Con cierta frecuencia, leyendo entrevistas en periódicos o viendo las que se hacen en televisión, algunos personajes famosos, incluso sin que se lo pregunten, se manifiestan ateos. En ocasiones lo hacen con aires de jactancia, de superioridad. “Soy —deben pensar— tan inteligente que me permito no creer en lo que cree la inmensa mayoría de la humanidad”. Algunos y algunas hasta muestran lástima por los creyentes, seres inferiores que necesitan de Dios, de la Virgen y de los santos para vivir. Son pocos y escasamente formados; no tienen más méritos, generalmente, que haber logrado un tanto así de fama.
Existe otro grupo, acaso más numeroso, el de los agnósticos, con una “actitud filosófica —dice el Diccionario de María Moliner— que considera inalcanzable para el entendimiento humano todo lo que trasciende la experiencia, particularmente Dios”. Ni creen en Dios ni dejan de creer. No han leído las cinco vías filosóficas ideadas por santo Tomás de Aquino para demostrar la existencia del ser supremo, como ‘motor inmóvil’, ‘causa primera de todo lo causado’, ‘ente origen de todos los seres’, ‘suma perfección en la escala de seres perfectos’ y ‘máximo gobernador del orden que gobierna el universo’. Todos ellos, creo yo, se resumen en esa frase que se atribuye a Albert Einstein, parece que indebidamente: “No hay reloj sin relojero ni mundo sin creador”. Me gustaría que me la atribuyeran a mí. Me parece genial.

Existe documentación que acredita que Einstein no creía en un Dios independientemente del universo, sino un Dios que forma un todo ordenado con ese universo, lo que filosóficamente se denomina panteísmo, el Dios del filósofo Spinoza, Dios identificado con todas las criaturas. Todo es Dios. Pocos científicos siguen las huellas spinozaeinstenianas, una concepción próxima al neoplatonismo. Hay que reconocer que el panteísmo tiene un aroma atractivo. Hacer de todo Dios es casi sublime, pero es tremendamente irracional. Lo lógico es pensar que ‘todo es de Dios’, obra suya, pero no que ‘todo sea Dios’. Yo puedo decir que mis artículos son míos, pero no que mi artículo soy yo, que somos una misma cosa.
Ignoro cuál pueda ser la razón de asentir a la existencia de Dios pero confundiéndola con sus criaturas. Por eso me uno al grupo mayoritario de científicos excepcionales que se confesaron y confiesan cristianos, sean católicos, anglicanos o protestantes, entre los que hay cientos, si bien sólo citaré a los más sobresalientes: Galileo Galilei, astrónomo y físico; Johannes Kepler, el astrónomo que creía que la ciencia descubre el orden universal puesto por Dios; Isaac Newton, físico y matemático, profundamente creyente; Robert Boyle, químico y predicador laico; Michael Faraday, físico descubridor de la inducción electromagnética; Louis Pasteur, microbiólogo y químico; Gregor Mendel, fraile agustino, padre de la genética; James Clerk Maxwell, físico que formuló la teoría electromagnética; Blaise Pascal, matemático y físico; Lord Kelvin, físico defensor del diseño inteligente de la naturaleza; Nicolaus Steno, obispo, considerado el padre de la geología; Lazzaro Spallanzani, sacerdote pionero en biología; Erwin Schrödinger, físico cuántico; Georges Lemaitre, promotor de la Teoría del Big Bang.
Entre los modernos y contemporáneos, casi todos aún vivos, hay que citar a Francis Collins, exdirector del Proyecto Genoma Humano; John Lennox, matemático y filósofo de la ciencia; William Phillips, Premio Nobel de Física; John Polkingorne, físico cuántico y teólogo; Simon Convay Morris, paleontólogo; Ghillean Prance, botánico; Donald Knuth, científico de la computación; Mario Molina, químico, Premio Nobel; Robert T. Bakker, paleontólogo; Kenneth R. Miller, biólogo. Leo, además, en Internet, que la inmensa mayoría de los Premio Nobel de Física del siglo XX eran creyentes. Son innumerables los científicos que ven su trabajo como una forma de estudiar la obra de Dios. Estos cristianos no sólo no ven contradicción o conflictos entre razón y fe, sino una complementariedad entre la ‘revelación general’ (naturaleza) y la ‘revelación especial’ (la Biblia).
Lo woke (tan de moda en las izquierdas falsamente progresistas de nuestros días) es hacer prevalecer el sentimiento sobre la razón. ¿Qué es eso de creer que soy lo que siento? La realidad es la realidad y el ser humano no es creador de la realidad. Podremos moldearla, transformarla, mimarla o dañarla, pero no ‘hacerla’. El wokismo no es sólo contrario a la fe sino a la razón.

No sólo en nuestro país, sino en todo Occidente, llevamos más de dos siglos de guerras y guerrillas antirreligiosas, algunas tan macabras como las protagonizadas por el comunismo y el nazismo, regímenes que tienen a sus espaldas más de cien millones de asesinatos. Un destacado historiador de la ciencia, miembro destacado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Alfonso Carrasco, resume la posición de los ateos frente a la religión en su incapacidad de analizar la religión desde la razón, fundándose en los sentimientos y en una ideologización previa a cualquier razonamiento. El gran científico británico Arthur Stanley Eddington, amigo de Einstein y de Lemaitre, entendía “ciencia y religión como dos campos para llegar a la verdad; la preocupación por la verdad es uno de los ingredientes de la naturaleza espiritual del ser humano… En ciencia y religión, la verdad ilumina al frente como un faro mostrando el camino”. Comentaba, además, que la nueva concepción del universo físico le ponía “en la situación de defender la religión frente a una determinada acusación, la de ser incompatible con la ciencia física”.
La conclusión a la que llego, tras los testimonios de importantes científicos, es la misma que comparto con el historiador de la ciencia, destacado miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Alfonso Carrasco, autor de varios libros, investigador de prestigio internacional: el wokismo nació con fines nobles, pero, como ha sucedido con el feminismo radical, se ha convertido en una extraña doctrina de ideologización del sentimiento, contradictoria y racionalmente frustrante. No buscan ‘la’ verdad; quieren imponer ‘su’ verdad y hay muchos ingenuos incapaces de poner al descubierto sus mentiras envueltas en ‘papel de regalo’. Es la hora de desenmascararlos y ponerlos en su sitio para que no sigan haciendo tanto daño a nuestra sociedad.













Creo en la creación obra de
CREADORA y CREADOR unidos…
Feliz día,
Don Ramón Gómez Carrión
PD: Mujeres y hombres,
madres y padres hechos uno
es el fruto CREADO
🧠✨
La creación divina se manifiesta de diversas maneras y será tan eterna, posiblemente, como el Creador.
Un abrazo.