El libro, Andar, ver, saborear y contar. El compromiso de Antonio González Pomata (1926-1996) con las comarcas y la gastronomía de Alicante reivindica una de las voces esenciales del periodismo alicantino del siglo XX. Antonio González Pomata fue un periodista con firmes raíces en el territorio y un compromiso inquebrantable con la divulgación del patrimonio alicantino, de sus tradiciones, sus gentes y sobre todo, en su última etapa, de su riqueza gastronómica. A través de sus páginas, este ensayo biográfico propone un profundo viaje por la vida de un hombre que saboreó la profesión en torno a una mesa y que con su mirada crítica explicó el acontecer en esta tierra a lo largo del s. XX.

Una trayectoria periodística marcada por el esfuerzo, la constancia y un innegable afán de superación personal. Pomata supo ver como nadie la relación entre la gastronomía y el territorio y su relevancia para el desarrollo turístico y el medio rural, dejando un valioso legado que sentó las bases actuales de nuestra laureada cocina alicantina.
La reciente presentación de esta monografía, que vio la luz el pasado mes de mayo, supuso la puesta de largo de un arduo trabajo de investigación, a cargo de un equipo de académicos y periodistas comprometido con el legado cultural del protagonista. Una obra coordinada por el catedrático Josep Bernabeu Mestre, que ha contado con la participación de Inés Antón Dayas, Ángeles Ruiz García y Maria Tormo Santamaría y con el impulso institucional y editorial del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, la cátedra Carmencita de Estudios del Sabor Gastronómico de la Universidad de Alicante, la Fundación Mediterráneo y el diario Información.
Menjars de la terra: Su visionario legado periodístico y gastronómico
Si bien su primera etapa periodística estuvo estrechamente vinculada al sector agrícola, gracias a sus inicios en la Cámara Oficial Sindical Agraria, es su aportación al ámbito de la gastronomía la que marca una diferencia en su trayectoria profesional y le reserva un espacio en la historia cultural y periodística de la provincia. Antonio González Pomata fue el alma y el protagonista indiscutible de un proyecto pionero y revolucionario, la colección Menjars de la terra, lanzada en 1985 por el diario Información. Esta ambiciosa iniciativa nació con el propósito de rescatar, catalogar y dignificar las tradiciones culinarias y gastronómicas de las comarcas alicantinas, que se veían seriamente amenazadas por la homogeneización de las modas y los nuevos hábitos de consumo. El periodista alicantino dedicó once años de su vida a recorrer pueblos y cocinas, recuperando lo que él llamaba con ternura y respeto “la sabiduría heredada de nuestras abuelas”.
Pero más allá del gran hito que suponía la recuperación del recetario tradicional, el gran mérito de Menjars de la terra fue la visión de comprender el hecho gastronómico en toda su amplitud y complejidad conceptual. Pomata entendió que para defender un plato tradicional era prioritario proteger al agricultor, potenciar el consumo de productos de temporada y de proximidad, y valorar las variedades autóctonas de los vinos y aceites de la tierra.

A través de la publicación de coleccionables semanales y la organización de trece exitosas semanas gastronómicas entre los años 1987 y 1994, Pomata consiguió tender puentes entre la tradición y la modernidad. Su labor pedagógica y crítica sacudió los cimientos de la hostelería local, animando a los restauradores a incorporar el recetario popular en sus cartas. Al hacer que los cocineros tomaran conciencia del inmenso valor de la cocina de siempre, Pomata plantó la semilla del espectacular éxito que la alta cocina y la gastronomía de vanguardia alicantina han cosechado en las últimas décadas.
Notario de la transformación social alicantina
La figura de Antonio González Pomata emerge en la segunda mitad del siglo XX como la de un notario de la realidad que recorrió nuestra provincia a través de sus platos y de la mano de sus gentes. Con su mirada atenta, libreta en mano como redactor de Información, levantó acta de las profundas y a menudo traumáticas transformaciones que experimentó la sociedad alicantina entre 1950 y 1990. Un periodo especialmente convulso y de cambio acelerado, marcado por el fin de la república, la dureza de la guerra, el hambre en la posguerra, el desarrollismo de los años sesenta, el boom del fenómeno turístico y, finalmente, la llegada de la democracia y la ordenación de la nueva realidad autonómica.
Alicantino de nacimiento, no tenía pudor en reconocer que la capital era su gran desconocida. En palabras del periodista José María Perea, González Pomata fue un “reportero de bancal”, alejado del ruido y el humo de las redacciones que aportó una visión periférica, sencilla, honesta y exigente del mundo del ámbito provincial, especialmente de sus comarcas. En este escenario de mutación constante, donde los paisajes rurales se desdibujaban y los oficios ancestrales corrían el riesgo de caer en el olvido. Tras su fallecimiento en 1996, el locutor Vicente Hipólito lo describiría como un “incansable correcaminos enamorado de la provincia de Alicante, que conocía todos sus rincones y que escribía de ellos para promocionar su belleza o para denunciar sus problemas o necesidades”.
Esta dualidad definió su labor informativa, más allá de la complacencia y de la postal idílica, en la que Pomata ponía sobre la mesa valores y virtudes, pero también las desigualdades, las carencias y los anhelos de los pueblos alicantinos.
Del “bachiller de la vida” al rigor universitario
La andadura vital y profesional de González Pomata estuvo marcada por una lucha contra las adversidades de su tiempo. De origen humilde y marcado por ser “hijo de rojo”, tuvo que aprender a navegar las complejas aguas del entramado sindical franquista y la prensa del Movimiento para labrarse un porvenir, sin perder nunca el carácter reivindicativo. Pomata presumía con orgullo de haber cursado el “bachillerato de la vida”, recorriendo caminos y empapándose del saber popular de sus mejores fuentes de información: los agricultores, las amas de casa y los vecinos de cada localidad.
En 1980, tras haber cumplido ya los 54 años, se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Alicante, en la especialidad de Geografía e Historia. Esta tardía formación académica supuso un salto cualitativo en su método periodístico, aportando a sus textos el rigor del periodismo de investigación. El propio Pomata lo explicaba de manera muy gráfica: “Si antes terminaba un reportaje en dos horas, ahora me cuesta dos días y es que la investigación es algo necesario que da rigor a tu trabajo”.
Desgraciadamente, ese mismo año de plenitud profesional, en el que publicaba su primer libro y recibía su título, le fue diagnosticado un cáncer con el que conviviría los siguientes dieciséis años. Lejos de amedrentarse, este periodo final fue el de mayor producción y madurez intelectual, dejando como legado la autoría o colaboración en diez importantes monografías.
La “alicantinización” como forma de hacer región
Al margen de la buena mesa, otra de las obsesiones que guio la trayectoria de Pomata fue el concepto de la “alicantinización”, que más allá de un chovinismo localista y excluyente, él defendía como la mejor manera de vertebrar el territorio y construir una identidad regional valenciana sólida y respetuosa con las diferentes singularidades de las comarcas alicantinas. Pomata veía esta pluralidad como una inmensa riqueza territorial, un valor diferencial y estratégico. Entendía a la perfección que Alicante es una tierra diversa, “dividida en cuatro partes, donde ni se piensa igual, ni se cultiva igual, ni se trabaja igual, ni se habla igual” y su periodismo destacó por dar voz y unir esas distintas realidades bajo un mismo manto de dignidad y reconocimiento.

A fecha de hoy, la obra de Pomata continúa vigente. Muchos de los problemas que detectó y denunció sistemáticamente en sus crónicas no solo persisten, sino que se han agravado notablemente en los últimos años. Problemas como la falta de sostenibilidad ecológica, económica y social que amenazan al sector agroalimentario y al modelo turístico moderno, la despoblación del territorio rural, así como los riegos de desaparición de parte de nuestra memoria cultural y tradiciones, invitan a revisar su legado y reflexionar sobre sus planteamientos.













Antonio González Pomata, ALICANTINO IMPRESCINDIBLE…
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