarias: “las cuales podrán ser reimpresas libremente después de su fallecimiento”. Y también: “Encarga especialmente a sus herederos que mientras quede memoria de su paso por la tierra, manden hacer sufragios por su alma, por la de sus padres, y para la mayor gloria de su santa mujer”. ¿Saben esto los miles de propietarios que hay hoy en la Dehesa de Campoamor? ¿Le han seguido haciendo misas?. Porque sigue habiendo memoria de Campoamor, y entre la herencia estaba toda la gran finca. Curioso, digno de estudio, Un fuerte abrazo, Julio Calvet.

  • Gracias Julio por ilustrarnos a don Ramón de Campoamor y su relación con Alicante donde se casaría con doña Guillermina de origen irlandes. Poeta de romanticismo que tienes bien estudiado junto al gran Esproceda y Zorrila y otros muchos que no caben aquí. Un abrazo.

    • Gracias por tu comentario querido amigo Ramon. Camposmor fue un asturiano que se enamoro de esta tierra alicantina que ha dejado su huella para siempre. A mi me sigue gustando leerlo. Un abrazo Julio Calvet.

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