Opinión

Camino del colegio

Fotografía: Free-Photos (Fuente: Pixabay).

Hoy es lunes. El colegio ha empezado este mes de septiembre hace unas semanas y, como todos los lunes, los colegios, templos del aprendizaje y la cultura, han abierto sus puertas para acoger a los niños que, sedientos de conocer el mundo, atraviesan los pórticos para adentrarse en ese espacio velado, donde crecen las letras que habitan en los libros y allí se irán ordenando para abrir nuestros ojos a un nuevo mundo de la cultura que nos hará más libres. Descubriremos el olor a tinta secada sobre el papel y nos iremos haciendo amigos de los libros y las metáforas, de los cuadernos y las tablas de multiplicar, todo se irá ordenando. Después del verano al aire libre, respirando mar y sol, llega este otoño ocre, que nos devuelve a la realidad de un presente galopante para que no sólo seamos espectadores de la vida, sino actores destacados.

Hoy es lunes, y he querido empezar la semana de una forma distinta. Tenía una deuda pendiente con la niña que fui y he querido saldarla. Siempre que repaso el álbum de las fotografías de mi infancia, veo a una colegiala con coletas, con su uniforme recién planchado, la piel muy blanca, los ojos muy abiertos y despiertos, espectadores atónitos para beberse el mundo y me embarga una ternura inmensa.

Es en ese momento, cuando cojo su mano lejana (que en realidad es la mía) y siento como va dando saltitos, como si fuera una paloma que apenas siente la gravedad de la tierra y puede volar lejos de las amenazas y el miedo, con fe total en la vida, y me dejo llevar por ella para tratar de recuperar mi infancia dormida, cuando todo era inocente y bello, cuando el dolor todavía no había hecho acto de presencia, pero acechaba en cada esquina.

Fotografía: Jessica Je (Fuente: Pixabay).

Es entonces cuando deseo con todas mis fuerzas apretar su mano (que es la mía) una mano muy blanca y pequeña, con las uñas mordidas y sin los surcos que el tiempo ha ido horadando. Quisiera rescatarla de todo peligro venidero, que ni una brizna de paja lastimara su piel, quisiera grabar en su palma el código mágico de la felicidad al que acceder con sólo presionar un dedo.

Y vamos atravesando calles, adentrándonos en el misterio del día, interiorizando todo lo que vemos para hacerlo más nuestro. Sus ojos (que son los míos) como navegantes de un mar tempestuoso, van descubriendo los vientos huracanados que amenazan hundir el navío, y desearía enseñarte a ser dueña de tu mirada (que es la mía), a saber afrontar con valentía las dificultades de la vida, a distinguir los ojos que hieren para apartar tu mirada, a descubrir dónde habita la maldad y lo oscuro para alertarte de quiénes llevan puñales en las pestañas y con un parpadeo pueden rajar tu alma.

Ha pasado el verano, niña mía, y vamos caminando hacia el colegio, deseo que sea para ti, escuela de vida, donde aprendas los valores eternos de justicia, lealtad, fortaleza, autenticidad: pilares sobre los que se cimiente tu existencia, para que nunca te encuentres perdida. Y no tengas la necesidad de llevar una brújula en el bolsillo por si alguien te la quita o la olvidas al salir de casa.

Quiero que tu colegio tenga las paredes blancas, con amplias ventanas que estén abiertas a la luz y a la verdad, paredes níveas que se vayan agrandando y naveguen contigo, a medida que tu crezcas, adaptándose a tus nuevas realidades. La vida, en sí misma, es una escuela de formación, de la que hay que ir aprendiendo cada día, enfrentándonos a nuevos retos, viajando en el túnel del tiempo, orientándonos siempre hacia la luz, como faro salvífico de un nuevo mundo.

Habrá días de frío y oscuridad, pero el aula siempre irá contigo, con sus paredes habitadas de estanterías pobladas de libros, tesoros de sabiduría en cuyas páginas duermen los héroes y los villanos, las hadas y los monstruos. Hay libros que contienen el universo entero, los planetas, las estrellas, las galaxias, las nubes de polvo, la luz e incluso el tiempo. Es fantástico pensar que toda la inmensidad del universo puede estar contenida en las páginas de una enciclopedia, sólo tenemos que ir juntando letras, formando palabras y la belleza de la Vía Láctea aparecerá ante nuestros ojos.

Fotografía: Free Stock Photos (Fuente: Pixabay).

No tenemos más que dejarnos llevar por la imaginación, que irá guiando nuestros pies frágiles y cansados. El mundo se hace lenguaje para explicarnos las sinrazones de los acontecimientos, los cataclismos y los desastres naturales que encogen nuestro corazón. Aunque si de las páginas de un libro sale volando una golondrina es que nos hemos encontrado con la poesía.

A veces, el mundo es tan opaco y ciego que debemos transformarlo en imágenes transparentes, qué sólo puedan ser captadas por su olor, su sabor y su sonido, lejos del alcance de nuestra vista, al filo de lo invisible, para que, por medio de la imaginación, comprendamos que son paisajes de invierno por su olor a escarcha, bravíos mares por el rumor de las olas, gruesas lágrimas que ruedan por la mejilla por su sabor salado. Si tuviera poder para ello, te pondría en guardia de los lobos esteparios que hincan su diente al degüello, los más temibles son los que vienen disfrazados de cordero, porque no hay mayor mal que la hipocresía y la mentira…

Cuántas cosas me gustaría enseñarte, pero apenas hay tiempo, la vida nos arrastra por esta extensa calle que conduce al colegio, pero que no es lo suficientemente larga para poderte prevenir de la pena y el sufrimiento, que siempre buscan atajos para salir a nuestro encuentro. Cuánto desearía poder evitarte el sufrimiento y los desengaños que conlleva la vida, pero eso es imposible, tan solo puedo ofrecerte las armas para combatir el dolor, y el poder que da el conocimiento, para enfrentarte con los problemas de la vida.

Que no sólo aprendas asignaturas, sino el camino y las herramientas para adquirir tu autonomía en todos los ámbitos, de acuerdo con tu propia personalidad. Cada niño lleva un maestro interior que, guiado por sus propios intereses, aprovechando su intuición y sensibilidad es un magnífico ejemplo. Todo conocimiento nuevo es una redención, toda meta superada abre nuestro corazón a nuevas dimensiones, que te llevarán a vislumbrar otros horizontes que pronto alcanzarás y pasarán a ser cotidianos espacios ya conquistados. Con el tiempo, irás comprendiendo que la vida está hecha de sombras y luces, y deberás ir acumulando en tu pecho la llama candente de los días luminosos, para que cuando llegue la oscuridad, habite en ti, el rescoldo de una brasa con el que puedas calentarte e iluminar tu casa.

Imagen: Gerd Altmann (Fuente: Pixabay)

Deseo que aprendas con alegría, qué gran equivocación eso que se decía antiguamente: “La letra con sangre entra”, los conocimientos se deben adquirir disfrutando, desde el mismo momento en que se inicia el periodo de aprendizaje. No hay prisa por llegar, vayamos recogiendo las flores que van brotando en el camino de la sabiduría…

Qué hermoso es saber contemplar el paisaje, pararnos a respirar el aire fresco de los campos, que el rocío de la mañana cubra nuestra cabeza y refresque nuestras sienes, será así como estaremos en disposición de abrir nuestra mente a nuevas ideas.

Me gustaría para ti un pensamiento crítico, aunque basado en el respeto y los límites que marca el derecho a la integridad del otro, que sea una crítica constructiva, nunca humillante y destructiva pues en tu corazón no debe anidar el rencor.

Nunca deberías soltarte de mi mano (mano que es la mía), pero es preciso que crezcas y que la vida te zarandee, aunque yo quisiera evitarlo; converso por la calle contigo (que soy yo) en voz alta y hay quien me mira, pensando que estoy loca, pero nunca he estado más cuerda. Es necesario echar fuera lo que se lleva dentro y hace daño, llamar al miedo: miedo y al horror: horror, porque es la mejor forma de exorcizar la angustia.

Quiero que aprendas a verbalizar tus sentimientos y así nunca estarás perdida, porque la palabra es lo que verdaderamente nos lleva al conocimiento interior. Agarro tu mano (que es la mía) para que me traslade a un tiempo lejano, y es como introducirme a través de la puerta del tiempo para rescatar a la niña que fui. Con toda ternura aprieto su mano y ella, saltarina e inocente, va camino del colegio.

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María Pilar Galán García

Profesora de literatura y crítica literaria.

6 Comments

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  • Has vervalizado la vuelta al cole de una forma muy literaria y epistolar. Sin duda el colegio nos sociabilizar y nos enseña a ser personas en esta sociedad competitiva. Sin educación no hay progreso. Muy bien Pilar.

    • Hola Ramón
      Así es como lo siento, creo que una buena educación es el mejor regalo que podemos dejar y el más valioso
      Un abrazo
      Pilar

  • Pilar: me encantan tus artículos siempre y debería decírtelo por escrito, como hoy. Este texto tan lleno de contenido, tan poético y realista a la vez, debería ‘acartelarlo’ el conseller de Educación (el controvertido Vicent Marzà) y colgarlo en los tablones de todos los colegios para que lo lean los niños, las niñas, los profesores y las profesoras, las madres y los padres… Me encanta, sobre todo, ese final: “Quiero que aprendas a verbalizar tus sentimientos y así nunca estarás perdida, porque la palabra es lo que verdaderamente nos lleva al conocimiento interior”. ¡Guau! Me ha hecho recordar aquel poema de Juan Ramón: “Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas…”, con la ramoniana ‘j’.

    • Ramon
      Me llegan muy hondo tus palabras que te agradezco de corazón
      Es para mí un privilegio tener lectores como tú, que me motivan para seguir escribiendo mis sentimientos y saber que llegan a buen puerto.
      Me encanta la idea de colgarlo en los colegios !!
      Muchas gracias
      Un abrazo
      Pilar

  • ¡Enhorabuena, Pilar! Es un entrañable texto cargado de poesía, que retroalimenta el recuerdo del niño que fuimos y trata de evitarle el dolor del camino, aunque, como bien reflejas, para crecer, necesitamos vivir y gestionar nuestras experiencias y sufrimientos. Y así es, nuestro aprendizaje va parejo al camino de nuestra existencia, que empieza en el poso que otros dejaron en su día y la luz que nos mostraron como guía, y que nosotros debemos seguir labrando hasta el final de nuestras vidas (ese debe ser nuestro enriquecedor camino a Ítaca).

    • Hola Juan Antonio
      Muchas gracias por tu comentario que reafirma la idea de ese camino que todos debemos recorrer.
      Así es, toda nuestra vida es un Regreso a Itaca que emprendemos desde el mismo día que nacemos .
      Un abrazo
      Pilar

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