Al paso

Bautizos, matrimonios y funerales civiles

Fotografía: Keskieve (Fuente: Pixabay).

Han pasado doce años desde que Pedro Zerolo bautizara democráticamente a Leo, hijo de Cayetana Guillén Cuervo

Nadie ha dicho que sea fácil ser un buen cristiano, como tampoco lo es comportarse como un excelente ciudadano. E inmediatamente es preciso dejar claro que lo primero es ‘ser’ (pertenencia a la familia humana) y luego “ser cristiano’ (integrarse en la Iglesia). Se trata de dos asuntos diferentes, pero que pueden confluir en la misma persona y de hecho así es para millones y millones de habitantes de este maravilloso planeta que tan poco cuidamos y que tanto nos da.

Para celebrar la llegada de un nuevo vástago al mundo, en Occidente, durante siglos de Cristianismo, se bautizaba al bebé, que ingresaba así en la comunidad eclesial, que los teólogos denominan Cuerpo místico de Jesucristo, fundador de la Iglesia sobe la roca de San Pedro Apóstol y de los demás discípulos y sus sucesores siglo tras siglo hasta nuestros días. Al principio fueron masacrados los cristianos por las autoridades judías y por los gobernantes del imperio romano. Fueron trescientos años de persecuciones y muertes de quienes dieron su sangre, sangre que, como dijo Tertuliano, fue semilla de cristianos,

Cada vez había más cristianos hasta el punto de que se bautizaron masivamente en todos los territorios romanizados, sobre todo a raíz de que se convirtiera la madre del emperador Constantino, Santa Elena, y llevara a la fe cristiana a su hijo, con quien se dejó de perseguir a los creyentes y se les apoyó, aunque no fue hasta unos años más tarde, siendo emperador Teodosio I el Grande, nacido en Hispania (en Itálica o Coca) cuando se declaró el Cristianismo religión oficial del Estado y se prohibió el paganismo.

El bautismo es la puerta de entrada a la comunidad cristiana. Con la creciente laicización de la sociedad (especialmente tras la Revolución Francesa de 1789) hemos llegado a los extremos actuales. Podría decirse que se ha generalizado la persecución de los gobiernos (especialmente los de izquierdas) a todo lo que huela a Cristianismo, especialmente al Catolicismo. El Frente Popular masacró, durante la Guerra Civil, iglesias, conventos, sacerdotes, religiosos, monjas y simples fieles por el hecho, supuestamente abominable, de ser católicos.

Fotografía: Kgorz (Fuente: Pixabay).

Tras el infumable nacionalcatolicismo franquista, los actuales gobernantes sociocomunistas, siguiendo las huellas del detestable Zapatero, se olvidan de la Transición y del espíritu de concordia llegado con la Constitución de 1978 y promueven el falso progresismo del laicismo ‘superando’ la doctrina del Estado aconfesional. De ahí que fomenten los partidos de izquierda la guerra a todo lo que huela a religioso y promuevan, entre otras cosas, el bautizo, el matrimonio y los funerales civiles.

El primer bautizo civil se celebró en la etapa de Zapatero y fue oficiado por Pedro Zerolo, carismático y destacado líder socialista en la lucha por los derechos de los homosexuales. Pero le salió la vena antirreligiosa protagonizando el que la gente calificó como primer bautizo civil, el de Leo, hijo de la conocida presentadora de TVE Cayetana Guillén Cuervo, periodista y actriz, hija de los grandes actores Fernando Guillén y Gemma Cuervo.

El acto fue calificado por Zerolo como “bienvenida democrática”, lo que llevaría implícita la negación de democrático al bautizo religioso, algo que contradice el principio sagrado de que no hay que discriminar a ninguna persona por la religión que profese. De alguna manera recuerda esto a la Ley de Memoria Histórica diseñada fundamentalmente para condenar los crímenes del franquismo, pero no los del Frente Popular, ley a la que Sánchez y Carmen Calvo añaden el calificativo de democrática. Y se alían con un partido dictatorial, como Unidas Podemos para gobernar, un partido que no defiende la unidad de España y sostiene (desde el Gobierno) que España no es una democracia.

En algunos ayuntamientos ya tienen una ordenanza para los bautizos civiles y dan lectura a algunos artículos de los Derechos del Niño de la ONU, derechos que nada tienen que ver con ceremonias religiosas ni civiles ni con ninguna otra celebración por el nacimiento de una criatura. Existen ayuntamientos que, al final de la ceremonia, expiden una ‘Carta de ciudadanía’ como reconocimiento del estatus de ciudadano del ‘bautizado’. ¿Cabe mayor necedad? Pues sí hay más estulticia: el bautizo civil “compromete a padres, padrinos o tutores a defender los derechos del niño”. ¡Pasmoso! Cómo si esa defensa no fuera consustancial al hecho escueto del nacimiento del bebé.

—¿Y usted por qué defiende el bautismo religioso?

—Amigo lector, seas de derechas o de izquierdas, yo lo que defiendo es el derecho a que no se persiga a nadie por sus creencias. Y sostengo que la religión, en sí, es un bien humano además de divino y que es perfectamente compatible con izquierdas y derechas, pero con las ‘centradas, no con las extremistas; no con las dictatoriales; con las realmente democráticas, no con las ‘democráticas de bolsillo’.

Creo más; creo que lo de la Carta de Ciudadanía es un invento del maligno, una imbecilidad de tamaño colosal que bien podría intentar ser una alternativa ‘civil’ a la ‘partida de bautismo’ cristiana, siguiendo con el ataque a los católicos. El bautismo es uno de los siete sacramentos de la Iglesia, institución creada por Jesucristo, personaje histórico de cuya vida y muerte no solo hay testimonios irrefutables en la literatura bíblica sino en varios historiadores latinos de la época tan prestigiosos como Tácito y Flavio Josefo. Los ‘Anales’ de Tácito (del siglo I, el del nacimiento y muerte de Jesús) certifican la crucifixión de Cristo por el gobernador romano de Judea, Poncio Pilato, y la presencia del Cristianismo en Roma, una ‘secta’ maligna, según él, una de tantas calamidades como se concentraban en la capital del imperio.

Fotografía: Katja Just (Fuente: Pixabay).

¿Conseguirán el sanchismo de Pedro Sánchez y sus aliados podemitas acabar con el Cristianismo? ¿Lograrán socialistas, comunistas y otros no creyentes de izquierdas y derechas (también las derechas están colaborando casi a marchas forzadas) acabar con el Cristianismo? Jesucristo profetizó tajante: Los Cielos y la Tierra pasarán, pero mis palabras permanecerán para siempre. Y sus palabras (que lo sepan derechas e izquierdas) son palabras de amor y de hermandad para todos: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado, hasta la muerte; no améis solo a los amigos (eso ya lo hacen los paganos), sino también a los enemigos”. En lo alto de la cruz, una de sus siete frases (los Evangelios y la tradición hablan de ‘las siete palabras’) fue: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Yo estoy convencido de que el Padre nos perdonará a todos (menos a los que no quieran el perdón) y que nos encontraremos en el cielo las buenas gentes de izquierdas y de derechas para toda la eternidad. Nos veremos cara a cara con Dios viajando, acaso, por las galaxias en compañía de Platón, Aristóteles, Santo Tomás, Galileo, Einstein. Hawkings, Beethoven, Morricone, John Ford (con su diligencia)… y millones y millones de genios que aceptarán tomarse una caña con nosotros y no como los ilustres que desdeñaban al humorista José Mota. No se hagan mala sangre: lo de aquí es una mala noche en una mala posada (santa Teresa, también ella estará allí); nos espera una eternidad muy divertida. Os lo prometo; bueno, lo prometió Él.

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Ramón Gómez Carrión

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  • Mis felicitaciones a Ramón Gómez por este magnífico articulo, demuestras ser un hombre ecuánime y muy inteligente, porque para tener una visión real de las cosas no hay que dejarse arrastrar por los extremismos, ni por el fanatismo, ni por la sin razón .
    Me quedo con tus palabras:
    “en el cielo nos encontraremos con las buenas gentes de izquierda y de derechas por toda la eternidad”
    Gracias por aportar luz

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