Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Al paso

Antonio Machado, un republicano como yo y como Ortega y Gasset (y II)

Antonio Machado en 1917. Fotografía de autor desconocido en el libro "Poesías completas" (Fuente: Wikimedia).

No seré tan necio como para querer igualarme con Antonio Machado y con Ortega y Gasset, dos monstruos del pensamiento y de la literatura española del siglo XX. El título de los dos artículos que he pergeñado al hilo del 87 centenario de la muerte de Machado en Colliure sólo hace referencia al republicanismo de los tres y ‘con reparos’, pues cada cual tiene derecho a la forma en que debe configurarse y ejercerse el gobierno de una república. Es evidente que la Primera República Española (1873-74) fue un fracaso descomunal tras el que sufrió el país con el reinado de Amadeo de Saboya (1871-1873), monarca importado con el apoyo del general Prim y que abdicó porque “los españoles son ingobernables”. La frase recuerda la que se atribuye al canciller Otto von Bismark: “España es el país más fuerte del mundo, porque lleva siglos intentando autodestruirse y todavía no lo ha conseguido”. Lo dijo en la segunda mitad del siglo XIX cuando él ejecutaba la unificación alemana anexionando a Prusia territorios de Dinamarca, Austria y Francia.

El artífice del imperio alemán, conocedor de las guerras carlistas y de la cantonalista, murió en 1998, justo cuando España perdió Cuba. Murió antes de que Antonio Machado, en los años 20 del siglo pasado, descubriera, poéticamente, que había dos Españas, casi profetizando la cainita Guerra Civil cuando escribía:

 “Españolito que vienes 
al mundo, te guarde Dios;
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón”.

Machado estuvo con la Segunda República y contra las dos Españas, pero la República no supo estar con todos los españoles. Ortega y Gasset, junto a varios intelectuales que habían trabajado para que llegara la República, se dieron cuenta enseguida de que  ni la Constitución se hacía para todos los españoles, ni los primeros gobiernos republicanos fueron capaces de cortar la violencia criminal y de garantizar la seguridad de todos los ciudadanos.

El Gobierno de centro-derecha salido de las elecciones de 1933 fue boicoteado por las izquierdas, responsables, sobre todo el PSOE y el PCE, de la llamada Revolución de Asturias, en realidad un golpe de Estado reconocido por el líder del PSOE Indalecio Prieto durante su exilio en México. La violencia seguía en  las calles y Alcalá Zamora convocó elecciones generales anticipadas a febrero de 1936, calificadas por historiadores como “de violencia y fraude del Frente Popular” (PSOE, PCE, Izquierda Radical…), que robó 800 000 (ochocientos mil) votos al centro-derecha (CEDA y monárquicos fundamentalmente).

Iniciada la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, tras el asesinato del líder monárquico Calvo Sotelo, cinco días antes, las milicias ‘descontroladas’, próximas al PSOE, al PCE y al anarquismo, iniciaron una etapa de violencia que se extendió tres años y se cebó contra la Iglesia. Fueron asesinados más de seis mil religiosos y casi 300 monjas. Otros ciudadanos considerados pro-fascistas, presuntamente partidarios de los militares franquistas o simplemente derechistas, fueron masacrados. Sólo en noviembre de 1936 y primeros días de diciembre fueron fusilados más de dos 2000 (dos mil) madrileños en terrenos de Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz.

Los medios de comunicación republicanos no daban cuenta de las quemas de iglesias y conventos ni de los asesinatos, ni siquiera de los que se cometieron en Paracuellos y Torrejón siendo jefe de Gobierno Largo Caballero, que estuvo al frente del Ejecutivo entre septiembre del 36 y mayo del 37. Machado no ignoraba lo que ocurría en la retaguardia republicana. Estaba en permanente contacto con dirigentes del Gobierno y fueron estos amigos los que, ante los peligros en el frente de Madrid, lo evacuaron a Valencia el 24 de noviembre de 1936, cuando Valencia era ya, desde el 7 de ese mes, capital del Gobierno, con Largo Caballero al frente y con Manuel Azaña como presidente de la República. Lejos de Madrid se sentían más seguros. Lo primero que cambiaron en Valencia fue el nombre de algunas calles más importantes. A la del patrón de la capital, san Vicente mártir, le pusieron Largo Caballero. Otras céntricas fueron  dedicadas a Pablo Iglesias, Lenin, Marx y Unión Soviética. Un año más tarde, el 31 de octubre de 1937, el Gobierno y la presidencia de la República, marcharon a Barcelona. A Machado no lo evacuaron a Barcelona hasta abril de 1938. Parece que sufría problemas pulmonares, que se le agravaron con el exilio a Francia a finales de enero de 1939. Un mes después, el 22 de febrero, moría en Colliure. Como es sabido, su madre fallecía tres días después. Los dos descansan en la misma tumba, en la que nunca faltan flores y donde ondean varias banderas republicanas.

Republicano de corazón y, según todos los testimonios, un hombre profundamente bueno, es posiblemente el más grande de los grandes poetas (nueva edad de oro de la poesía española) del siglo XX. Y también es probable que fuera el republicano más inexpugnable entre la flor y nata de la intelectualidad. Nunca escribió contra la República aunque no le gustaran los asesinatos y tantas otras violencias en la zona republicana que le causaban dolor. En algunos de sus artículos publicados durante su etapa en Valencia y Barcelona (casi toda la contienda), según leo, “distinguía entre el ‘fascismo’ (al que veía como el mal absoluto) y los excesos de la revolución. Aunque nunca defendió la violencia incontrolada, a menudo la enmarcaba como una consecuencia trágica de la ‘guerra fratricida’ y la ‘embestida’ golpista”.

Machado y su madre murieron en total pobreza. Fueron enterrados, primero, en un nicho del cementerio de Colliure cedido por una amiga de la señora Quintana, que daba nombre a la pensión donde se alojaron Machado y su familia. Hasta 1958 no se trasladaron los restos del poeta y de su madre a la actual tumba sufragada por suscripción popular, gracias a la iniciativa del Comité de Amigos de Antonio Machado, si bien el famoso violonchelista Pau Casal se había ofrecido a correr con todos los gastos.

Aunque Machado fue bautizado poco después de nacer en Sevilla, nunca fue católico practicante. Mientras que Ortega y Gasset y Manuel Azaña se reconciliaron con la Iglesia Católica y recibieron el sacramento de la Confesión antes de morir, Machado murió como había vivido, en la búsqueda de Dios, como se refleja en muchos de sus poemas, especialmente en éste que destaca en su poemario Campos de Castilla:

Anoche, mientras dormía,
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.

Di, ¿por qué acequia escondida
agua vienes hacia mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

Anoche, cuando dormía,
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón,
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche, cuando dormía,
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche, cuando dormía,
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

Este poema nos invita a soñar a quienes no queremos que haya dos Españas para helarnos el corazón.

Ramón Gómez Carrión

Periodista.

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