Trescientas... y pico

¿Qué (puñetas) está pasando en Murcia?

Imagen de la manifestación en la Puerta del Sol, de Madrid, denunciando el racismo en España y el reciente caso de Murcia (Fuente: Perfil de @baynanaes en Twitter).

Hay quienes parecen estar llamados a protagonizar la historia y los hay que solo obtienen en el reparto el papel de figurantes, a veces anodinos, a veces meros lacayos del poder. Murcia sería, por razones varias, seguramente de las segundas, una tierra que solo en momentos muy contados ha logrado que los focos giren hacia ella en positivo. Algunos acontecimientos recientes, como el esperpento de moción de censura que ha puesto patas arriba el mapa político español, o las más recientes y espeluznantes agresiones racistas en Mazarrón y Cartagena, quizás nos den derecho a preguntarnos: ¿Qué (puñetas) está pasando en Murcia?

Es Murcia, lo conocemos bien, una tierra acostumbrada a vivir en los márgenes de un país, aprisionada entre la potente Andalucía y la emprendedora Comunidad Valencia, ahíta de entidad y forzada a crearla en soledad, en parte consecuencia del “café para todos” que acabó imponiéndose como cinturón de seguridad para embridar a los emergentes nacionalismos catalán y vasco.

Haciendo un cierto ejercicio de memoria podríamos recordar como uno de los últimos éxitos mediáticos aquel lejano eslogan televisivo del “Murcia, qué hermosa eres” que pretendía proyectar los pueblos de la región al universo del maná turístico que estaba por venir. Fue, a su modo y manera, y pese a lo casposo del invento y su desarrollo, uno de los escasos hitos mediáticos que traspasó fronteras. Así son las cosas.

Perfil de @paki0406 en Twitter.

Pero volviendo al rabioso presente que nos interpela, ya sé, ya sé, que un grano es solo eso, un grano. Y que un grano y otro grano serían solo dos granos. Pero, y si la acumulación de síntomas crece como crece ahora, entonces, ¿podríamos empezar a hablar de montón?

Quizás, solo entonces, sería el momento de preguntarse si lo que está aflorando estos últimos tiempos en la Región de Murcia son solo, como muchos defienden, hechos tristes, condenables, lamentables, capítulos aislados y execrables actos racistas, que nada tendrían que ver entre sí. O, más bien –como otros empiezan a temer– serían éstos claros síntomas de enfermedad grave. El principio de ese “algo más” que está asomando el hocico sin que casi nos demos cuenta, sin que nos percatemos de que la pústula de su hedor estaría ya infectando la convivencia en una región tristemente olvidada, lejana de los centros de poder, y en donde el discurso de una cierta persecución al diferente, al que piensa distinto, empezaría a ser bien visto por amplias capas de su sociedad.

Mirados en la lejanía no vivo en Mazarrón, no vivo en Cartagena, pero nací muy cerca de allí, en Caravaca, y quizás por eso todo duele un poco más– las dos agresiones racistas y xenófobas citadas deberíamos dejar de considerarlas “hechos aislados”. Cuesta describir así que en apenas 48 horas haya costado la vida a un hombre marroquí en Mazarrón (por el gran delito de estar en un bar tranquilamente tomándose un refresco) y dejado malherida por arma blanca una mujer ecuatoriana, esta segunda a manos de otra mujer cuando aquella esperaba tranquilamente su ración en las mal llamadas “colas del hambre”.

Perfil de @baynanaes en Twitter.

Y es que sucede que hay hechos que no ayudan. Que todo lo complican. Uno de estos hechos ciertos es que Murcia es, junto con Almería, la provincia española donde Vox alcanzó en las elecciones generales de 2019 sus mejores resultados, hasta el punto de ser aquí la primera fuerza política (28,3% del electorado), por encima del PP (26,7%) y del PSOE (24,96%). Y si a estos hechos ciertos, irrefutables, añadimos que Murcia es la primera comunidad donde diputados de Vox forman parte de un ejecutivo regional, aunque sea por la vía del transfuguismo más desvergonzante, viene a golpear en el mismo clavo.

Seguramente para entender la distancia sentimental que hay entre aquel eslogan del “Murcia, qué hermosa eres” y este tiempo oscuro, en el que la Región aparece en demasiadas ocasiones como ejemplo de lo que no debiera ser, habría que tener en cuenta algunos hechos que, en demasiados ocasiones, me temo, pasan como desapercibidos, también dentro. Ya saben, Murcia es demasiado pequeña y está lejos de todo.

El más importante argumento seguramente es el poder omnímodo, casi absoluto, que el Partido Popular ejerce desde hace más de 30 años en todos los ámbitos políticos, sociales y económicos de la región, unido a su degradación política (varios expresidentes están acusados de corrupción) y su corolario: ausencia de una alternativa sólida, creíble y viable que lo confronte, que obligue a una cierta regeneración interna, como ha sucedido en otras zonas, y que aquí ni ha ocurrido ni parece vaya a ocurrir en el corto plazo.

Mapa de Murcia (Fuente: https://www.mapas.top/).

Otro factor –discutible, pero factor– y que seguramente se estudiará en el futuro, es el papel que en este guiso ha jugado y está jugando la fuerte implantación de la UCAM (Universidad Católica San Antonio de Murcia) desde su fundación en 1996. Esto es así hasta el punto de que casi cualquier actividad en la región, sea esta política, económica, social, deportiva, cultural, etc., acaba llevando, de una u otra manera, su sello, su impronta. Eso, posiblemente, también crea carácter.

No lejos de ahí estaría ese otro hecho menos conocido pero seguramente no menos relevante. Es la fuerte implantación en el tejido societario regional del grupo religioso cristiano y ultraconservador de los neocatecumenales, los conocidos “Kikos” en referencia a su fundador Kiko Argüello, y que en esta región tienen una presencia muy relevante y, posiblemente, una de las mayores de todo el país con postulados en los que el PP es tachado moral y éticamente muchas veces de demasiado tibio (aborto, igualdad, etc.).

Y si a todos estos hechos –discutibles, pero hechos al fin– unimos el shock cultural que a buen seguro está teniendo esa otra realidad demográfica, silenciosa, que supone la fuerte inmigración en una tierra acostumbrada justo a lo contrario, la cuestión se complica aún más. Esto es así hasta el punto de que en los municipios donde la agricultura intensiva ha adquirido una presencia brutal, este hecho hace que la población inmigrante suponga ya en algunas de estas poblaciones el 25 y hasta el 30% del total de sus habitantes.

Imagen de archivo del Campus de Los Jerónimos (Fuente: Universidad Católica de Murcia).

Todos estos ingredientes (identidad difusa, corrupción partidaria, Vox, UCAM, Kikos, altas tasas de inmigración…), unidos a otros hechos que parecen anecdóticos pero que no lo son, como sería el reciente veto del gobierno central a la propuesta del ejecutivo murciano para que el nuevo aeropuerto llevase el nombre del ingeniero cartagenero inventor del autogiro, Juan de la Cierva, por sus implicaciones  directas en la preparación del golpe de Estado que acabó con la II República, mezclan un cóctel que quizás explique algunas de las respuestas a la pregunta del principio: ¿Qué (puñetas) está pasando en Murcia? Habría otras razones, claro, pero lo que sí parece evidente es que el viejo eslogan –aquel ¡qué hermosa eres! – parece haberse marchitado. Y no solo por el paso de los años.

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Pepe López

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  • Sr. López, en Murcia no pasa nada especial, distinto a lo que pasa en el resto de España, y en sociedades similares. El hecho de que se hayan producido dos hechos racistas en pocos días no es muy distinto de lo que puede pasar dentro de unas semanas en La Coruña o Gerona. También allí podrán darse, fortuitamente y sin que sean hechos organizados, crímenes con tinte racista en pocos días, y luego pasar meses en total calma, sin ninguna novedad. Por favor, no alarme ni enrede usted, y la próxima vez, para ilustrar una noticia de Murcia escoja una foto de esa región, no de la Puerta del Sol de Madrid.

  • Nada nos es extraño a los que nacimos en esa hermosa tierra, pero donde la oligarquía caciquil ha sido y lo sigue siendo el poder dominante.
    Es verdad que el el tejido industrial a crecido y modernizado a nivel de los tiempos que estamos viviendo, pero también que el crecimiento logrado siempre se queda en los mismos graneros.
    De aquellos adoctrinamientos en las escuelas nacionales y que tanta pobreza y humillación produjeron aun surgen estos lodos.
    Juan de Dios Fernández

    • Se podría decir que en esa “hermosa tierra” que citas, la tuya y la mía, Juan de Dios Fernández ha cambiado el decorado, parte los actores incluso, las liturgias de cómo se ejerce el poder, pero que el hilo conductor que mueve el “teatrillo” de una sociedad en transformación sigue adoleciendo de una corriente de cambio que haya mejorado la vida de sus gentes, al menos en la medida que los nuevos tiempos exigían. Y mira que, de alguna manera, yo siempre creí que el ser una autonomía uniprovincial era una gran oportunidad para evitar las peleas continuas que en otros sitios, pero me temo que la experiencia ha sido, en parte, fallida…

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