De todo el affaire de las VPO del Ayuntamiento de Alicante que estos días recorre los noticiarios nacionales he de confesarles que a uno lo que más le preocupa no es todo ese revuelo que se ha armado, al fin y al cabo es una vuelta a la casilla de salida, lo que a uno le tiene en vilo es el propio alcalde Luis Barcala. ¿Qué va a pasar ahora con su salud emocional, con su amada tranquilidad? Acostumbrado a navegar en la placidez de una travesía sin rumbo, sin sobresaltos, en una cierta inconsistencia de que todo fluye de forma natural, huyendo de los problemas al modo como lo haría un bombero refractario al fuego, un asunto tan chusco como este, que hasta ha obligado al mismo presidente del Consell, al amigo Juanfran, a declarar que le “parece muy grave”, pues qué quieren que les diga. ¡Pobre Luis! Podemos esperarnos lo peor.
Puede que el tema no tenga recorrido judicial. Es lo más probable. Estas cosas suelen hacerse así. Para eso están las leyes y las normas, para que parezcan una cosa y sean otra. Que la investigación abierta en el propio Ayuntamiento por orden del propio alcalde y por la cual algunos de los propios benefactores son parte de quienes realizan las pesquisas, se cierre con aquella típica expresión de que “todo es legal, aunque no parezca ético”. Y ahí está el problema. En el sufijo é-ti-co. Si la política deja de ser est-ética, entonces, ¿qué nos queda? Un Fausto sin alma.
Lo peor ya casi no es que dos hijos y un sobrino de la directora general de Contratación del propio Consistorio, que la concejala de Urbanismo y el hijo de un arquitecto municipal —eso, de momento— se hayan beneficiado directamente de la primera promoción de VPO en la ciudad tras ¡¡veinte años!! Lo peor, casi, es que haya transcurrido todo ese tiempo para que se volviese a construir vivienda protegida. Lo peor no es que parte de los agraciados hayan accedido a esos beneficios mediante información privilegiada, en plan amiguetes, lo peor es que esta primera promoción sea y parezca lo que parece y es: una promoción con tufillo de casas VIP (Very Important Person) para gente con aspiraciones, pero, eso sí, que saben que doscientos mil euros son la mitad de cuatrocientos mil.
Pero a uno, ya les digo, todo eso, que hayan tardado 20 años, que estemos hablando de pisos en una urbanización de lujo en la zona más cara de la ciudad, casas con piscina, jardines, zonas comunes, centro comunitario, pistas de pádel, que los benefactores sean los que descaradamente son, no es lo que más le preocupa. A uno le tiene en vilo el alcalde, su reacción. Con tal de no salir del estado de nirvana en el que vive capaz es, en un arrebato de energía, de cesarse a sí mismo. Y entonces, a ver, si eso sucediera, ¿qué hace Alicante? ¿Cómo salimos de aquí? ¡Con lo felices que éramos viendo a un alcalde que, él sí, vive tan feliz!













Cuando nos veíamos muy a menudo, repasamos un texto con una trama muy parecida de viviendas VPO en mi pueblo -que se publicó- no hace falta que lo recuerdes, la pifia la pagó el “bubo”. La pregunta es ¿Quién paga los 200.000€ que faltan? se supone que ese organismo o entidad sabrá a quién le ha hecho el abono o ¿es la IA?
Saludos y salud.
Me sigo alegrando cuando te leo.