Crónica de una resistencia y el camino hacia la alianza.
Que exista un día en que se reivindiquen los derechos de la mujer y que no lo haya para reivindicar los derechos del hombre ya indica mucho. La conquista de los derechos de la mujer es algo reciente, es un avance lento y dificultoso que ha tenido que salvar muchos escollos. Lo conseguido en el mundo occidental se debe conseguir en todo el orbe. Es una lucha que se ha enfrentado a una estructura social patriarcal. Un sistema que se normalizó a través de milenios con el resultado de la subordinación de la mujer.
Lo primero que surge en el ordenamiento social es el patriarcado. En este contexto, en este orden social, surgen las religiones y las leyes, ambas legitimaron y prolongaron esa estructura y ese poder. Durante esos milenios muchos factores permitieron un pensamiento colectivo y un sistema social que establecía la inferioridad de la mujer con respecto al hombre. Estos factores fueron:
La mitología y las religiones
La tradición y las costumbres a través de los siglos normalizan la exclusión de la mujer en la organización de las sociedades. Asimismo, en las principales religiones monoteístas, la mujer es creada a través del hombre: de una costilla o de un sueño. Esta creencia lleva a situarla en una escala inferior en el universo. La mujer no figuró en las organizaciones sociales de poder, no se encuentran detentando el poder a través de la historia ni desde la formación de las tribus, ni en la constitución de las urbes, salvo excepciones. Tampoco figuran en la jerarquía de la Iglesia Católica, ni en la de las sinagogas judías, ni en la escala de los rangos religiosos del islam.
Ya en la compilación de leyes, del Código de Hammurabi (1750 a. C.), queda legalizada la falta de derechos de la mujer.
La interpretación de lo sagrado y lo biológico han sido herramientas poderosas para justificar la subordinación de la mujer. En cuanto a lo biológico, hasta recientes estudios científicos, se afirmaba una minusvalía biológica de la mujer con respecto al hombre.
Lentamente se intentan anular las raíces legales, ideológicas, religiosas, biológicas, socio culturales… en que se apoyaban estas creencias.
Según el teólogo José Tamayo, el androcentrismo es una constante en las grandes confesiones monoteístas. El islam, el judaísmo y el cristianismo comparten en su origen el mito de que la mujer es creada a partir del hombre, como un ente derivado o menor, consolidando desde los orígenes una organización desigual. Del mismo modo, en el hinduismo y el budismo la situación de la mujer históricamente ha sido vivida como igual de penosa y restrictiva que las monoteístas. Todos conocemos la situación de la mujer en el islam. En India la mujer viuda debía incinerarse con el difunto. Cuando prohibieron esta práctica, la viuda, muy joven debido al matrimonio de niña, es repudiada por la familia del marido, incluso por los hijos, y debe exiliarse a la ciudad de las viudas, donde vive en la pobreza y de la caridad con un óbolo para su manutención. En China, la mujer al casarse “pertenecía” a la familia del marido, debía trabajar para la nueva familia, recibía una dote y perdía cualquier derecho a la herencia. Con la ley del hijo único, se primaba el nacimiento del hijo varón. Si el primer vástago nacía hembra se abandonaba en orfanatos o era asesinada. En la cultura de la mayoría de los países de Latinoamérica el estatus de la mujer era mínimo, por no hablar de México, país que ostenta una de las más alta tasa de feminicidios. Este breve artículo no da para desarrollar extensamente el tema.

Teorías basadas en la antropología evolutiva, en el estudio de las sociedades prehistóricas y en la observación de primates actuales afirmaron que la subordinación de la mujer se debía a que la hembra competía con otras por ser fecundada por el “macho fuerte” para asegurar una descendencia vigorosa y superviviente a las condiciones adversas y esta rivalidad favorecía el fortalecimiento del patriarcado. Ya hablamos de otras teorías en que el poder ejercido por el patriarca viene de observar la relación entre acto sexual y procreación. Según esto, se establecería un control sobre la sexualidad femenina para asegurar que la herencia recayera en el linaje legítimo.
El simbolismo de las venus esteotopigias (representaciones de fertilidad aparecidas en el Paleolítico Superior, aprox. 25 000 años a.C.), estatuillas de mujeres con caderas y pechos prominentes, manifiestan que estas figuras reflejan una visión prehistórica donde el valor de la mujer estaba ligado exclusivamente a su capacidad reproductiva, traduciendo prejuicios biológicos en roles sociales rígidos y excluyentes.
Roles
Históricamente, los roles asignados a las mujeres no fueron elecciones personales de estas. Los roles fueron asumidos para poder supervivir en sociedades que consideraban a la mujer en primer lugar como procreadora. La historia presenta más significativamente dos roles.
- La mujer casada
El matrimonio fue la única vía hacia la “respetabilidad”. La mujer solo encontraba validación como esposa y madre. También podía encontrar un lugar en la unidad familiar como pariente que ayudaba en la crianza y en las labores del hogar, pero no era considerada un ente creador de riqueza.
- La mujer creativa o creadora
Hasta el siglo XX las mujeres creadoras: artistas, escultoras, pintoras, escritoras, científicas… debían esconderse tras seudónimos masculinos o bajo las firmas de sus maridos, o de sus maestros o de los talleres de artistas. No olvidemos que entre 1940 y 1960 las mujeres creativas en cualquier rama eran acusadas de histéricas, neuróticas, enfermas mentales, encerradas en manicomios y sometidas a electrochoques. Interesante la novela Carnicero (2024) de Joyce Carol Oates basada en hechos verídicos sobre el doctor Silas Weir que en el siglo XIX hizo experimentos brutales sin anestesia sobre mujeres desamparadas o vulnerables. Oates investigó en archivos y testimonios que algunas víctimas dejaron por escritos. O cómo ignorar a Sylvia Plath, la escritora y poeta que soportó vejaciones por celos profesionales de su marido Ted Huges, internada varias veces para recibir chorros de agua fría y electrochoques y que finalmente acabó suicidándose en 1963, dejando parte de sus atroces experiencias plasmadas en poemas y en la obra La campana de cristal.

- La mujer sola
Solteras o separadas eran relegadas a la marginalidad. Si eran jóvenes, las mujeres casadas las eliminaban de sus círculos por si enamoraban a maridos ajenos. A la mujer no casada se le denominaba con desprecio “solterona”, por lo que el camino de muchas fue la vida religiosa. Además, la invisibilidad era total para la mujer homosexual; a la que mostraba algún signo se la denominaba “marimacho” por lo que además de someterla a burlas, se la excluía.
Mujeres solas eran también las prostitutas, toleradas con actitud hipócrita como necesarias para cumplir “funciones sociales específicas”. Estas buscaban el amparo de un hombre, el “chulo” que las maltrataba y vivía de sus ganancias.
No podemos olvidar a las “brujas” de épocas anteriores, perseguidas pero también temidas como poseedoras de poderes extraordinarios, pues fueron las primeras conocedoras de los beneficios para la salud de las hierbas y plantas curativas, acusadas por ello de malas artes.
Una lenta conquista
La Revolución Francesa que aparentemente iba a significar una valoración de la mujer, no lo fue pues, por un lado, proclamaba la democracia y la igualdad, pero por otro negaba la ciudadanía a las mujeres. Médicos de la época fundamentaron esta exclusión en la biología, argumentando que la mujer era “débil mental” y necesitaba tutela constante.
Los avances en los derechos de las mujeres se pueden consignar como los siguientes hitos:
- 1848 — Declaración de Séneca Falls: primer grito organizado por el sufragismo y la igualdad de derechos en EE. UU., liderado por Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott.
- 1918-1920 — El Sufragismo en Inglaterra y EE. UU.: Inglaterra aprueba el voto para mujeres mayores de 30 años (1918) y EE. UU. ratifica la 19.ª Enmienda (1920).
- 1932 — La Ley 28 en Colombia: Bajo el gobierno de Enrique Olaya Herrera, se otorga a la mujer la autonomía para administrar sus propios bienes, rompiendo la tutela económica del varón.
- 1975 — Año Internacional de la Mujer: Declarado por la ONU bajo la consigna de Igualdad, Desarrollo y Paz, consolidando la agenda global de género.
- 1995 — Plataforma de Beijing: Establecimiento del plan más progresista a nivel mundial para la defensa de los derechos humanos de las mujeres.
- 2000 — Resolución 1325 de la ONU: Reconocimiento crucial del papel de las mujeres en la paz y la seguridad internacional.
- 2007 — Ley de Igualdad en España: Aprobación de la Ley para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, un paso decisivo hacia la paridad real.
- 2025 — Conmemoración actual: Un punto de inflexión donde la celebración y la protesta convergen para reafirmar el compromiso global con la igualdad.
Actualmente, la mujer ha buscado su individualidad libre del patrón familiar tradicional.
Estos logros legales no consiguen eliminar los casos de malos tratos y asesinatos por aquellos hombres que siguen considerando a la mujer como inferior, como propiedad privada a la que no está obligado a respetar.
Sororidad frente a rivalidad
Sea por unas razones o por otras, por unas teorías u otras, la sociología afirma que existe una rivalidad entre mujeres. Para combatir esta rivalidad ha surgido la práctica de la sororidad. Del latín sor: hermana, es una filosofía, una nueva forma indispensable para hacerse respetar frente al patriarcado. Sobre ella dice Carmen Alborch: “Se trata de reconocerse como “pares y cómplices” que deciden trabajar juntas”.

La rivalidad femenina ha sido analizada desde diversos puntos de vista dando lugar a estas teorías que simplemente expongo para que el lector ejerza su espíritu crítico.
- Falsa conciencia (según Marx): Las mujeres a menudo ven a otras mujeres como la amenaza a su éxito. Frente a esta tesis otros identifican el patriarcado como la raíz del problema.
- Prestigio masculino (según Shpancer): Al considerar el aprecio masculino como la principal fuente de valor, las mujeres se ven obligadas a competir entre sí por ese “premio”.
- Vulnerabilidad emocional (según Gabriel Pineda): A diferencia de los hombres, cuyos vínculos emocionales suelen ser más superficiales y fáciles de recuperar tras una confrontación, las relaciones femeninas son más emotivas y, por tanto, más vulnerables a la decepción.
- Severidad del juicio (Carmen Alborch): Alborch plantea que las mujeres suelen juzgarse entre sí con mucha severidad, mientras que los hombres se juzgan entre ellos de forma más benigna.
- Datos de Kelly Valen (recogidos por Carmen Alborch): Valen publicó un ensayo después de entrevistar a un gran número de mujeres: encontró que el 84 % de las encuestadas dijeron haber sufrido por culpa de otras mujeres, el 88 % habían sentido mezquindad y negatividad.
Así mismo, el 75 % dijeron sentirse heridas por los celos o la rivalidad de una amiga. Según investigó Valen, las formas más habituales de presión entre mujeres son los chismes, la traición, la exclusión, los juicios de valor, las críticas anónimas difundidas por Internet o boca a boca. Cerca de 1000 entrevistadas aceptaron haber padecido depresión por problemas entre ellas.
Es notable que movimientos como el Me Too han generado una solidaridad defensiva ante el abuso masculino, pero falta mucho para que cambie la forma de relacionarse entre ellas.
Bibliografía
Para un estudio más amplio comenzando desde lo más genérico a lo más concreto se puede leer el ensayo: El concepto de igualdad en una democracia avanzada: un estudio de la jurisprudencia del tribunal constitucional, de Joaquín Martín Cubas.
Para conocer el lugar de la mujer durante la dictadura en España y debido a lo breve de este artículo aconsejo leer el ensayo Usos amorosos de la postguerra española, de Carmen Martín Gaite, en 1987 y por la que ganó el premio Anagrama de ensayo.
Este mal estatus de la mujer en España duró más porque la Dictadura se alargó en el tiempo, pero la situación fue general en Europa.













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