Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Opinión

Consagración de España al Sagrado Corazón

Sagrado Corazón de Jesús. Iglesia de la Concepción, Sevilla. Fotografía: Antonio Illanes (Fuente: Wikimedia).

Durante el reinado de don Alfonso XIII, España se consagró al Sagrado Corazón en un emotivo acto celebrado en el Cerro de los Ángeles, en Madrid, y al que asistieron el propio monarca, la familia real, autoridades y miembros del Gobierno de España. Igualmente, una representación del clero y el nuncio de su santidad.

Durante el reinado de Felipe VI no se ha renovado esta consagración, acaso por la prudencia del rey y en atención a la Constitución que establece que España es un estado aconfesional.

En España conviven muy diversas religiones, predominando claramente la católica. Otras son la protestante, que también es cristiana, la judía, el islamismo, el budismo, el hinduismo… Pero hasta el momento la gran mayoría de los españoles son católicos (si bien aumenta el número de los no practicantes, aunque siguen siendo católicos). Las iglesias parroquiales, la Conferencia Episcopal, los obispados, el elevado número de catedrales, las procesiones y cofradías, la celebración de los santos patronos de las ciudades y pueblos… son algunas de las muchas manifestaciones católicas en nuestro país.

Una corriente que podemos llamar “no religiosa”, avanza poderosa. Son movimientos anticristianos, agnósticos, el ateísmo y… lo que es aún mayor motivo de reflexión, el incremento de los que “pasan de todo” en materia religiosa, pues el tema ni les importa ni les interesa. Piensan que eso es algo trasnochado, cosa de “beatos” y de gentes “antiguallas”.

Discurso de Alfonso XII en la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, 1919 (Fuente: Wikimedia).

Yo creo que la fe sustenta uno de los mayores valores de nuestro país y nunca debe desaparecer. La fe, las creencias, dan un sostén y un motivo a la vida. Dios, nuestro Dios, no puede ser sustituido por la técnica, el consumismo, los avances en tecnología digital, el metaverso…

Una de las causas de la decadencia de Occidente (esa decadencia que ya vaticinaba el gran pensador Spengler) es precisamente la ausencia cada vez mayor de una fe, de una ilusión y confianza en los valores del espíritu. La materia va sustituyendo al espíritu.

Entre las diferentes corrientes de pensamiento existentes en el mundo, precisamente el humanismo personalista es una de las potencialmente más pujantes y aglutinadoras, pues defiende unas ideas y unos ideales que le son propios, pero no renuncia al respeto a todas las demás corrientes, e incluso preconiza una integración entre ellas, con un respeto mutuo.

A mi modesto juicio, la ideología comunista es una de las más “empozoñadoras” y causa de la destrucción de los principales valores del ser humano. Y nuestros dirigentes se inscriben en buena medida dentro de ideologías destructoras que pueden acabar con la esencia más pura de nuestra España… y de Europa, pues estas corrientes antivalores y ateístas se extienden por el continente como un reguero de pólvora.

La filosofía tomista es inapelable en sus postulados y no pueden ser rebatidos por la lógica; se puede negar, sin más, pero los detractores del tomismo no esgrimen argumentos sólidos. Ciertamente hay que adaptar el “tomismo clásico” a nuestra época y ello supondría una aportación de indudable valor. Se habla de un neotomismo y hay grandes pensadores que van profundizando en una sistematización del mismo, un gran sistema ideológico que daría sentido a nuestro mundo.

Iglesia Sagrado Corazón de Elche (Fuente: Cátedra Pedro Ibarra, www.elche.me).

Vamos hacia la destrucción del planeta por el calentamiento global, pero asimismo a la destrucción de los elevados valores del espíritu humano, en el orden de los sentimientos.

Esta señal de alarma lo advierten grandes pensadores e intelectuales de nuestro tiempo, que aún tenemos, y muy eminentes. Pero la civilización occidental suele hacer oídos sordos a estos problemas, atraída por tanta tecnología y los grandes adelantos que se operan en lo material.

Lo espiritual no es excluyente y se avanza, por otro lado, en el plano religioso, hacia una convivencia y concordia entre las diferentes corrientes religiosas, lo que supondría un gran avance. Se dan pasos esperanzadores hacia esa “unión de los cristianos” (católicos, ortodoxos y protestantes en su diferentes ramas).

Con el actual Gobierno que tenemos solo podrá haber decadencia. Y no me refiero solamente al campo del espíritu, sino también a otra poderosa realidad, que es la pobreza, pues el declive económico avanza de manera galopante. Esta pandemia que nos condena, como moderno jinete del Apocalipsis, nos azota inmisericorde, y es un alto riesgo…

Por eso en estos momentos tan críticos me viene a la mente esa consagración de España al Sagrado Corazón, no renovada por nuestro actual jefe del Estado y nuestro Gobierno…

El nuncio Francesco Ragonesi durante la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, 1919 (Fuente: Wikimedia).

El Sagrado Corazón nos protege, empero, y no es beatería confiar en él, pues el Todopoderoso sabemos que está con nuestro maltrecho país y en él debemos depositar nuestra esperanza. Si tenemos fe en el Sagrado Corazón de Jesús, tendremos el apoyo más fuerte, dado que está por encima de gentes y naciones.

Una España que por tradición es católica, debe conservar sus más prístinos valores. Si no nuestra decadencia como pueblo en todos los aspectos será una triste realidad. Y aún estamos a tiempo de remediar este peligro.

El ser humano necesita una ilusión, un punto de apoyo en el que sostenerse y si falta ese punto, vienen todos los lamentos.

Eso reza el humanismo cristiano de nuestros días, y sus defensores predican en el desierto. Pero no olvidemos que en el desierto hay oasis, zonas de fertilidad necesarias aquí y allá. El sediento viajero encuentra en el oasis el alimento que necesita y el agua que sacia su sed. Ojalá esto lo comprendan nuestros gobernantes, pese a no renovar la consagración de España al Sagrado Corazón, por prudencia, cobardía, conveniencia (para no molestar a comunistas, proetarras, y populistas, que solo pueden traernos la desgracia). Y si no se comprende, por lo menos que estas humildes y modestas palabras sean unas semillas en la tierra baldía de nuestro tiempo.

Concordato con la Santa Sede

España firmó el 27 de agosto de 1953, un concordato con la Santa Sede. Domenico Tardini, secretario de Estado del Vaticano, lo firmó por parte de la Santa Sede y Alberto Martín Artajo, ministro español de Asuntos Exteriores, por nuestro Gobierno. El convenio está en vigor, con modificaciones (acuerdos de 1976 y 1979). Tiene el carácter de ley y solo puede ser anulado por mayoría en el Parlamento, lo que conllevaría unas consecuencias realmente gravísimas para España. Entre los países que no tienen este tipo de convenio con la Santa Sede figuran esencialmente las naciones comunistas, como China –entre otras–. Consideremos que incluso Rusia, que parece no ser de la esfera “católica” tiene una poderosa Iglesia ortodoxa. Ve esta Iglesia con buenos ojos las posiciones vaticanas, por la política de la Santa Sede de unión de las Iglesias o confesiones, tendiendo hacia una armonización con la concepción “ortodoxa”, lo que cada vez más aproxima a esa unión del cristianismo, o a una alianza en la fe y en el espíritu, que propicia el actual Papa.

Papa Francisco (Fotografía: Perfil de la Oficina de información del Opus Dei en Flickr).

Un inciso. Resaltemos el importante papel que puede desempeñar, como mediadora, la Iglesia ortodoxa rusa en el conflicto bélico actual, tan destructivo.

Esa afirmación de que la religión es “el opio del pueblo”, está cada vez más trasnochada.

Necesidad de una renovación de la Iglesia

España es oficialmente “aconfesional”, mas –con todos los condicionamientos y “peros”–, es extraoficialmente católica. Ello no obsta para que nuestro cristianismo y nuestro catolicismo necesiten de una profunda renovación y una honda adaptación a los nuevos tiempos y a los grandes cambios que se avecinan. Se necesita una religión “puesta al día” y una Iglesia renovada y renovadora –sin perder su esencia– que conectara con la sociedad y lo que es más importante, con la juventud, que es el futuro. Son nuevos tiempos los que se avecinan. Estamos ya empezando a experimentar esta nueva era, este profundo cambio social y de mentalidad –acelerado por las nuevas tecnologías, la pandemia, las transformaciones en los hábitos de los ciudadanos…–.

La Iglesia de nuestro tiempo ha de estar al día, ha de experimentar un “aggiornamento”, pues base hay para ello. “Lo cortés no quita lo valiente”, reza el dicho, y el nuevo catolicismo de España ha de ser fuerte e ir barriendo las corrientes destructivas que acechan a nuestra querida piel de toro (populismo, ateísmo, comunismo, neocapitalismo inhumano,…). Está surgiendo una nueva sociedad y la Iglesia no puede perder el tren de la modernidad. Base existe, pero hay que saberla utilizar con inteligencia y prudencia y, sobre todo, con eficacia. Ello será para el bien de todos –para el bien común–, para la mejora de la sociedad que no puede ser decadente sino pujante. La cizaña se debe quitar a fin de que aflore verde y exuberante la nueva vegetación. Seamos jardineros del bien. Pongamos todos lo mejor de nosotros mismos.

El papel de la mujer

El papel de la mujer en la Iglesia, es una de las asignaturas pendientes. Debe participar de manera activa, y unos primeros pasos se están dando con autorizaciones para poder administrar las Sagradas Formas e incluso algunos oficios religiosos. Pero es poco: hay que avanzar mucho más. Dando un papel más importante a la mujer en el seno de la Iglesia se conseguirían unos efectos muy beneficiosos y se reforzaría el protagonismo y la influencia católica en la sociedad en todos los aspectos.

Fotografía: Francesco Bradiporap (Fuente: Pixabay).

No obstante, hay que destacar un cierto papel “protagonista” de la mujer. Tenemos muchos ejemplos, como las órdenes religiosas femeninas, las monjas de clausura esparcidas por los diversos monasterios de nuestro país, con esas “armas” que son la oración y el plano contemplativo, las instituciones religiosas múltiples como las Teresianas (fundadas por san Pedro Poveda Castroverde), las Javerianas, las Calasancias (fundadas por san Faustino Míguez), las misioneras en las diversas partes del mundo y tantos otros ejemplos.

El espíritu sinodal

Dado que España es un estado aconfesional, se comprende que una consagración oficial al Sagrado Corazón podría suponer un problema de tipo jurídico debido a los artículos de la Constitución. Pero ello no obsta para que, a nivel parroquial, de instituciones específicas, y dentro de ese espíritu sinodal que preconiza el Sumo Pontífice, puedan hacerse ofrendas y súplicas ante el Sagrado Corazón, pidiendo su protección para la salvación de España, ahora en manos de los ”enemigos” de la religión. Sería un plano estrictamente “católico”, que no iría en menoscabo de lo que hicieran otras religiones distintas, pues no sería una consagración verdaderamente del Estado, sino una serie de actos de culto, dentro de los derechos que los católicos (y los cristianos) tienen a practicar su religión (hay una libertad de culto). Todo entraría dentro del llamado espíritu sinodal, de la sinodalidad.

Y cada día, tras las misas parroquiales, tiene lugar la Adoración Eucarística, que es una ofrenda al Santísimo Sacramento, que hacen los cristianos. Es una manera también de rendir culto y homenaje al Salvador.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Y como decimos en Alicante: “Faz Divina, ¡misericordia!”

José Moratinos Iglesias

Doctor en Ciencias de la Educación, diplomado en Psicología, profundo conocedor de la Psicopedagogía e Instructor de Tiempo Libre con sus estudios de Magisterio.

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