En el borde del creciente remolino de la guerra, el año toma un respiro. En Ucrania, las campanas repican donde antes reinaba el humo; Sobre las cenizas de Gaza, el olivo renace como luz, y las antiguas heridas de Tailandia y Camboya beben una lluvia cristalina. Bajo esa lluvia de piedad que une al mundo destrozado, la bestia marchita de la ira se aleja; nace un hijo de la gracia. El cronista de la noche borra el lamento de la humanidad y escribe al amanecer: Cuando la nueva puerta se abrió de par en par, la humanidad escuchó al corazón. Byeong Cheol Kang, Corea. Traducción del inglés de Germain Droogenbroodt y Rafael Carcelén.
Siluetas al atardecer
Las ramas y las hojas de los arbustos destacan nítidamente contra el cielo del atardecer. Anochece lentamente, aunque la luz del sol aún brilla en algunas ventanas al otro lado de los jardines. Me gustaría describirlo con palabras, pero de una u otra forma no las encuentro. Mejor dibujar con lápiz sobre papel blanco y pintar con unas pinceladas. Los ruidos de la calle ya han cesado y el anciano con su perro no aparece por ninguna parte. Ya no tiene que pasear a su perro. Durante el día, lo vi solo caminando por la acera. Hannie Rouweler, Holanda. Traducción Germain Droogenbroodt – Rafael Carcelen.













Hermosas y relajantes palabras de concordia para un tiempo extraño y preocupante.