Negar la violencia machista es una necedad. Negar la discriminación de siglos de la mujer es una imbecilidad. Acabar con la violencia y la discriminación no es derechas ni de izquierdas, es de sentido común. Pedir un pacto de no agresión entre mujeres y hombres me parece sensato, un medio para terminar con la guerra declarada de las mujeres (de izquierdas, sobre todo) contra los hombres en general siendo así que sólo una minoría de ‘machos’ son los malvados que agreden a las féminas y, a veces, son tan monstruos que matan a los hijos para vengarse de las madres. Monstruosidad, sí. Sin paliativos y digna de cadena perpetua. Si yo no fuera cristiano pediría la pena de muerte, pero lo soy y rezo por un arrepentimiento sincero antes de su muerte.
La mujer, para mí, lo más grande de la creación. Cuando el libro bíblico del Génesis narra la creación del universo y de cuanto habita la Tierra, tras completar su obra con el hombre, Dios advirtió que se había olvidado de lo más fabuloso: la mujer. Eva. Que sí, que fue la que comió la fruta prohibida, la que cometió el pecado original, pero también la que, tras hijas de sus hijas y de más hijas, vino a ser la madre lejana de la Virgen María, la nueva Eva, madre de Jesucristo, la que hizo a Dios hombre y fue imprescindible para que el crucificado borrara el pecado original y siga borrando todos los pecados del mundo.
Hace poco que hemos celebrado el Día de la Madre. Cada vez hay menos madres y cada día hay más madres solteras. Decían por la radio y por la tele, con motivo de la afluencia de mujeres al concierto ‘bimillonario’ de Shakira en la Copacabana brasileña, que en Brasil hay veinte millones de madres solteras. La llamada ‘cultura woke’ (ahora se llama ‘cultura’ a un montón de cosas que nada tienen de cultura y mucho de incultura), que se inició con lógicas reivindicaciones contra la desigualdad y el racismo, se ha ido transformando hasta convertirla —sobre todo por las mujeres de la izquierda política— en arma de enfrentamiento radical y hasta de odio subliminar contra los hombres. Tras el infame muro que el sanchismo ha levantado contra el centro derecha, la derecha y la extrema derecha, ha venido otro muro casi peor, el que las mujeres sanchistas y adyacentes, están levantado, siniestramente, contra los hombres. Deberían meditar, humildemente, en la lista de machistas izquierdistas que han traicionado aquella frase de José Luis Ábalos, “soy feminista porque soy socialista”.
El verdadero feminismo no es izquierdas ni de derechas, sino de bien nacidos y bien educados; de gente con principios; de gente que cree en la ley natural; de mujeres y hombres que creen en la igualdad de todos los seres humanos y en la solidaridad entre personas y en la complementariedad entre mujeres y hombres, nunca en la confrontación. La llamada cultura woke, que nació y se desarrolló correctamente en la lucha por la igualdad en dignidad de mujeres y hombres, allá por lo años 30 del siglo pasado en Estados Unidos, ha ido evolucionando perniciosamente con la que llamaría ‘condena a muerte’ del varón y la guerra contra el matrimonio tradicional entre hombre y mujer como fundamento de la familia.
Si nos hubieran dicho, hace dos o tres décadas, que el Gobierno de turno pretendía aprobar un proyecto de ley con 16 modelos de familia, nos hubiéramos echado las manos a la cabeza. Pues ya lo tenemos ahí y nadie se escandaliza de tanta manipulación ideológica. Como nadie, o casi nadie, se escandaliza de que, mientas se protegen los huevos de águila con multa de hasta 15.000 euros y dos años de cárcel, se mata impunemente a fetos humanos en el vientre de sus madres, hasta cien mil en España cada año. Una escritora, jurista y profesora de universidad, María Calvo Charro, tiene un libro sobre ‘el orgullo de ser madre’. Otro profundiza en el respeto y el reconocimiento social de la femineidad y de la masculinidad: “las mujeres deben realizarse profesionalmente y los hombres complementarse en la crianza y educación de los hijos y en las labores del hogar”.
La autora defiende el matrimonio tradicional con un renovado concepto de la maternidad y de la paternidad. “El movimiento woke se ha vuelto un movimiento inquisitorial que trivializa causas e, irónicamente, promueve la exclusión, la desigualdad y el racismo por medio de sus actos… ¿Pueden las madres prescindir de los hombres en la crianza de sus hijos? ¿Qué futuro les espera a las nuevas generaciones de huérfanos de padres vivos? … “Asistimos, así, a una regresión postpatriarcal que ha experimentado todo Occidente y pone en peligro nuestra civilización”. Los hombres no son prescindibles, “padres que ansían disfrutar de su función en plenitud no según modelos obsoletos, sino adaptados a las nuevas exigencias sociales”, con esperanzados derroteros hacia un pacto entre mujeres y hombres ‘nuevos’. Divididos, mujeres y hombres estamos abocados a la derrota. Unidos, caminaremos hacia la victoria.













Hombres amorosos y sensatos los hubo siempre igual que mujeres amorosas. Mujeres y hombres, madres y padres, siempre unidos creando humanidad en el amor…
Feliz semana,
con administración,
Don Ramón Gómez Carrión
Pedro
Feliz Semana.