Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Opinión

Solidaridad empieza con eme

Fotografía: Alex Sky (Fuente: Pixabay).

En enero de 1996 viaje a San Petersburgo; nevaba a ratos, el río Neva estaba helado, hacía tanto frío que los canalones en lugar de desaguar arrojaban una especie de churros de hielo…. La cuestión es que tuve que reforzar mi indumentaria especialmente por donde ya empezaba a clarear el pelamen, así que me dirigí a una especie de centro comercial de la avenida Nevsky, un cortinglés de tercera división, para agenciarme un gorro de cosaco para que no se me helaran las ideas.

Junto a la tienda de cubrir caletres, había una oficina de cambios, y unos cuantos ciudadanos nativos en fila. Llamó mi atención el cartel del cambio de divisas que no informaba, por ejemplo, de cuántos rublos te daban por un dólar, sino de cuántos dólares te daban por 1000 rublos, o cuántos marcos alemanes, o…

La aclaración vino después: los sanpetersburgueses no ahorraban en su propia moneda; en cuanto podían separar el metálico no necesario de lo que habían de gastar de inmediato lo cambiaban a una divisa extranjera, preferentemente la estadounidense o la alemana. Tal confianza en sus dirigentes políticos es comparable a la que tienen algunos ciudadanos en los nuestros. Y una muestra de la confianza de aquellos en su economía.

Días antes de la medio huelga de camioneros, en medio de la invasión rusa a territorio ucraniano, hubo ciudadanos que comenzaron a llenar sus congeladores, acaparar litros de leche y aceite de girasol, entre otros productos, recordando aquellos días de confinamiento por la pandemia donde el papel higiénico y la harina se agotaba en los supermercados, que ahora muestran alguna leja medio vacía por la disminución de los suministros.

Igual que los que nos cobran la gasolina hoy al precio que están comprando el petróleo que llegará dentro de seis meses a los surtidores en lugar del correspondiente al que les costó con anterioridad–, y de forma similar a los que nos cobran la energía eléctrica al precio más caro de la que se genera en origen –en lugar de una media ponderada–, podríamos decir que la solidaridad, la de las empresas suministradoras y la de los ciudadanos acaparadores, no empieza con ese.

Más parece que empiece con eme, de micasa, mifamilia, micuentaderesultados…, y a los demás que los zurzan. Dudo que mister Putin –me resisto a escribir señor– tenga sus ahorros en rublos, pero ha exigido que a Rusia le paguen lo que le deben en su moneda, obligando a comprarla para evitar el deterioro que ya se recelaban sus conciudadanos hace un cuarto de siglo.

Mientras esperamos que los camioneros –todos– se aclaren y se dispongan a trabajar, cabe recordar que la palabra que sí empieza con eme, y debía ser mayúscula, es moderación.

Toni Gil

Periodista.

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