Sufrí la Amarga Navidad de Almodóvar (Navidad es felicidad) y gocé risas propias y ajenas en la película de Santiago Segura. Cinco tristes butacas frente a 53 alegres posaderas al día siguiente con el sarcasmo pedagógico del expolicía corrupto metido a político.
Contemplé primero la última película del oscarizado director manchego, don Pedro Almodóvar, quien nada próximo me pareció esta vez al genial Príncipe de los Ingenios (Miguel de Cervantes). En mi subjetividad, sentí leer un guion con incipiente agotamiento de ideas cercano al supuesto mirarse en un espejo, del también oscarizado director de cine Amenábar, antes de dirigir por tierras alicantinas su última película, Cautivo, donde liga a Cervantes a la homosexualidad en libertad.
Dato: Almodóvar estrenó el viernes 20 de marzo y, tres días después, el lunes por la tarde (23 de marzo), vi su película. Sesión vespertina en la fría y triste sala de cine. Con mis posaderas expectantes, tres días después del estreno sólo cinco (5) butacas ocupadas, incluida la mía (dos parejas y una solitaria dama; tres mujeres y dos hombres).
Dato: Santiago Segura estrenó el viernes 13 de marzo. Tras sufrir el lunes 23 la tristeza de Amarga Navidad, al día siguiente, martes 24, fui a ver por primera vez a Torrente. Once días después del estreno, 53 espectadores compartimos una alegre sala de cine.
Terapia relajante
Desvelo que al cine voy una vez por semana con entrada de jubilado feliz. En esta ocasión fui dos días seguidos, sin que sirva de precedente y por ofrecerte estas líneas. Mi primera vez, puede que no sea la última, para ver una película de la popular saga que sustenta el locuaz, descarado y astuto Torrente, ahora personaje más buscavidas, listo y mentiroso, supuestamente, por retratar fielmente el oficio del político profesional indecoroso que peca de sumisión al jefe de filas.
Subjetividad: La última creación nacida en las sin par neuronas de Santiago Segura la sentí terapéutica, relajante y contagiosa de rechazo a las mentiras de políticos y políticas que engañan con el fin de sumar votantes. Terapia pedagógica alegre a fuerza de carcajadas y risas, propias y ajenas, que me contagió mayor responsabilidad cuando esté ante la urna electoral. Porque acudiré a votar, por supuesto que sí, sin dudarlo y desde el respeto a la libertad. Acudiré a votar como seguro lo hará Santiago Segura.
Navidad es felicidad
Porque la Navidad es símbolo universal de felicidad, os pregunto y me pregunto: ¿Por qué motivos alguien vejaría con un adjetivo de tristeza a la felicidad que es la Navidad? ¿Para quién es amarga la Navidad? ¿Por qué? ¿Por ignorancia léxica o por sus fines ideológicos? ¿Por convicción personal? ¿Para atraer curiosidad comercial? Cierto es, por desgracia, que un mes de diciembre y un día puede ser amargo, si sufres o conllevas sucesos tristes o desafortunados. Pero el espíritu de la Navidad, su significado propio, jamás es de amargura. La vida en situaciones concretas puede ser triste. Pero Navidad significa alegría, salvo agresión inconsciente a su innata y genuina felicidad, sentimientos y deseos navideños de esperanza infinita.

Más subjetividad: En los diálogos del oscarizado español sentí elogios (creo que injustificados, gratuitos) al supuesto cine de culto con el argumento de su implícito fracaso en las taquillas. ¿Etiqueta o excusa falaz? Como si el cine presuntamente culto naciera para ser vanguardia osada por sentar cátedra elitista y hasta reflejar las autocríticas del creador, éste que, con vehemencia, describe sentimientos, íntimas vivencias propias y extrañas, en ocasiones sin recato ni respeto al dolor ajeno.
Torrente, cien millones
Más datos: Cuando termino estas líneas, la película Torrente, presidente lleva recaudadas en las taquillas más de 16 millones de euros (en doce jornadas) e iba a por los tres millones de espectadores. Por su parte, Amarga Navidad lleva 700 000 euros en cinco jornadas. Con esta sexta entrega o capítulo, la saga Torrente supera los 100 millones de recaudación. Vale (cervantino).













Y siguen subvencionando a casi toda la morralla supuestamente cultural de la izquierda y malgastando montañas de dinero en campañas de ideología de género siempre contrarias al humanismo cristiano que elevó el nivel de los valores grecorromanos. No pueden ver a la Iglesia y cuando parecen defenderla, como ahora en Israel, es buscando rédito electoralista y votos. Mienten como bellacos y hay muchas españolitas y españolitos que se tragan las mentiras. Y tenemos una oposición que es más mala que el sebo de cabra. Y no se puede aguantar que Mariano Rajoy nos dé lecciones sobre ‘el arte de gobernar’, todo un ‘Don Tancredo’ que, con mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, fue incapaz de cargarse leyes malvadas de un tal Zapatero empezando por la mentirosa Ley de Memoria Democrática. Algunos apolíticos y apartidistas echamos de menos a Suárez, a Calvo Sotelo, a Felipe González y hasta a Aznar, comparándolos con los Zapatero, Rajoy y Sánchez. ¿Quo vadis España? ¿Quo vadis Europa? Está claro; nos vamos al abismo.