En todas las apariciones de León XIV en la Plaza de San Pedro, subido en el ‘Papamóvil’ y bendiciendo a los miles y miles de fieles que le aclaman, cada pocos metros la comitiva se detiene porque algunos jóvenes padres consiguen que los agentes de seguridad acerquen a sus niños al santo padre, quien, sonriente, hace la señal de la cruz sobre la frente del pequeño. Seguro que la escena se repetirá en algunos de los encuentros masivos que León tendrá, durante su visita del 6 al 12 de junio, con los católicos españoles, que cada año que pasa son menos, por un lado porque cada año mueren más españoles de los que nacen y, en segundo lugar, porque sólo son bautizados el 50 % de los recién alumbrados.
Nada hay más hermoso que la sonrisa de un niño, pero hemos fabricado entre todos (no sólo los pésimos políticos), una sociedad muy injusta, donde los jóvenes no pueden independizarse y crear hogares sostenibles económicamente, lo que ha degenerado en parejas que no pueden (aunque lo quieran) tener hijos y dependen de sus padres para terminar el mes, para subsistir. Y nos duelen las orejas (¿o son los oídos?) de escuchar a gobernantes decir que “España va bien y estamos a la cabeza de Europa”. Y los políticos de la oposición y de la no oposición siguen con sus peroratas dándose lecciones mutuas de corrupción para que creamos en ellos y no podemos creerlos porque sabemos que ellos viven exclusivamente de la política, la inmensa mayoría desde jovencitos. Y no saben hacer otra cosa.
España va muy mal y no sólo económicamente. Sobre todo moral y religiosamente. No hay ética en las alturas: se lo dicen los unos a los otros y les damos la razón. No hay ética, no hay principios. Todo vale para matar al contrario. Todo vale, aunque todos digan que no todo vale. Mienten. España está hecha unos zorros y la Iglesia Católica española no puede sacar pecho. Seguro que León XIV lo sabe, porque, desde hace muchos años, como dirigente internacional de la orden de los agustinos (fundada por san Agustín, el hijo pródigo de santa Mónica) recorrió, en varias ocasiones, las distintas provincias hispanas para empaparse de la realidad de nuestro país.
Seguro que el papa sabe que en España se producen casi cien mil abortos anuales y que el Gobierno de Sánchez (encabezado por este Pedro que le visita y le recibe como jefe del Estado Vaticano) quiere que el derecho a matar bebés en el vientre de sus madres sea un derecho fundamental de la mujer y que así sea recogido en la Constitución. No le basta con que haya una ley orgánica que ya reconoce plenamente ese derecho y que está funcionando con normalidad. Es difícil que de la visita de León XIV salgan mejoras en las relaciones entre el Vaticano y España, aunque nunca hay que perder la esperanza. Ya sería muy interesante que sirviera este encuentro para que fueran más cordiales y fructíferos los encuentros entre Gobierno y Conferencia Episcopal Española.
Al margen de esas cuestiones intergubernamentales, la Iglesia tiene muchos frentes abiertos que, en conjunto, ponen en solfa la labor eclesial en los últimos decenios. No voy a ser tan necio parafraseando aquello de Manuel Azaña pregonando en las Cortes, casi recién proclamada la Segunda República Española, que “España ha dejado de ser católica”. Se le olvidó, como mínimo, el adverbio ‘oficialmente’. Desde que el emperador romano, el hispano Teodosio I, proclamara al cristianismo como religión oficial del imperio en el Edicto de Tesalónica en el año 380 (Constantino sólo impuso la libertad religiosa y devolución a los cristianos de los bienes confiscados con el Edicto de Milán del año 313), otro hito en materia constitucional lo tenemos en España con la famosa Constitución de 1812 con el país ocupado aún por las tropas de Napoleón. Aislados en Cádiz, los diputados elaboran un texto antiabsolutista, pero profundamente religioso. Dice el artículo 12: “La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra”. Estaba claro que las Cortes de Cádiz estaban más con Teodosio que con Constantino. Yo me uno a Constantino, pero defendiendo que el Cristianismo, gran perseguido por el marxismo de izquierdas radicalizadas, incluido el sanchismo, no se merece el desprecio y la inquina de cualquier progresista objetivo y con un mínimo conocimiento de la revolucionaria doctrina social de Jesucristo.
La verdadera revolución social va inyectada en lo más profundo del Evangelio, pero los falsos progresistas jamás entenderán que la revolución hay que hacerla desde dentro del ser humano y con amor; transformando la sociedad, pero nunca promoviendo el odio y la muerte. Ojalá la visita del papa a España sirva para poner el cristianismo más en órbita, como lo están intentando y consiguiendo entre los jóvenes varios grupos musicales hispanos, entre ellos el más famoso, Hakuna, grupos que actuarán, al menos en dos ocasiones, en acontecimientos multitudinarios del pontífice. Parece que hay nuevas generaciones interesadas por los valores espirituales como camino eficaz para trasformar esta sociedad excesivamente materialista. La filosofía-teología de estos grupos es sentido de comunidad y fraternidad, con este lema “cantamos lo que vivimos y vivimos lo que cantamos”. Quieren ser un testimonio de vida y que su música “sea consecuencia de una experiencia intensa de Dios”. El grupo Hakuna pertenece a un movimiento de seglares comprometidos con sentido de comunidad y fraternidad. Próximos a sus ideales están triunfando también Ternah Music y VIVAFÉ, entre otros. Soplan buenos vientos para un catolicismo español que tiene que renovarse para que se detenga el deterioro de las cifras de primocomulgantes, de bautizos, de confirmaciones, de bodas. España no ha dejado de ser católica, pero hay síntomas preocupantes sobre su salud.













Feliz día… Humanidad y generosidad
(Amar y acciones en la guía del
QUÉ NECESITAS TÚ DE MÍ)
es el camino de la felicidad compartida…
Gracias
Feliz día, maestro, Don Ramón Gómez Carrión…
Pedro
Gracias. Feliz semana.