A sus 80 años, el conocido como ‘El Inclusero’ (Albacete, 1946) vuelve a brillar en cartel y el próximo domingo, 10 de mayo, realizará una exhibición en la Plaza de Toros de Alicante, a las 18 horas, junto a sus amigos y colegas ‘Frascuelo’, Sánchez Puerto y Juan Antonio Esplá, en un tentadero público con motivo del 60.º Aniversario de su alternativa. Su ilusión para esa tarde es brindar la faena a sus nietos.

Según él mismo asegura, forman un cartel de maestros del gran toreo, “cuatro de los mejores toreros de España. Que no figuras, porque no es lo mismo”. Y aclara: “Figuras las hay a docenas; toreros, sin embargo, los cuentas con los dedos de una mano”. Y explica: “Mi ruina fue la espada. Si llego a matar bien a los toros, me hubiera convertido en una figura. Yo soy torero de pureza y verdad, esa ha sido mi dedicación y mi vida. En plazas de Madrid, Benidorm, Alicante, Valencia, Colmenar Viejo… me gané el cariño y el respeto de los aficionados que, en esa época, sabían ‘tela’ del arte del toreo, así como la crítica; los contratos se lograban delante de los toros”.

Además de este homenaje por la conmemoración de los 60 años de su confirmación de alternativa, que tuvo lugar el 18 de mayo de 1966, el próximo 16 de mayo, en plena Feria de San Isidro, se presenta a las once de la mañana, en la sala Antonio Bienvenida de la Plaza Monumental de Las Ventas de Madrid, el sello de Correos que también celebra este acontecimiento que marcó su historia.

Sello diseñado por José Miguel Esteban, presidente de la Sociedad Filatélica Alicantina, que lo presentará junto al crítico y escritor taurino Antolín Castro.
Tébar se define como un loco muy cuerdo y su locura han sido los toros. Vino a vivir a Alicante con con tres años y ya de adolescente se asomó al mundo del toreo, yendo con su hermano Antonio de capeas, “de paquete” en el cuadro de la bicicleta, “mientras ganaba unos duros como vendedor en un puesto del antiguo Mercado Central y repartiendo huevos por el barrio”.
En 1962, como le sucedía a todo espontáneo, se pasó una noche en comisaría tras colarse en el ruedo durante una corrida, con la muleta envuelta en la cintura y el estoque en el pantalón. Asegura que mereció la pena, pues le valió para conocer a Pepe Manzanares (padre y abuelo de los toreros alicantinos), al que él identifica como “mi padre, mi alma, mi líder” y que, por aquella época, era todavía obrero en el Puerto de Alicante mientras ejercía de banderillero.
“Nos fuimos juntos a Madrid, colados en un camión de plátanos, directos a la Plaza de Santa Ana, a la Cervecería Alemana que era la oficina informal de los Dominguín”, recuerda Tébar. Todavía hoy el local es un lugar emblemático en el que resuena el romance entre Ava Gardner y José Luis Dominguín o las visitas del escritor y periodista Hemingway. “Y allí fuimos a conseguir arrancar un contrato a Pepe y Domingo. “El Inclusero es un fuera de serie”, les dijo Manzanares de mí; y no se equivocó. Me di a conocer en toda España”, e insiste en ensalzar la figura del que fue su mentor. “Contigo he disfrutado más que con mi hijo”, confesó en varias ocasiones Manzanares a Gregorio. “Y es lógico”, explica ‘El Inclusero’, “pues con un hijo sufres y conmigo no padeció”.

Gregorio Tébar coincide en la sede de la APPA con el secretario de la Junta de la asociación, Mariano Soriano, quien a medida que la entrevista avanza, de repente recuerda: “¡Anda, pero si yo te hice una entrevista para el diario Información en los años 70! Te fui a entrevistar al polideportivo”, le cuenta haciendo memoria. “Estaría haciendo frontón”, le responde Tébar. Y explica que era la mejor forma de entrenar, jugar al frontón, y asegura que “ahora estoy en plena forma para torear. Estoy dispuesto a torear festivales y tentaderos allá donde sea”.

Aquella alternativa le abrió las puertas a su sueño y puede decir que lleva a sus espaldas cien corridas solo en la Comunidad de Madrid. En el año 86 volvió a Alicante, que considera su ciudad natal, donde se despidió en 2006 pero, como él asegura, “nunca me corté la coleta”. El próximo 10 de mayo podremos comprobarlo con nuestros propios ojos en el tentadero abierto al público. ¡No se lo pierdan ni a él ni a sus compañeros de cartel!













¡Olé, olé y olé! Fenomenal. Dime si vas a ir a ver a esos monstruos y me apunto. ¡Qué grande El Inclusero!. Un a brazo.
Allí nos vemos, amigo! Cuento con tu asesoramiento!
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