Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Palabreando

Chupeteando

Fuente: Lotería Nacional.

Hoy es el día esperado por muchos y muchas, el del sorteo de la Navidad, el que últimamente es más conocido por las cosas que pasan —incluidos supuestas trampas o lo que sea, que la gente para la teoría de la conspiración tiene más alas que el más potente Red Bull—. Recuerdo de siempre que mi padre se ponía con un papel donde tenía apuntados, a bolígrafo, todos los números que jugaba, ordenados de dos maneras: Uno por terminación y otro por numeración. Se plantaba con su buen almuerzo de bocata de atún o de sardinas (todavía lo hace) y a esperar a ver si tocaba la suerte. Mientras vivía mi abuelo, el padre de mi padre, siempre jugaban un número en concreto, no lo recuerdo. Toda la vida. Nunca tocó. Una vez fallecido mi abuelo, lo llevó una época mi primo, pero tampoco tocó y se perdió la costumbre. Cosas que nunca deberían perderse, pero las tradiciones se van perdiendo.

Bueno, este año mi padre seguirá con ese ritual. A ver si este año toca la china y, cuando estén leyendo este artículo, ya soy un futuro heredero de una fortuna. Yo, pues sigo esos que son casi de manera obligatoria: el del trabajo, el del trabajo del familiar, el del otro familiar y, como capricho, alguno que otro de los que te salen con gente con la que compartes momentos semanales como el de la panadería a la que vas cada día, o que te sale porque sí. Hay quien juega todas las terminaciones y se asegura la devolución que también hace ilusión, pero que eso es como ir sobre seguro. Yo siempre he comprado el ocho porque en mi cole los martes por la tarde —que era el día de gimnasia, sí gimnasia, se llamaba así y ningún profe se molestaba porque no le dijéramos Educación Física; hoy en día he visto docentes corregir a los niños que bueno, yo cuando toca lengua, toca lengua, no Lengua Castellana; claro como ahora plástica en casi todos los centros como se da en inglés se llama Arts and Crafts, plástica de toda la vida, pues así está la peña que no sabe ni lo que estudia por no hablar de la asignatura que se llama Proyecto Interdisciplinar. Pero eso da para una artículo por sí mismo; bueno que se me va el santo al cielo—, que compraba el ocho porque un servidor era súper gordito y le daban una camiseta con el número en la espalda y nadie lo cogía porque se hacían los equipos eligiendo y siempre quedábamos pues eso, los que “no me mandes la tango muy lejos que no voy a poder llegar” y te ponían de defensa o de portero; pero el año que adelgacé que era octavo, me dieron la equipación roja con el 8 en la espalda. Nunca se me olvidará. Octavo, con el ocho en la espalda. Luego, al poco, me regalaron un libro que se llama El  8, de Katherine Neville, que es una pasada. Y ya tomé como referencia el 8. Pues bueno, escribo esto y no tengo ningún 8. Y lo he tenido a mano, pero como en casi ningún lugar lo puedes pagar con tarjeta pues nada.  A ver si entre el momento que escribo este artículo y el domingo 21 lo consigo. Pero bueno, que todo este rollo es para decir que no pasa nada, que en el fondo, si no te toca la lotería, has de tirar del clásico de oro, el de la salud, pero es que en este caso es cierto, porque en las fiestas que comienzan los centros de salud cierran a las 15.00 horas, todos, y los días señalados Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo cierran todo el día, con lo que sí, que no te pase nada en estas fiestas y tengas salud porque, de lo contrario, te veo en Urgencias haciendo cola, y no para comprar el cupón en alguna de esas administraciones que dicen que dan suerte. No, la cola la vas a pasar esperando a que una pantalla diga tu número con las letras de tu nombre y apellidos delante. Ahí sí que vas a querer que te toque el primero. Que entiendo que la peña se vaya de vacaciones, por supuesto, es que debe ser, pero que refuercen con la gente que está llena de ganas de comenzar y que no le importan estas fechas. Luego es verdad que la peña se enfada si le cierran El Corte Inglés antes de tiempo, pero es que parece que las compras van por delante de la salud. De hecho irá más gente a devolver los regalos de Papá Noel que a Urgencias, o primará lo primero antes que lo segundo.

¿Se imaginan un regalo que sea un ticket para Urgencias? Somos así. Pero que la peña de Sanidad necesita descanso, que tiren de la sabia joven que está en el banquillo esperando con ganas locas de saltar al terreno de juego. Y eso que este año la gripe está en modo salvaje y que leo que faltan medicamentos para combatirla. Que no es buen momento para pillarla, que no me sean caprichosos y que no cojan nada que no sea suyo, que a partir de las 15.00 horas es la hora de la cenicienta médica y que se van a pedir medicamentos así que bueno tranquilidad. Y que la huelga ya ha retrasado una semana las consultas que tocaban en su momento que en mi época con una Couldina efervescente se te curaba todo. Y antes de mi época te comprabas sin receta el Optalidón, aunque fuera en supositorios, y se te quitaba todo y más. Luego se dieron cuenta de que llevaba barbitúricos y que causaba dependencia y lo eliminaron como si el diazepam, lorazepam, alprazolam y todos los pam pam no causaran dependencia. Pero claro, estos son con receta. Vamos, una semana más para conseguirlos porque si se necesita, se necesita.

Gente haciendo cola en un centro de salud de Huelva (Fuente: SATSE Andalucía).

Lo que sí que se necesita, necesitan y más, porque me pasó en primera persona el otro día, son comedores sociales o, en su defecto, indicadores de su lugar en algún punto de la ciudad que, de existir, yo los desconozco. Salí del trabajo y un hombre, por desgracia con ciertamente necesidad, me preguntó muy amablemente dónde podía ir a comer. No me pidió ni dinero ni nada, tan sólo si conocía algún comedor social al que acudir. Sinceramente, tan sólo conocía La Sal de la Tierra, pero porque me pilla de paso y creo, no lo sé, que está cerrado, al menos el que yo conozco por Carolinas. Me quedé en blanco. Luego comencé a preguntar a conocidos y familiares y nadie conocía. Yo soy una persona que da más de 20 000 pasos al día porque le gusta patear la ciudad sin necesidad de que el Peatonalizador de Nottinghalicantem le vaya a imponer hacerlo, y nada. De hecho, me metí en Google para ver y tan sólo me salieron La Sal de la Tierra, que no sé si está operativa, Despensa Solidaria, Asociación Social La Prosperidad y Centro de Atención a Personas sin Hogar San Agustín en el antiguo refectorio del convento de las Monjas de la Sangre, pero vamos, que esto lo he sacado de Internet. No sé si están en funcionamiento o no, pero que yo por la ciudad no he visto ningún indicativo, ni dirección, ni señal, ni nada. Tan sólo me vi en esa situación y, en verdad, me supo mal ni siquiera poder indicar, ni ayudar. Me quedé en blanco y, probablemente, esa buena persona se quedaría sin comer ese día. No sé. A día de hoy sigo sin saberlo.

Como seguirán sin saber si en un futuro próximo los interinos docentes que no hayan pedido destino en más de dos años se van a quedar sin poder hacerlo porque la consellería los va a expulsar de la bolsa. Sí que es cierto que cuando uno era joven, no sólo iba a pedir destino a Valencia de manera presencial con unas hojas donde iba tachando los puestos que quedaban libres, sino que si no pedías en ese momento, te expulsaban de la bolsa y por eso, de los 26 años que llevo trabajando, más de 18 han sido fuera de la ciudad. Siempre me ha parecido mal, de hecho, estoy a favor del sistema actual, sin duda. Eso de desactivar a personas que tienen circunstancias personales que nadie conoce y que, por lo que sea, no pueden trabajar en dos, tres, o los años que sean sin condicionarse más que a sí mismos, que los vayan a expulsar me parece injusto. También me parecía injusto tener que ir a pedir a Valencia a las 8 de la mañana y tener que salir a las 6 de Alicante para no perder la plaza. Pero sí que es verdad que conozco a muchos profes de última generación que son muy de a la carta y que tan sólo piden cuatro o cinco coles y, si no, pues nada, me espero a la semana que viene y son gente sin hijos, ni parientes a su cargo, ni nada que yo a los 30 años me iba y me venía a hacer kms. Insisto, que no cambien el sistema, pero que la gente tampoco se haga tan cómoda.

También es verdad que no es lo mismo ir a dar clase al quinto pino con la ansiedad que, a día de hoy, genera el trabajo. Recuerdo cuando comencé a finales del siglo XX que uno iba a dar clase y el alumnado te respetaba. Una cosa es que estudiaran o no, pero te respetaban hasta los padres y las madres. Hoy en día hay de todo, y a buen entendedor con pocas palabras. Dicen que la consellería va a endurecer las normas y a partir del día 7 de enero se podrá expulsar a un alumno por insultar a un profesor o acosar a compañeros, o por destruir mobiliario del centro, o por ciberacoso, o por subir fotos de los docentes o compañeros a redes sociales. ¿Buen regalo de Reyes? Pues no, a ver es que estamos dando por sentado cosas que nunca se debieron de permitir, que se han generalizado como que una alumna se tire un peo en clase, o un eructo, o diga palabrotas, es como que ahora se va a castigar, perdona, eso se debería de haber castigado siempre, pero como ahora, a nivel político, está la peña que no sabe si le van a tocar las barbas, o las van a tener que poner a remojo, pues claro a endurecer algo que nunca debió siquiera de plantear esta norma.

Luego los profes con ansiedad. Pues claro, porque luego vienen los padres y las madres a decir que porqué mi hijo o mi hija no saca más nota. Pero el problema es que no vienen a cuestionar el motivo del porqué, si no a cuestionarte a ti, como docente porqué su hijo no saca más, no si su hijo no hace los deberes, no si atiende en clase, no si sigue las normas, no. La cuestión real es que vienen no a ver si su hijo o hija tiene que hacer más o menos esfuerzo, vienen a que lo hagas tú para que su hijo o hija saque más nota sin esfuerzo alguno por su parte. Porque los padres y madres de los hijos e hijas que estudian, que se esfuerzan, que están al día, esos no, esos no vienen a cuestionarte a ti. Los que vienen son los que sus hijos e hijas, salvo excepciones, sin hacer nada suspenden y no se lo explican y no quieren que sus hijos sepan más por su trabajo, lo que quieren es más nota por menos trabajo y eso es lo que genera estrés y ansiedad. El tener que tratar con personas que no admiten que el trabajo requiere un esfuerzo diario y que ese esfuerzo tiene su recompensa. Siempre digo que no me imagino a esos padres si tienen a un familiar que necesita una operación entrando al quirófano y poniendo a parir al cirujano de si utiliza este u otro método. Pero claro, somos profesores y tenemos vacaciones en verano.

Por cierto, para la ansiedad para adultos, la tontunada, vuelta a usar chupetes para calmar el estrés. Lo dicho, chupetes creados para adultos como herramienta para calmar tensión y nerviosismo.

Bueno es Navidad y hay un autobús gratuito para poder desplazarse por la ciudad viendo la ruta de los detalles de esta época. Claro que la picaresca hará que se suban o se bajen si les pilla de camino, mejor que gastar un bonobús o pagar. Lo gratis siempre es lo primero.

Creo que cuando esté publicado ya se habrá quemado la hoguera de la Montañeta Nàixer a Nadal, un trabajo de los aprendices de artista a constructor de Hogueras. A ver que no veo la fecha, pero que me parece una gran idea y si es para que la gente joven se dé a conocer y coja experiencia genial.

Bueno que tengan suerte hoy (el 22/12/25), a ver si consigo un 8.

Canción, Christmas (Baby, Please Come Home) versión de U2.

Libro, Cuento de Navidad de Charles Dickens.

En fin, que ustedes lo lean, lo pasen y  lo paseen bien.

Bruno Francés Giménez

Escritor de serie B.

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