El reportaje es desolador. Casi no deja margen para la esperanza. Es Sudáfrica, la Sudáfrica post-Mandela. El titular es este: “Miles de personas migrantes escapan de Sudáfrica en plena ola xenófoba: si me quedo me atacarán”. Y no, no son, otra vez, blancos contra negros, blancos afrikáners contra negros sudafricanos. Son negros contra negros, con la sola y específica condición de que unos son negros sudafricanos y los otros son negros cuyo origen está en los países limítrofes. Es, mirado así, una forma sangrante de la “prioridad nacional” llevada al extremo.
Las voces que aparecen en este reportaje de The Guardian y publicado recientemente por eldiario.es, son, mayormente, las de las víctimas. Hombres, mujeres que llevan muchas veces decenas de años viviendo en Sudáfrica, trabajando en Sudáfrica, cotizando en Sudáfrica, casados con sudafricanos, pero que, de un día para otro y con la excusa de una crisis económica en el horizonte, un paro creciente, una desigualdad en aumento, notaron que las miradas y el racismo latente de los últimos años pasó en apenas unos días y unas horas de las palabras a los hechos. Pura y sanguinaria prioridad nacional.
Cuando justo estos días el último barón popular, Juan Manuel Moreno Bonilla, el que se había resistido con vehemencia a esa misma “prioridad nacional” versión patrioabascaleña, firmó su vergonzosa claudicación ante Vox e hizo lo mismo de lo que se acusa a Sánchez con inquina y rencor —acordar lo que se dijo que nunca sería acordado— sembró seguramente la simiente de un futuro oscuro. Y no solo para él, que eso sería casi lo de menos. Ya sé, ya sé, que antes lo hicieron en Extremadura María Guardiola, en Aragón Jorge Azcón y en Castilla y León Alfonso Fernández Mañueco, pero Andalucía es otra cosa. Parecía otra cosa. Por extensión y demografía, por historia e imaginario. Lo que pasa en Andalucía, como lo que pasa en Cataluña, acaba marcando el rumbo de todo el país. A veces, el buen camino, otras, abriendo senderos de sangre y rencor sin límites, hogueras de odio difíciles de apaciguar. Eso —la tragedia y la comedia— nos lo ha enseñado la Historia con mayúsculas. Y casi siempre con la sombra y las garras más o menos alargada y/o difusa de esa prioridad nacional detrás de las bambalinas y del escenario.

Leyendo los trágicos hechos de Sudáfrica antes comentados, viendo cómo hombres y mujeres debían abandonar a la carrera sus casas incendiadas, abandonar a sus parejas sudafricanas, irse sin siquiera poder despedirse de sus hijos de mestiza nacionalidad, concebidos con otro hombre u otra mujer de nacionalidad sudafricana, uno no podía dejar de pensar en si todo esto de la “prioridad nacional” patria de ahora puede ser esto mismo. O parecido. Si puede ser el huevo que esconda la misma serpiente. Negros contra negros. Blancos contra blancos. ¡Qué más da! O, ya puestos, catalanes contra andaluces. Vascos contra murcianos… Sólo es cuestión de que alguien en algún momento preciso levante en el paisaje y territorio que nos acoge a todos una valla divisiva, una bandera con la que golpear al otro, una lengua que impida entenderse, una religión verdadera, que alguien encienda la mecha de culpabilizar al otro, a la otra, de cualquier malestar.
Hay puertas que no tienen colores, que no son la Puerta de Alcalá que cantara Ana Belén. Puertas que quizás es mejor no tocar. Ni entreabrir siquiera. Puertas negras. Puertas que, una vez abiertas, ya son imposibles de cerrar. Y sí, alguien podrá decir que España no es Sudáfrica. ¿Quién podía pensar que la Sudáfrica del apartheid, la de los 27 años de cárcel al premio Nobel Nelson Mandela antes de su liberación y su presidencia, que aquella Sudáfrica iba a acabar siendo lo que en este reportaje se muestra? Era, sí, difícil, muy difícil, de imaginar. Por eso da miedo. Por Sudáfrica. También por Andalucía. Por España. Por Europa y sus nuevas y rancias políticas migratorias de señalamiento al inmigrante como origen y causa de todo mal. Lo de menos es ya casi el color de la piel. Da miedo pensar que podamos volver a vivir con miedo entre nosotros. Que, otra vez, podamos ser señalados como extranjeros en nuestra propia tierra por pensar, amar, soñar… diferente. Pura prioridad nacional. Que estemos en la antesala oscura y envilecida de nuevos tiempos negros.













Realmente ha tenido usted que irse muy lejos, a Sudáfrica, para entroncar con Moreno bonilla, que no creo que esté generando una repulsión a los inmigrantes. Señor López, usted, con el debido respeto, me da la impresión que ve molinos de viento donde no los hay, pero claro, todo vale para que los progretas como usted sean el muro contra la ultra derecha. ¿Cuando dejará de leer el diario.es y se dedicará a escribir sobre las putas, coca, chorizadas, joyas y robos de sus amigos los progresistas?