El repaso

¡Ra, ra, ra! Ucrania y nada más

Bandera de Ucrania. Imagen: OpenClipart-Vectors (fuente: Pixabay).

Un breve resumen de todo lo que ha pasado en el mundo esta última semana: guerra, guerra y más guerra de Ucrania.

Decían en el fantástico programa A vivir que son dos días de Javier Del Pino que últimamente los informativos más que noticias, ofrecen monográficos sobre los temas de actualidad. Y la guerra en Ucrania ha invadido tanto la parrilla informativa como el ejército ruso Mariúpol, ciudad portuaria a orillas del Mar Negro, desconocida por todos hasta hace unos pocos días. De hecho, esta semana pasada, absolutamente todas las noticias del mundo han estado relacionadas sí o sí con la invasión rusa.

Se salvan cuatro honrosas excepciones, un auténtico corredor informativo entre tanta guerra: ya hay finalistas de la Copa del Rey de fútbol, Betis y Valencia; se ha confirmado que Paz Padilla ha sido despedida de Mediaset, Feijoo se presenta a candidato a presidente del PP (¡Quién lo hubiera imaginado!) y el rapero Residente (Ex de Calle 13 para quien le suene a chino el nombre) le ha pegado un estacazo dialéctico a J. Balvin en su último single. Repasada en profundidad, la abundante actualidad informativa, vamos al meollo de lo que nos interesa de verdad: los highlights de lo que está pasando en Ucrania, capital Kiev Kyiv.

Residente durante su última grabación (Fuente: Perfil RESIDENTE || BZRP Music Sessions #49 en YouTube).

Arrancaba la semana con el vacío mundial a Rusia iniciado la semana anterior por prácticamente todo el planeta Tierra: vetos y sanciones por aquí, expulsiones y el rublo desplomado por allá… Lo único ruso que se salva por el momento son las montañas y la ensaladilla. La presión ha sido tan dura que a Rusia no le quedó más remedio que recordarle al mundo su excelente cosecha de bombas nucleares cultivadas con mimo desde 1949 para que le aflojaran la soga. La mención a las ya olvidadas ojivas atómicas dejó a más de uno con la mosca detrás de la oreja (“¡Es que Putin está loco y quiere destruir el mundo!” oí a lo largo de la semana) y reavivó el viejo fantasma del apocalipsis nuclear. Un runrún de “y si lanza los misiles…” que fue in crescendo de forma que, hacia el final de la semana, muchos ya tenían la certeza de que el misilazo nuclear estaba al caer y era cuestión de tiempo. El único consuelo que tenemos los de Alicante si esto pasa es que Putin quiera salvar Altea Hills, donde dicen que tiene una mansión, y deje la terreta tranquila. Ya la arrasará el invierno nuclear.

Mientras Rusia amenazaba con cargarse el planeta, el mundo hizo lo que mejor sabe hacer en estos casos de emergencia global: tertulias y arrimar el hombro. Desde todos los puntos de Europa, América, Asia, África y Oceanía los ciudadanos se organizaron para aportar alimentos, ropa, medicinas e incluso alojamiento para ayudar al millón y medio de refugiados ucranianos que actualmente han abandonado el país. Los gobiernos, por su parte, se organizaron para enviar armas y material bélico al gobierno de Kiev Kyiv. Para que luego digan que los gobernantes no están en sintonía con el pueblo.

Kyiv. Fotografía: Leonhard Niedwewimmer (Fuente: Pixabay).

A miles de kilómetros de Kiev Kyiv, en Londres, un hombre lloraba por su amargo destino: Román Abramóvich, propietario del Chelsea FC; tenía que vender su equipo del alma para salvarlo de las sanciones que oscilaban amenazantes sobre el club debido a su ciudadanía rusa. Nunca pudo imaginarse que tendría que venderlo cuando lo compró en 2003, harto como estaba de ser magnate del gas y gobernador de Chukotka. Cargos que había logrado, precisamente, gracias a Vladimir Putin, antiguo amigo y gran valedor de la fortuna que ha amasado. Lo que Putin te dio, Putin te lo quitó. Por lo menos le sacará plusvalía al Chelsea: lo compró por 200 millones y ahora vale aproximadamente 3.500 millones de euros.

Pero la actualidad rápidamente nos devolvió a Kiev Kyiv. El vivo presidente Zelenski (recalco lo de “vivo” porque le intentaron asesinar tres veces a lo largo de la semana) pactó con el gobierno ruso un alto el fuego para evacuar a los civiles a través de un corredor humanitario que, como era de esperar, el ejército ruso se saltó a la torera a las primeras de cambio. Mientras tanto, en la central nuclear de Zaporizhzhia (ya en manos de Rusia) los misiles invasores caían muy, muy cerca de los reactores nucleares. Tan cerca que se produjo un incendio en uno de ellos y las autoridades de la central tuvieron que dar un aviso extremadamente serio de que o paraban los bombardeos, o un nuevo Chernobyl diez veces más destructivo estaba al caer…Y esta vez, se iba a llevar Europa entera.

Central Nuclear de Zaporizhzhia, Ucrania. Fotografía: Ralf1969 (Fuente: Wikimedia).

Así que al pánico a una guerra nuclear se le sumó el viernes el pánico a un nuevo Chernobyl. De forma que llegamos a un fin de semana estupendo en lo anímico, tan nublado como el futuro del mundo, y cagados de miedo por un posible apocalipsis que evidentemente, ha sido alimentado por la épica de los medios de comunicación, que ya han lanzado a discreción sus piezas sobre dónde esconderse si Rusia lanza una bomba nuclear o cuantos millones de muertos dejaría en Madrid una explosión atómica.

Lo peor de todo, como apuntaba Jaime Rubio Hancock en su impagable artículo la bomba nuclear de Putin nos pillará en la oficina es la sensación de que si pasa todo esto, nos pillará un martes cualquiera sin haber preparado la comida del miércoles ni tendido la lavadora, habiéndonos amargado el fin de semana en vano especulando sobre cuándo llegará el fin del mundo.

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Alex Guillén

Periodista y publicitario especializado en el sector audiovisual, marketing digital y comunicación online de empresas.

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