No hace falta ser un genio para defender la amistosa y generosa coexistencia de lo público y lo privado en un Estado de Derecho como es nuestra monarquía parlamentaria. El artículo 38 dice: “Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado. Los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad de acuerdo con las exigencias de la economía general y, en su caso, de la planificación”. Es evidente, pues, que, además de las empresas y servicios públicos hay que respetar el pleno derecho de los empresarios y autónomos a crear empresas y servicios privados. El texto constitucional dice más: “los poderes públicos tienen que garantizar y proteger” a pequeños y grandes empresarios en el marco de la economía de mercado.
Por supuesto que tiene que haber una redistribución de la renta. Lo señala también las Constitución. Pero el Gobierno no puede o, mejor, no debe maltratar a los emprendedores, sean grandes o pequeños y parece obvio que los impuestos y otras medidas fiscales o laborales nunca deben tener consecuencias asfixiantes, sino que se debería actuar sobre los beneficios, A mayores beneficios más exigencia de contribución a la financiación del Estado. El Gobierno tiene que pactar, llegar a acuerdos, para llenar sus arcas con la justa y necesaria participación en los beneficios.
Creemos riqueza material y espiritual. Creemos en libertad. Creemos aprovechando al máximo las cualidades de todos los españoles, nacidos y nacionalizados. Dentro de un orden, claro, como acaba de decir el papa León XIV en su peregrinación africana. Que dice que no todos los africanos tienen que invadir Europa; que no tiene que venir toda África a Europa, sino que Europa y los países desarrollados de todo el mundo tienen que ir a invertir a África, a ayudarles a salir de las guerras, del hambre y de las miserias del subdesarrollo; ayudarles a explotar las riquezas que hay ocultas y pueden y deben salvar a un continente lleno de oportunidades.
Es una hermosa tarea la de los gobernantes, la de los políticos verdaderamente comprometidos con lo que dice la Constitución. Léanla. Es una hermosa lección. Hay belleza en su texto. Dice que los partidos tienen que respetarse y que todos los partidos tienen que aceptar la unidad de la nación española; que hay nacionalidades y regiones, pero no dice nada de trabajar para que Cataluña y España sean dos países cada vez mejores. Sólo habla de un país, de una nación, como Casanova, aquel gran catalán y español, que en 1714, al rendirse a las tropas de Felipe V, lamentaba que no hubieran triunfado los que desde Cataluña, Aragón y Valencia querían que un Austria (y no un Borbón) reinara sobre Cataluña y el resto de España. España y Cataluña nunca estuvieron al mismo nivel, como anticonstitucionalmente las pone Pedro Sánchez, el que grita y grita, con razón y con ansia de votos, contra los adversarios que proclaman la ‘prioridad nacional’, posición xenófoba y “patada a la a la Constitución”. Pero él, hablando de Cataluña y España como dos países que hay que hacer cada día mejores, no da una patada, da una coz caballuna, a esa Constitución de la que la que presume y a la que tantas veces ha despreciado y aún desprecia.
La política puede y debe ser un arte noble, incluso bello, pero llevamos muchos años con abundancia de políticos-grafiteros ensuciando las paredes nobles del Congreso de los Diputados con palabras llenas de odio tanto más repugnantes cuanto muy contagiosas. Miserables vendedores de humo y de odio nos están haciendo aborrecer la política, con un Pedro Sánchez levantando muros berlinescos entre españoles mientras predica ‘no a la guerra’ en Irán, Gaza y Líbano. Nada de arte, ni belleza, sino pura cutrez, de la que se avergonzarán todos los que elaboraron la Constitución de 1978, como Miquel Roca i Junyent y Miguel Rodríguez y Herrero de Miñón, aún vivos, y los que no están entre nosotros, Gabriel Cisneros, Jordi Solé Turá, Manuel Fraga Iribarne, Gregorio Peces-Barba y José Pedro Pérez-Llorca.
No me gustan ni los gobernantes sanchistas ni la oposición feijoosiana, pero la misión de los periodistas independientes, escritores y ciudadanos todos es criticar a los gobernantes, que son los que tienen la sartén por el mango, los que deciden, los que tienen el poder. Se agarran los sanchistas a ‘lo público’ como su única tabla de salvación y lo hacen mintiendo como bellacos, ignorando que lo público y lo privado son constitucionalmente complementarios. El problema de la vivienda se ha agravado en los ocho años que llevan (des)gobernando Pedro, Yolanda, Bolaños y demás ministros; la Sanidad se ha deteriorado hasta el desastre y la Educación es un caos. Si hubiera un Gobierno del PP, los sindicatos habrían colapsado las calles de todas las capitales de España con sus manifestaciones (y justamente), pero el sanchismo colma de privilegios y, presuntamente, de dinero a UGT y CCOO, cuyos líderes han besado reiteradamente a la ministra Yolanda Díaz, una ministra de Trabajo enemiga declarada de la patronal.
Escuchar a Pedro Sánchez, presidente de ‘todos’ los españoles, hablando pestes de los empresarios es de tal inmoralidad que se echa de menos a Felipe González cuando, siendo presidente de ‘todos’, deseaba que a las empresas les fuera bien porque eso era bueno para el empresario, para los trabajadores y para todo el país. No sólo se ataca a los grandes empresarios (incluso dando nombres) desde el Gobierno. También se ataca a los más pequeños, a los autónomos que acaban de manifestarse por toda España gritando a los sordos del Ejecutivo que no les ahoguen más y más, ahora con la subida de las cuotas.
Ya está bien de mentir un día sí y otro también. Ya está bien de cambiar de opinión sin parar hasta merecer que Felipe González le llame ‘necio’, así, con sus cinco letras grabadas en oro de 18 quilates, que dicen es el preferido por los joyeros. Menuda joya está hecho nuestro presidente, no ganador electo, comprador de votos vendiendo a España; traidor a su partido y blanqueando a los terroristas asesinos de compañeros que gritan ‘Judas’ a él y a Patxi López desde el más allá. Que no quieran engañarnos diciendo que buscan la paz. No hay paz sin justicia. Este Gobierno ha hecho de la mentira su dogma y la camufla acusando de mentir a los demás. La mentira no es bella.
Cito a un escritor, Juan Abreu, que acaba de alumbrar un artículo sobre el triunfo de la mentira en todas las formaciones políticas: “Hace mucho tiempo que los políticos españoles no se deben a la verdad y al respeto a las necesidades de los votantes. La mentira, la cobertura de grupo y el pago mediante cargos dentro del partido o en la miríada de empresas públicas en las que se coloca a las viejas glorias y a los muy corruptos, estúpidos o díscolos a cambio de silencio y de ‘fidelidad’. Todos mienten. El motor fundamental del mundo político español es la mentira”.
El padre de la mentira, el diablo, no es hermoso, sino repugnante. No hay belleza en la política de este Gobierno y tampoco en el nuevo PSOE sanchista que se ha marxistizado dando la espalda a la socialdemocracia que era esencia del partido y garantía de la alternancia constitucional. Gobiernan sin el Parlamento (ataque despectivo al Poder Legislativo) y arremeten contra los jueces (ataque al Poder Judicial). Puede que Pedro sea guapo, incluso bello, pero su política me parece fea, incluso deforme. Lo digo ‘sin acritud’, como lo diría Alfonso Guerra, y deseando que cambie para incluso votarlo. Verán que soy más ‘inclusivo’ que la ministra de Inclusión y portavoz del Gobierno, Elma Saiz.













Políticos grafiteros, magistral metáfora rigurosa…
y le añado mesnada de políticas aduladoras y servirles (Qué decepción de mujeres esclavizadas; esperanza mutilada)…
Un abrazo
Pedro
Un abrazo.