Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Opinión

Y la ardilla vuelve a contemplar al pez en su jardinera

Fotografía de Jane Rodríguez.

Y así sin más… nadando sin posibilidades y desafiando la gravedad entre tiempo, espacio, fe, Divina Misericordia, infusiones, pan quemado, piedad, refugio, caridad, amparo del alma, profundidad del perdón de la culpa y la pena, y aunque ya superados y sean como carmesí y escarlata, entre el rojo y el naranja, brillante y saturado, de fuerza, pasión, coraje, calor, alegría, fuego, pasión, intensidad, romance, entrega, determinación, fervor, clímax, CONEXIÓN, y esa gracia del arrepentimiento que devuelve el alma al estado en el que estuvo y en el que se siente restaurado… ¡suspira! ¡pez verde ‘emperador’ en su jardinera azul ‘Córcega’! ¿Y el agua?… ¿Y las flores?… ¡suspira!

Conexión silenciosa, que arrasa con todo, que siempre vuelve a brotar cada primavera y vive ¡a tope! ese instante fugaz del tiempo, conexión en ausencia de luz y que brilla más que un diamante, conexión que en la oscuridad sale a flote, fluida, ¿con fluidos?… ¡conexión de conexiones! … ¡conectamos!  ¡sin más ni más! ¡sin ton ni son! ¡!tal para cual! ¡cada tiesto con su arepa! ¡como por arte de magia! ¡vaya casualidad!… Conexión marcada, delimitada, bordeada, sombreada, dibujada, troquelada, pisoteada, embadurnada, asfaltada, empedrada, ahogada, cansada, asfixiada, con armadura… ¡cómo quisiera poder vivir sin aire, vivir sin agua, y nadar en tu flor!

Conexión quedesaparece del mapa porque… deja de ser única y exquisita y auténtica y tristemente se vuelve monótona y descolorida y se siente inútil, desnutrida, vacía y que su tiempo ha pasado, se ve ante el espejo opaca, borrosa, se siente sofocante, incómoda y sobrante, como ‘farol’, piedra en un ¡jimmychoo! en un ¡chocato! que pierde su gracia, valor y encantamiento… Conexión brutalmente costosa y al alcance del bolsillo de muy pocos ¡interés cuánto valés! con exceso de ‘glow up’ despampanante y con la primera llovizna destiñe… Conexión intelectual, comprometida, estable, equitativa, genuina, en reflexión, observación y meditación, que proporciona refugio y calma en intención y en intentar, en buscar y en rebuscar… Conexión que permanece en una fotografía, en un recuerdo, en un instante, en una mirada, en algo, ahí, arriba, en un rincón, abajo, en la calle, en el trabajo, en el hospital, en el autobús, cruzando el semáforo, llorando, sonriendo, muriendo, en la nada y en el todo y en el mapa de la Geografía de la vida…

Una conexión entre pez y pescador, pescador y pez, pez y jardinera, jardinera y pez, movimiento y aire, respiración y baile, descanso y silencio, y ese seguir nadando sin rendirse y ese ¿hace falta ser como pez en el agua para Ser? y esa conexión espiritual, auténtica y nada impuesta, como el grito desde esa montaña rocosa, de un alma con rigidez, exigencia y luto, que ya cumplió su ciclo,  que confía en el descenso y que suelta toda tensión, ¡poco a poco! Que acepta su propio ritmo porque ya no siente peligro, sin testigos y con su prioridad, permitiendo que la gravedad le despierte del drama y le desmaquille la aprobación con color, flores, lentejuelas, escarcha, terciopelo, esplendor y brillo, con la profundidad de un pez en el agua con tonalidades azules y recibiendo todo lo soltado con la suavidad de sus pétalos y un nado seguro, con perspectiva, Hogar, pasión, celebración, y con la frescura de la verbena, al bajar la montaña que brota de la Naturaleza y del equilibrio cerrando sus ojos. Una conexión abierta con esencia ‘nicho’ que le siembre, lista para recibir, que le recupere la propia serenidad y procese el duelo de una manera constructiva y serena, y sea anfitriona de su merecida paz y disfrute ¡a todo trapo! ese santuario creado y esa liberación emocional acompañada de su fortaleza interior…

Fotografía de Jane Rodríguez.

Y es que, respirar le parece un acto mecánico, aparentemente fácil y pasa de puntillas, pero mantenerse vivo le es más complejo y tiene que estar dispuesto y con muchas ganas y entonces encuentra en sus raíces ese hechizo del movimiento del cielo y de las gotas de la  lluvia que lo empapa,  de felicidad y de gozo, con suspiros a ‘petricor’ y entonces se deja envolver por las nubes y su precioso ¡rosicler! y el viento y el aliento para continuar y entonces, empieza a soñar y el aire se calma y el sol, y esa fina capa de ozono, le acaricia y continúa su viaje, y encuentra esos guardianes invisibles y esas rocas como llamas y sigue, ¡sin parar! y la curiosidad le lleva hacia ese aire eléctrico y hacia ese cielo con auroras verdes y violetas y pinta paisajes en el firmamento, y entonces, cuando todo parece estar en calma, de repente, se disuelve ¡como polvo de estrellas! en el infinito…

Conexión sin fronteras a la vista, y se siente algo o mucho de tonto perdido, y entonces pasa de largo de esta ¡única vida! y ¡sólo una! y nada más que ¡una! y ¡sólo una! llena de luz, color, fases, capas, etapas, procesos y cambios y de esa conexión en un turbión y huracán de lucidez, muy dentro de la jardinera con ese encuentro efectivo, imaginado, completo y parcial, … que no siempre suscita felicidad y encantamiento y por tanto, nunca mejor dicho, criterio de lucidez, sin abandonar ni desistir ni retirarse ni mucho menos, ni más ni menos, alejarse de esa bendita y lujuriosa gracia del buen ¡anzuelo! en esa atmósfera de gases con su troposfera, estratosfera, mesosfera, termosfera y exosfera tan fluida, entre océanos, ríos, hielo, vapor, fluidos apetitosos, adictivos y retadores, que empapa casi al completo…  (como esa lluvia y su hermoso sonido que cae a esta hora de la madrugada, sobre su ventana muy azul y a medianoche, junto a su almohada y con su infusión de manzanilla, tila, canela y mandarina y un toque con hibiscos, trozos de manzana en almíbar, ambrosía, delirio, encanto y magia del Mediterráneo, hace un delicioso ¡stop! acelera el teclado del ordenador,  y la melodía de las gotas destellantes de alegría y belleza, es todo un himno de paz, sinfonía de confort y gracia divina… ¡escalofríos de poesía! y placer de sentirse ¡maravillada de la vida! y de lo que ella le ofrece y de esa ¡conexión idílica! que no necesita explicación con la Naturaleza y con su naturaleza, y entonces y así sin más… continúa con apetito, y parece que fue ayer, ¡sí! se tomó unos segundos, dejó la brisa entrar por la ventana y permitió entrar ese recuerdo de conexión primaria y ADN ancestral y uterino, y en donde la etiqueta molesta en ese ¡momentazo! de sanación y evocación –  “eran las tantas de la madrugada y sobre el techo de zinc, tejas y paredes de bahareque, se escuchaba ese himno de ¡Aleluya! y ¡Resurrección! Y salían de la habitación amplia, de paredes muy blancas, muebles de madera, mesitas de noche con lámparas en flor y debajo, una radio, de color roja fresa, de la época, y al fondo, una tele, con control remoto, muy grande, bueno… se pierde en tanto detalle y  con su boca de pez  sonríe con dulzura, ingenuidad, bondad, sencillez, humildad, y tanto y más… iban hacia el cuarto de baño, que en ese entonces, quedaba hacia las afueras del ranchito, como ella le llamaba… atravesaban toda una jungla, herbolario, jardín del Edén, entre plantas ornamentales, árboles frutales, flores exóticas, hierbas aromáticas, verdes y frondosas montañas alrededor… ¡Madre mía!  se cubrían con toallas blancas muy grandes y le esperaba en la puerta del cuarto de baño, y mientras, ella cantaba sin parar, villancicos, letanías, canciones de planchar, y bailaba con el palo de una escoba…) ¡suspira! ¡Ahora! ¡Aquí! ¡Bendito Mediterráneo!

Una conexión entre las gotas de agua fresca, la distancia, el tiempo, el recuerdo, el sentimiento, y tanto y más… ¡más que infinita!, y mira a su izquierda y tiene el cuarto de baño,  y a tres pasos, y al lado la cocina, y a tres pasos más, la alcoba y al lado, la pared que golpea con las teclas de su ordenador blanco la oreja del vecino guapo de al lado, y al lado de la lluvia y tan lejos, tan, tan, lejos y lejos, del AMOR una conexión que permanece en el tiempo y en el espacio sin importar el tiempo y el espacio, con continente y contenido- y más y más adentro, en la corteza, con manto y núcleo de la ¡madre selva, selvática y mía! sólida y líquida en la que hace “Historia” con una “Biosfera” pletórica, estructurada, sólida y gruesa y hasta la corteza, desde cero  y hasta setenta kilómetros con una capa sólida, externa y fina que contiene lo continental y oceánico hasta acariciar su manto  hasta alcanzar los dos mil novecientos kilómetros, con rocas asilicatadas que fluyen lentamente y que van directo a su ‘cora’ y entonces, y de repente ¡apareció! y ‘directo al ¡cora! – zón y  a más de seis mil kilómetros, en donde sintió ese campo magnético, y esa presión y temperatura que ¡enloqueció! y entonces, tocó la litosfera con fragmentos rígidos en placas tectónicas y pañuelitos clínex, terapias, lágrimas que se volvieron charcos y Océanos y tanto y más y desertó y desiertos…

Conexión con estética preciosa y envidiada, con provocativo y antojo por un auténtico explorador del ¡Globo Terráqueo! en toda su dimensión y anchura y su paisajismo acuático, por su estrella que brilla en el fondo azul, tranquilo, sereno, sin sentirse, ¡plato de segunda mesa! ¡a la carta! ¡merienda! ¡menú! Un único pez verde en una exquisita jardinera azul, Peje, Damisela, Rasbora, Hoja, Rama, Pistacho, Menta, Kermit, Fiona, Abeto, Océano, Basil, especial, preferido, tonos verde oscuro y color bosque ¡militar! entre latidos de calma, dulzura y ternura, pez verde ‘Emperador’ en jardinera azul ‘Córcega’ Cupido, Beso, Cariño, Valor, Respeto, Dignidad, Cosmo, Alegría, Honey, Corazón, Ángel, Gominola, AMOR… Una conexión que agarra fuerte sus deseos y los deja llevar con fuegos artificiales, tarta, purpurina, confeti y pasarela del ¡Sí quiero! del triunfo y de la victoria, con sabor a ceremonia, praliné,  algodón de azúcar y luna de miel, con traje y corbata, esmoquin, flus y vestidos, – de tul, encaje y terciopelo, rendidos ante el brillo de las piedras y los bordados con flores cosidas a mano, que parecen susurrar un renacer en su forma más etérea, – línea A, corte princesa y asimétrico, cintura caída, imperio, ajustado y acampanado, estilo trompeta, tubo, de sirena, corsé, columna, largo de té, lencero, onírico y así sin más… la ardilla vuelve a contemplar al pez en su jardinera…

Fotografía de Jane Rodríguez.

Una conexión idílica, que anhela momentos y que parece que nunca comienza y que cuando lo hace, deja a su paso petitgrain, yuzu, pomelo blanco, lima persa, pimiento rosa, jazmín, nardo, almendra, heliotropo, vainilla majestuosa y carismática, y los recuerdos no saben a dónde ir y los pensamientos buscan ser expresados y la frustración aumenta y el corazón pide en una unidad de cuidados intensivos ¡renacer! atravesar nubarrones, disfrutar la ¡salida! ver la luna, la luz y el color, sentir a plenitud los instantes y momentos, celebrar y festejar en ¡grande! lo ¡pequeño! que lo salva todo, que hace comprensible incluso lo que dolió, porque ¡no hay espacio ni tiempo! para lo que no merece la pena, porque la vida ocurre ¡ahora mismo! cuando le lees, le leo, le leemos y porque, el tiempo se vuelve vida cuando le vives y se para dulcemente al disfrutarle de sus sabores gourmet…

Una conexión química desde el primer beso y supe que era fuego lento y que no era cuento y que era sentimiento y que era cierto, rompiendo el miedo en un único intento, dos corazones latiendo al mismo tiempo, y eres café en la mañana, coincidencia, casualidad y ¡encuentro! ¿ecuación de la física? ¿conexión física? con fuerza, velocidad, movimiento, aceleración, cinética, gravitación, energía relativista, diferencia, impulso, esfuerzo de torsión, densidad y carga eléctrica refinado y glamuroso…

Una conexión luminosa que sabe a nube de azúcar, crema batida seductora, bergamota, lavanda, chocolate, madera, rosa, peonía y lichi, en la belleza intensa y clásica, cruda y rompedora, del alma con sensación de algodón en la piel, con notas de flor de azahar, almizcle, aroma limpio y moderno, ámbar, pera, corazón de frambuesa, fresa, mora y arándanos, miel, jengibre confitado y limón.

Una conexión sabia con el esplendor del siglo XVIII y la corte del rey Luis XV, con ingredientes nobles, gran longevidad y proyección notable que acaricie y facilite el alivio del miedo aprendido, del estrés postraumático y de todo aquello que se permite cuando no se sabe cómo amar y entonces se aprende a perdonar y es como ¡el dulce cantar de los pájaros! en el amanecer de cada día de oportunidad, cuando se despierta, y se siente que se posa en la cabeza un precioso petirrojo, y siente cosquillas y se mira al espejo perplejo, y lleva en su pelo, hojas amarillas, verdes y naranjas, morado pálido, rosa pastel, con el frescor de la brisa de la primavera y decide el mayor de los milagros… ¡esa conexión que le hace levantarse cada día para vivir! “Nadie tiene dominio sobre el amor, pero el amor domina todas las cosas” decía Jean de la Fontaine… ¡no se puede competir con la verdad que habita en el corazón!

Fotografía de Jane Rodríguez.

Una conexión Divina y tecnológica que permanece en el tiempo, ya lo escribía Marco Aurelio en su bendito y mágico y sensible y carnal diario, “el alma se tiñe del color de sus pensamientos” y la palabra “Proverbios 16,24” “panal de miel son las palabras amables, endulzan la vida y dan salud al cuerpo” y es que los pensamientos, las palabras y los actos con dulzura y la fortaleza de la Fe son la expresión más fiel en su verdad que ¡todo lo que sucede conviene! Porque la vida es así, es movimiento, es discernimiento, es sabiduría, es construcción de la propia realidad desde adentro hacia afuera, es intención y es causa, es alimento y sentimiento, es acción y riesgo… la ardilla afligida, se acercó al pez en la jardinera: ¡Tú te vales de la pena para enseñarme, de las heridas para poder curarme, y nos matas para que nos vayamos a morir lejos de ti! le dijo San Agustín a Dios hablándole del mal y de la libertad, porque es bonito que la piel y el corazón tiene memoria, que el alma se aquiete y se apague la desesperanza, que el miedo viaje al nunca jamás, que la vida encuentre sentido, y temer al cómo Ser y cómo actuar, la ética del trabajo y la excelencia, el conformismo, la disciplina, la moral, los valores, el intercambio con el otro desde la amistad sin  el sacrificio y la necesidad… frágil, exageradamente vulnerable, fácilmente complaciente, sin coherencia, valientemente malhechor, generosamente libre, coherentemente egoísta, envidioso, egocéntrico, antipático, prepotente, autoritario, mandatario, hiriente, perverso, mentiroso, cochino, marrano, benditamente, amorosamente y perfectamente llamado a quintuplicar el placer “all–in”, dividir el dolor de esa tensión acumulada, cambiar, rectificar, perdonar, solucionar, reiniciar y florecer, -después de lo perdido a causa del pulgón, el saltamontes y la oruga, y después de esos días, en los que aún no se termine de cosechar, ni de sembrar, ni de pisar las uvas, y en los montes y colinas baje manantiales de vino-, escuchar, observar y conectar con esos silencios que se llenan con un beso…

 “juro por mi vida y por el amor que siento que nunca dependeré de nadie ni permitiré que nada dependa de mí” Ayn Rand, la Rebelión de Atlas (inspirado en el juramento de Galt) y así sin más… la ardilla vuelve a contemplar al pez en su jardinera, ¡Oh gloria inmarcesible Oh júbilo inmortal, en surco de dolores, el bien germina ya!

Jane Rodríguez Rodríguez

...Periodista... escritora... presentadora... taller alfabetización mediática APPA... reservista voluntaria... ilusión por entregar libros a niños en Cúcuta y compartir para que escriban sus historias de vida y editarlas en España en el concurso de relatos... Amo las palabras y lo que ellas callan y dicen... y son mi refugio... mi compañía... mi postre preferido... mi tanto y más, junto a mi café y en deliciosos puntos suspensivos...

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