Una de las definiciones de picotear es dar pequeños mordiscos o toques reiterados y esto es algo parecido al rollo que se lleva la Conselleria de Educación con la huelga de maestros. Las aguas no se sabe si volverán a su cauce, aunque no hay mal que cien años dure, y a los que deciden puede parecerles bien o mal todas las reivindicaciones pero, si no te lo parecen, lo que no es de recibo, y más estando en el ámbito de la educación, es precisamente alardear de que careces de ella. La chulería que está mostrando es realmente indignante en todos los sentidos, ese talante de si no se acepta la subida salarial de 200 euros, no se concede a cambio de suspender la huelga ipso facto, es de pataleta de patio de colegio. Pero es que, si ves que la cosa no va hacia adelante, lo de la carta intentando poner a los padres y madres contra el colectivo de maestros y maestras es de juzgado de guardia y de traición cutre, es como que me enfado y le cuento a mi amigo lo malo que eres y lo bueno que soy yo, no le ajuntes más.
Y ya para rematar la faena se sacan lo de las bajas laborales, que me parece denigrante. Que en invierno hay muchas más bajas que en verano, dando a entender que la peña no quiere trabajar cuando hace frío. Bueno, es tan sencillo como decir que, si las aulas estuvieran preparadas, a lo mejor la peña no se ponía mala, porque en agosto, que no se está prácticamente en el centro escolar, pues es más difícil constiparse, o lo que sea. Eso sin contar que muchos interinos causan baja en junio y también está que si te pasas de 91 días, ya te lo pagas tú, que si le ponemos al 91 un 0 delante, se convierte en 091 que es donde se debería de llamar para denunciar este atropellado vil.
Pero es que, sin entrar en este tinglado, están dando a entender que los médicos, a los que también tienen en pie de guerra por cierto, ponen bajas así, como que el que sale a recoger uvas, que uno va al médico y le dice: “oye, me das una baja, que no me apetece ir a trabajar”. Y claro, el facultativo, con una sonrisa en la boca, te la estampa así, por la jeta, vamos, que dudando de su profesionalidad, normal que todo el mundo esté a la greña.
Pero que está claro que es una huelga sin precedentes y que yo entiendo que aceptar todas las condiciones de golpe es como, bueno, lo hemos estado haciendo todo mal, vamos, como el niño que destroza su habitación y ha de admitir que ha de arreglarlo todo porque es su culpa y lo tiene que hacer de golpe y porrazo. Entiendo que no van a aceptarlo todo porque no es el talante, pero ante el clamor popular… De hecho, las últimas manifestaciones ya no son sólo cosa de profes, sino que se están apuntando padres y madres, que está genial y era necesario. Pues que, ante ese clamor, podían caer del burro y, en lugar de ir chinchando, o te callas, o negocias de buenas maneras todo lo posible, porque no es ya el dinero que el profesorado está invirtiendo en la huelga, es que lo que se pide es de ley y necesario.
Lo más triste que estoy comprobando es que, en este mundo cada vez menos democrático, y ante el recorrido en el tiempo de la huelga, lo que se está consiguiendo es que los profesores y profesoras empiecen a mirarse mal en el sentido de que los que están haciendo huelga recriminan a los que no la hacen su actitud sin entender que, en casi todos los casos, no pueden permitirse perder ese capital y hasta parece que han de excusarse y en voz baja para que no haya líos. Lo que comenzó de una manera se está comenzando a infectar de algún modo. Conozco profesores que han dejado de hablarse por ese motivo, y eran amigos de verdad, con la frase “yo estoy luchando por ti” y cosas por el estilo como “no apareces en ningun selfie de los del cole en la manifestación”. Pero alargar mucho más la situación se antoja como un divorcio a muchos niveles. Veremos en qué queda la cosa.
Hablando de todo lo contrario, nos vamos a las bodas y comuniones que es el tiempo y la época. Yo sobreviví a dos bodas. Y digo sobreviví porque cuando uno no se casa, lo pagas. Que al menos cubra el cubierto, pero no es el cubierto del McDonald´s. No, ese de plástico no es. Y claro, depende el nivel, hasta puedes ver revolotear drones sobre tu cabeza grabándote la calvorota, que hay que temerlos más que los probadores de los centros comerciales con esas luces cenitales que te destrozan la autoestima y te sacan arrugas y grasa que no sabías que existían, bueno, lo sabías pero te hacías el loco, como los de la consellería.
Pero eso, en el fondo, es lo de menos. Lo demás es cómo ha cambiado el panorama. Y fui a una boda religiosa y a otra civil. En ambas no hubo sorpresas y hubo empate. Todos y todas dijeron que sí. Hace unos años, casi todas eran religiosas, se fuera creyente o no. Uno entraba o no a la iglesia y, sin saberse todos los actos que se hacen, pues imitaba. Que todos de pie, tú de pie. Que todos a sentarse, tú a sentarte. Que hay que santiguarse, te santiguas (bueno ahí es opcional), pero estabas desde que comenzaba hasta que terminaba la ceremonia en tu sitio. Por respeto. Ahora no. Ahora la peña entra y sale como si estuviera en un pub. A media misa, que si en magas de camisa, que hablando mientras se sale y se entra. Casi nadie comulgó porque la peña va arreglada para salir en el banco no para tomar el cuerpo de Cristo, que si el cura ofreciera el vino ese sería otro cantar. Y se canta. Y no solamente se canta, sino que se aplaude y se vitorea hasta con silbidos como si estuviéramos en una fiesta. A ver, que estamos en la casa de Dios, que se puede ser creyente o no, pero en la vida había estado en una misa donde se aplaudiera y se silbara a los novios como si no hubieran pitado el penalti. También es verdad que hay algunos curas que tampoco están por como era antes y hay que ser más enrollado y, claro, por mucha amistad que tengas, comenzar diciendo “Yo conocía a Pepito desde pequeño. Era un niño gordito”, quizá no es comenzar con buen pie. Porque a lo mejor al novio no le hace gracia eso de que todo el mundo supiera que tenía sobrepeso en sus años mozos, que es una anécdota graciosa, pues no sé, y aquí no quiero pecar de machismo, pero ese comentario se le hace a la novia y como que no suena igual, o sí. Pero que no es una crítica negativa.
Yo me lo pasé genial porque nunca había estado en una boda así y todo el mundo estaba feliz y contento, que es lo importante. Como suele suceder en las cruzadas, los bancos de la derecha y de la izquierda están perfectamente separados por los familiares de uno y de otro. Bueno, siempre está el despistado de turno que no sabe dónde poner el huevo y acaba al final escuchando más la puerta abrirse o cerrarse que otra cosa. Pero que la separación es clara por si hay bronca o para poder criticar los modelos del otro bando. Eso es de ley.
Yo eché de menos el momento paz. Antes se daba con ganas y a toda la fila de delante y detrás. Yo no le di la mano a nadie. Bueno, es que también como casi todo el mundo la tenía ocupada con el móvil, pues eso. Que el cura también leyó algunas cosas desde su móvil. Lo dicho, todo es diferente. A la salida se pudo echar arroz.
Y la civil, pues todo lo contrario. Más larga de lo habitual. Duró casi 9 minutos. Hace tres años estuve en otra que duró 2 minutos 26 segundos. Llevaba audífonos y casi no escuchaba al juez que leía la ley en tono monocorde. Esa era como estar en un autobús y sin pausa porque después viene otra. En la calle pues varios novios y novias esperando que les llamen en un decorado que hacía tiempo era en los jardines traseros de los Juzgados y ahora es en mitad de la calle con los furgones de la Policía Nacional enfrente, las vallas del jardín todavía en obras y ya lo estaban hacía tres años y no se puede tirar arroz en esa acera, con lo que cruzas de acera y echas el arroz mientras pasa la peña y tratas de que no le caiga arroz a nadie que no sea, no vaya a ser que se cabreen y llamen a los nacionales que están a tiro de piedra. En estas, las novias no suelen llevar manto, más que nada para no arrastrarlo por la acera llena de bares. No nos pilló ninguna manifestación de milagro porque el Registro Civil está pegado a la Conselleria de Educación. Al menos les habríamos dicho que se unieran para que hubiera más fiesta.
Luego, eso sí, a comer a sitios donde la calidad siempre es buena. Recuerden lo del cubierto y ahí sí que no puedo decir mucho porque con todas mis intolerancias, solomillo y algo de jamón, pero que sí, que la peña en ambas comía y reía con mucho gusto y felicidad que es de lo que se trata. Por cierto, que ahora en esos sitios, en los baños ya hay desodorantes, geles, compresas y cremas por si es menester. Falta la caja de preservativos y ya está todo hecho.

A ninguno de los dos locales se podía acudir con mascota. Sólo si eran lazarillos. Y aquí, con el asunto de los perros tengo que entrar. Puede que los perros no sean maleducados, muchos y muchas dueñas sí. Paseaba por la zona de Fontana, en la Playa de San Juan, y un hombre mayor también lo hacía frente a mí. El hombre se movía lento, a su ritmo, no hay prisa, es un paseo y, en ese momento, dos chicas con cinco perros le alcanzaron. Uno iba suelto, por la calle, mal. Los otros cuatro iban como tres metros delante de las chicas que iban de charreta. Los perros se metieron por en medio de las piernas del hombre que no cayó al suelo de milagro. El hombre se giró y les dijo: “¡Queréis pasar de una vez!”; no lo dijo enfadado, lo dijo agobiado porque entre las cuerdas y los perros y el perro suelto olisqueando su mano estaba a punto de caer. Una de las mujeres soltó airosa y con malos modos: “¡Mejor no le respondo!”. Y siguieron su camino sin pedir disculpas ni nada. Pues muy mal. Puedo entender que ames a los perros, pero hay gente que no le gustan, y menos que les olisqueen y menos que cuatro se le metan por entre las piernas haciendo tambalear. El hombre no les dijo nada del perro que iba suelto, tan sólo aludió a que no podía andar por la acera y de frente le venía un patinete. Pues eso, luego seguro que son las que van a comer a algún sitio, invitan a su perro a cerveza para perro con sabor a pollo (existen) y ponen el grito en el cielo si los hijos de algún comensal corren sueltos y se les meten por debajo de las mesas, que también los hay, y tampoco tienen disculpa. Aunque desde que vi a un niño de “cole de etiqueta” chupando la acera de las puertas de El Corte Inglés mientras su madre de buena cuna y mejor peluquería hablaba por el móvil y el chaval arrastraba su lengua por el suelo, ya me vale todo. Supongo que no le dirá nada para no traumatizarle.

Y lo del busto en la Almadraba, eso sí que es una buena noticia. Al parecer, esa cabeza representa a la diosa Venus y podría ser de los siglo I y II d.C de la época romana. La encontraron mientras realizaban unas obras de regeneración, no sé, a lo mejor obras deantes de peatonalizar. Pero que Barcala sigue desaparecido mientras el Peret de toda la vida va a volver a abrirse y va a llamarse Nou Peret. Lo veo lógico, era muy arriesgado cambiar el nombre del todo, pero lo principal es que mantenga o supere el éxito que tuvo entonces. Felicidades ya sólo por abrirlo.
La tontunada de la semana, un señor se tira de cabeza a la Fontana de Trevi, no sé, quizá iba borracho. Pero los que al parecer sí que van borrachos son los ciervos franceses y que hay una zona en concreto por la que distintos animales ebrios deambulan por las carreteras y que la Policía avisa a los conductores. Pues no sé, que los detengan y les hagan la prueba de alcoholemia. Si ya los perros beben cerveza, será lo siguiente.
Es lo que hay.
Canción, Somos novios, Armando Manzanero.
Libro, Libro de huelgas, revueltas y revoluciones, VV.AA., Constantino Bertolo editor).
En fin, que ustedes lo lean, lo pasen y lo paseen bien.














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