En el año 500, la mayoría de los habitantes del mundo llevaba siglos sin saber exactamente en qué año vivía. En aquella Hispania, buena parte de la península se encontraba ya bajo la influencia del reino visigodo. Y uno no puede evitar preguntarse cómo se enteraron sus habitantes de que el Imperio romano de Occidente había caído y de que aquellos nuevos reyes, los visigodos, habían llegado para quedarse.
Probablemente, las noticias avanzaban despacio, de boca en boca, de plaza en plaza y de camino en camino. Algún pregonero, juglar o viajero cantaría y contaría por los pueblos las gestas de los reyes y los nobles, las victorias y las derrotas, las buenas nuevas y también las desgracias. Aquellos primeros narradores de la actualidad ya tenían ante sí la ingrata y fascinante tarea de comunicar, interpretar la realidad y difundirla. En cierto modo, fueron los antepasados remotos de nuestros periodistas.
Hoy, los periodistas pueden llegar a tener tanto poder como el noble ejercicio de su profesión les permita alcanzar. Y forman con los políticos una de esas parejas inseparables de nuestra sociedad: como el pan con chocolate, las fresas con nata o el sol y la playa.
Periodistas y políticos se observan, se necesitan, se cuestionan, se critican y, en ocasiones, hasta terminan juntos. Algunos periodistas acaban convirtiéndose en políticos de raza, como Pedro Romero, recientemente homenajeado, de manera muy merecida, al dar su nombre al Centro Municipal de las Artes de Alicante. Otros pasan a ocupar puestos como jefes de gabinete de alcaldes, ayuntamientos o instituciones públicas. No deja de resultar curioso que algunos de los periodistas que un día atacaron con mayor dureza a determinados políticos terminen siendo contratados, tiempo después, como sus más firmes y entusiastas defensores. Son cosas de esa relación tan intensa, contradictoria y, a veces, sorprendente entre la política y el periodismo. Haciendo amigos.
Pero hoy estamos de celebración. Quinientas Hojas del Lunes son quinientas ilusiones, quinientos esfuerzos y quinientos trabajos publicados. Y son también muchos más artículos esperando ser disfrutados, leídos, ilustrados, compartidos y difundidos. Algunos nacen con la recóndita esperanza de cambiar algo del mundo que nos ha tocado vivir. Otros solo pretenden mostrar al lector nuestra manera de entender la realidad, nuestra propia naturaleza y, en definitiva, algo de nosotros mismos.
Un medio de comunicación puede ser ruin, amarillo, capcioso o manipulador. Pero, en esencia, también puede ser algo maravilloso: una tribuna para la libertad, la opinión, la discrepancia y el debate. Un lugar desde el que contar lo que sucede, pero también desde el que preguntarnos por qué sucede. Y ahí es precisamente donde se encuentra la Hoja del Lunes: tan alicantina como humilde, tan libre como responsable.
Belén, Marisa y Rosalía realizan un trabajo impecable. Han conseguido convertir su medio, su anuario y su gala ‘Off the Record’ en auténticos referentes de la comunicación provincial. Lo han hecho con esfuerzo, constancia, independencia y amor por una profesión que sigue siendo imprescindible. Como solo lo que se hace puede mejorarse, os animo a continuar por esa ruta de éxitos, historias y encuentros.
Contad conmigo.













Y contigo. Ir con todos los compañeros de la ‘Hoja’ es como hacer el Camino de Santiago, que es camino hacia la eternidad.
si señor