Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Entrevistas

Alba Esteve: “Cocinar es mi vida y mi familia el principal ingrediente”

Alba Esteve.

Con menos de 40 años, una hija y un bebé en camino, esta restauradora se instaló en Alicante, volviendo a su tierra natal, habiendo tocado el techo del reconocimiento en Italia, donde ejerció desde joven durante quince años, fue Premio Mejor Carbonara de la Guía Gastronómica varios años desde 2013 y ganó el EmergenteChef en el prestigioso concurso de la plataforma Witaly para cocineros por debajo de los 30 años. Tras la pandemia, en 2021, fue nominada Chef Emergente en Madrid Fusión y una vez abierto su pequeño pero coqueto Restaurante Alba en Virgen del Socorro, recibió la Recomendación en la Guía Michelín y mantiene desde hacer dos años el Big Gourmand.

Alba Esteve.— Para mí la comida ha ido siempre estrechamente ligada a la celebración, a los encuentros familiares, a la excusa alrededor de la que generar veladas distendidas. De pequeña nos reuníamos en casa de mi abuela, ya que ella era una excelente cocinera, y a mí me encantaba ayudarla. Ahí descubrí el placer de cocinar, de jugar con los sabores y con los ingredientes. Así que cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, contestaba infaliblemente que cocinera. Mis padres, muy conscientes de las exigencias de la hostelería y aprovechando que debajo de casa había un restaurante, mediaron para que empezara allí a hacer mis pinitos y confirmara que era verdaderamente lo que quería hacer.

A.E.— Tras los estudios escolares comencé mi formación en el Complejo Educativo de Cheste, en su Escuela de Hostelería, mientras continuaba trabajando los fines de semana y el verano en restauración, porque en mi casa no se contempla lo de estar sin hacer nada (risas). Y, como sabía que debía formarme en todos los aspectos, trabajé un año en Torreblanca para aprender sobre repostería y, gracias a su fundador, Paco Torreblanca, conseguí, tras un año con él y por su recomendación, entrar a formar parte del equipo del celler de Can Roca, primero en prácticas y luego dentro del cuerpo de partida. Y, tras un año allí, me fui a trabajar a un restaurante en Pescara, una ciudad italiana de la región de los Abruzos, al norte del país.

A.E.— Eso fue ya en Roma, adonde fui pensando irme luego a París para seguir con mi formación práctica, pero, efectivamente, allí conocí al que ahora es mi marido, Michel Vergari Magoni, y ya me quedé y eso que fue muy duro. No encontraba mi sitio, trabajaba muchas horas y mal pagadas… Hasta que junto a otros socios creamos Marzapane, un local situado entre el Vaticano y la Plaza de la República donde por fin pude hacer lo que quería, nos iba fenomenal, recibimos mucho reconocimiento, tanto del público como de la crítica… El Premio a la Mejor Carbonara, el Chef Emergente… Nos encargábamos de la restauración del Teatro de la Ópera. Fueron mis mejores años profesionales. Cuando se rompió la sociedad me sentí muy derrotada.

Esteve con su marido, el jefe de sala Michel Magoni (Fuente: restaurante Alba).

A.E. — Encontré trabajo en otro local, el más bonito que he visto en mi vida, donde trabajé otra vez con Michel, con la mala pata de que vino la pandemia. Tuvimos que cerrar. Procuramos salir adelante con pedidos a domicilio… No remontamos, se abría y se volvía a cerrar. Incluso recuerdo en Navidades que caíamos toda la plantilla por Covid y tuvimos que cerrar otra vez.

A.E.— En realidad vinimos a descansar, aprovechamos el Covid para estar con mi familia… Y empecé con el run run de volver a mi casa, de crear mi propia familia para lo que necesitaba el en nuestros seres queridos para la conciliación y la crianza. Sin darme cuenta, estaba mirando locales en Alicante hasta que dimos con este en el que hemos puesto muchísima ilusión y en el que nos han apoyado tanto mis padres, mi hermano, la familia de Michel que siempre nos respalda y es un gran sostén, nuestros amigos… Es el resultado de una ilusión conjunta de todos. De hecho, el primer mes cuando abrimos, no había día que no viniera alguien desde Banyeres a celebrar la apertura.

A.E.— Trabajamos con alimentos 100 % mediterráneos, productos de cercanía y el menú tiene un 50 % de platos italianos y 50 % alicantinos. Y, por supuesto, en todo subyace la inspiración de los recuerdos familiares, de los platos caseros, de platos de aquí y más concretamente de Banyeres, de donde soy y crecí.

A.E.— Aquí tenemos otro tipo de aspiraciones. Tengo una hija y estoy esperando un hijo, la restauración sigue siendo mi vida, pero a día de hoy trato de compatibilizarlo con la crianza. Que al segundo año de abrir ya estuviéramos en la Guía Repsol y en la Guía Michelín no deja de ser una confirmación de que lo hacemos bien y ya hemos repetido la Recomendación y el Big Gourmand que se da a quienes, como nosotros, ofrecemos una excelente relación calidad precio.

A.E.— Y de trabajar juntos Michel y yo, también se nota. A lo mejor no vamos los dos al festival de la pequeña, pero uno de nosotros seguro. Hemos visto que no se cae el mundo por cerrar los domingos y el equipo también lo agradece. La hostelería es un sector muy esclavo, mis padres siempre me lo decían cuando yo declaraba tan rotundamente que quería dedicarme a esto: “tus amigos estarán de fiesta y tu trabajando”. Pero la familia no solo somos Michel y yo, tenemos mucho apoyo desde Banyeres y nos sentimos orgullosos de haber encontrado cierto equilibrio (nunca se tiene todo atado, toda pareja con hijos pequeños lo sabe) entre lo profesional y lo familiar. Eso sí que es un premio para nosotros.

Alba Esteve cocinando.

A.E.— Sí, ocurrió cuando el diario digital entregó en 2025 sus primeros galardones “Historias con Delantal” coincidiendo con el nombramiento de la ciudad de Alicante como la Capital Española de la Gastronomía. Todo suma, todo viene bien para atraer clientes pero, sobre todo, nos da ese empujón de confianza de que gusta lo que preparamos con tanta dedicación y destacamos entre tanta oferta como hay.

Marisa Ayesta

Periodista y escritora.

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