Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Periodismo

El día en que me llamó la reina Letizia

Felicitación institucional de los reyes y las infantas (Fuente: Casa Real).

Durante años, la Casa Real ha funcionado con una lógica no escrita pero asumida por todos: la institución informaba poco pero, cuando lo hacía, dejaba resquicios, espacios grises por los que se colaba la crónica, el contexto, el matiz; ese delicado equilibrio entre lo institucional y lo humano. Y ha funcionado bien… Hasta ahora. Hoy, ese modelo ha saltado por los aires.

Desde la llegada de Marta Carazo a la Dirección de Comunicación de Zarzuela, se ha impuesto una política de cerrojazo informativo que no tiene precedentes en democracia. Un muro alto, frío y opaco, especialmente en todo lo relacionado con la princesa Leonor y la infanta Sofía. El mensaje es claro: silencio absoluto sobre el día a día de las herederas. Y no solo hacia fuera, también hacia dentro.

Ojo, que hablamos de Carazo, pero me cuentan insistentemente fuentes de Zarzuela que es una decisión personal de doña Letizia. Por encima incluso de lo que pueda pensar (no lo sabemos) el rey Felipe VI.

En el caso de la infanta Sofía, el argumento puede resultar comprensible —está inmersa en una etapa de formación académica privada—. Pero lo verdaderamente llamativo es lo que ocurre con la princesa de Asturias, cuya formación castrense forma parte explícita de su preparación como futura jefa del Estado. Sin embargo, nada trasciende de su última etapa militar en la AGA de San Javier. Cero imágenes, cero contexto, cero relato. Un apagón informativo total.

Este cierre no ha pasado inadvertido entre los informadores habituales de la Casa Real, que asistimos con creciente malestar a una relación cada vez más asimétrica. No solo se restringe la información: también se limitan las acreditaciones, se reducen los accesos y se desdibujan espacios tradicionales de trabajo periodístico. El Día de la Hispanidad fue paradigmático: numerosos periodistas tuvieron problemas para acceder a los habituales corrillos en el Palacio Real, un hecho comentado en voz baja —y no tan baja— en la profesión. Cambiaron la política de acreditaciones unos días antes. Algo insólito.

No es una percepción aislada. En hemeroteca quedan ya varios artículos que alertan de esta deriva: una Casa Real cada vez más hermética, más blindada y menos permeable al escrutinio informativo. Una institución que parece haber confundido control con aislamiento y discreción con desconfianza.

En este contexto se produce un episodio que marca un antes y un después. Al menos para mí. Una llamada. La reina Letizia me telefonea una tarde para afearme una información. Dice hacerlo “de compañera a compañero”. La frase, lejos de suavizar el gesto, lo agrava. No es el proceder habitual. No lo ha sido nunca. Y, según comento con otros periodistas, no se trata de un caso aislado: la Reina ha tomado la iniciativa personal de llamar a periodistas cuando una información no le gusta. ¡Fuera el protocolo de la institución! ¿Para qué?

El gesto es revelador. No solo porque rompe con una tradición institucional de intermediación —siempre a través del eficaz y numeroso departamento de Comunicación—, sino porque traslada la presión directamente al informador. No hay matiz, no hay contraste, no hay explicación pública: hay llamada privada. Y eso, en términos de salud periodística, es un terreno extremadamente delicado.

La pregunta ya no es si Zarzuela ha cambiado su política de comunicación. Eso es un hecho. La pregunta es hasta dónde piensa llegar y qué coste institucional tendrá este repliegue. Porque el silencio prolongado no protege: desconecta. Y una Corona que se aísla del relato público corre el riesgo de quedarse sola con su propia versión.

Como suele ocurrir, el problema no es informar poco. El problema es querer controlarlo todo. Y en esa pulsión, la Casa Real parece haber olvidado que la confianza —también la informativa— no se impone: se construye.

David Lozano

Periodista.

1 Comment

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  • Muy interesante. Puede que a la reina Letizia le venga un poco grande la corona. No al Rey.