Opinión

Adolescencia, la primavera de la vida

Fotografía: Spring Fed Images (Fuente: Unsplash).

Nos encontramos en plena primavera y ésta nos lo recuerda cada día con su intensidad. Nos regala un caluroso día a todo color y, unas horas más tarde, una gran tormenta nos recuerda que la vida es equilibrio, que todo cambia y que las opciones son infinitas e innumerables.

Con el paso del tiempo y a través de la observación, la naturaleza me ha ido mostrando que todo es un ciclo y que una etapa sucede a la siguiente. De la misma manera, me ha mostrado la correlación entre las etapas de la vida y las estaciones del año, en donde la infancia se asemeja al invierno, época en la que todo se inicia lentamente, partiendo de la oscuridad, permitiendo el crecimiento de las yemas y los pequeños brotes conforme el sol avanza y la energía aumenta paso a paso, unos días más y otros menos, como lo hace el niño que crece, ampliando sus fronteras y explorando conforme expande su ser conectado a su propio ritmo interno.

De la misma manera, siguiendo ese desarrollo lógico y natural, la vida alcanza unos niveles de energía tan altos que son difíciles de ignorar, preparando a cada uno de los seres para eclosionar y brillar con su único y exclusivo resplandor. Para mí esto es la adolescencia, una etapa más de las etapas que suponen la constante evolución de los seres desde el comienzo hasta el fin de la vida. Pero no olvidemos que ésta en concreto supone la de mayor intensidad, ya que el salto de niño a adulto implica la necesidad de cambios neurológicos y hormonales para posibilitar la transformación física necesaria y que, por lo tanto, se verá acompañada por un intenso y profundo proceso emocional.

Sabemos que la calidad y cantidad de agua y sol que reciban los seres de la naturaleza será crucial y determinará el resultado de los frutos que den al madurar. Te invito, pues, a reflexionar sobre la calidad y cantidad de lo que estamos ofreciendo a los adolescentes de nuestra sociedad para garantizar que de ellos brotará su mejor versión al llegar a la edad adulta.

Fotografía: Silvia (Fuente: Unsplash).

¿Conocemos cuáles son los cambios que experimenta su cerebro y la química de su cuerpo? ¿Conocemos los cambios hormonales por los que atraviesa y el efecto que provoca en su emocionalidad? ¿Conocemos qué es aquello de lo que necesitan nutrirse? ¿Estamos los adultos de la sociedad pendientes de atender las necesidades que tienen o de que ellos se adapten al espacio social que nosotros les hemos preparado?

Cuando de naturaleza animal y vegetal se trata, las dudas son inexistentes ¿Por qué actuar de manera distinta con respecto al ser humano?

Los miedos creados por el desconocimiento, los bulos y mitos aceptados y popularizados pueden apoderarse de nuestra psique influenciando y condicionando nuestra vivencia como progenitores y docentes acompañantes de la etapa adolescente, pero hoy en día la información está a nuestro alcance con sólo un clic. Si encuentras adolescentes en tu vida, te invito a dar el paso y ampliar tu información para poder transformar tu mirada hacia la adolescencia y vivirla de una manera mucho más positiva, aprovechando toda esa energía que las personas adolescentes nos traen y cocrear juntos una sociedad mucho mejor.

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Merce Pérez

Soy Merce Pérez, trimadre, doula, asesora de crianza consciente y educación emocional, autora de los libros “CONECTADOS. El Arte olvidado de la Crianza Consciente” y “Crianza en la Naturaleza, Educación en Valores”, pero, sobre todo, inspiradora de madres que desean conectar con sus hijos y potenciar el desarrollo de su ser esencial mientras viven la crianza de manera consciente y respetuosa, basada en el amor y la comunicación. Hace trece años nació mi mayor maestro, mi hijo Marcos, un espíritu libre con el carácter de un líder nato. Acompañar su desarrollo desde la confianza y el amor me devolvió como regalo el privilegio de ser el primer testigo de verle crecer con una gran autoconfianza, seguridad y manejo de sus posibilidades. Algunos errores que cometí en el camino también me mostraron el efecto que provocaban. Ahora, con toda mi experiencia y formación, acompaño a familias para que puedan vivir el desarrollo de la mejor versión de sus hijos.

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  • Querida Merce: Te leo con gusto desde que iniciaste tus colaboraciones en Hoja del Lunes. En varias ocasiones me he quedado con ganas de hacer algún comentario, no contrario sino complementario, a tus tesis naturalistas centradas en los solsticios y equinoccios. Mi concepción filosófica y teológica de la creación me lleva a considerar insuficiente la educación progresiva (permanente desarrollo global) de nuestros hijos a base exclusivamente de ‘naturaleza’. Somos naturaleza, como los manzanos, el trigo y los girasoles, pero no sólo fruto de la tierra, el agua y la luz. Concretamente en Navidad escribiste esto: “el verdadero sentido de la Navidad que une a todas las familias reside en la naturaleza… Salgamos a la naturaleza; conectemos con la luz, con el regalo que el solsticio de invierno nos acerca y celebremos el fuego que calienta con el dorado, la sangre de un nuevo nacimiento con el rojo y la frescura de la naturaleza con el verde. ¡Iluminemos el nuevo periodo de luz, sentido y nuevas oportunidades! ‘Los hombres no son islas’ dijo un escritor católico norteamericano. Y antes, mucho antes, Jesucristo enseñó que nuestro destino definitivo es el reino de los cielos para los que se aman unos a otros hasta la muerte. Yo creo que la Navidad es algo más que el solsticio de invierno. Y me encanta el solsticio de invierno. Un saludo cordial.

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