Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Obituario Palabras

Pere

Pere Miquel Campos con la cantautora alicantina Inma Serrano (Fuente: MAYMECO).

Pere Miquel Campos (Picassent, 1950) fue —y decimos fue porque su vida se paró definitivamente el pasado jueves 19 de febrero— periodista. Por ahí deberíamos empezar y terminar estas palabras. Por el periodismo. Fue, claro, otras muchas cosas. Durante su vida tuvo tiempo de ir zurciendo también su vida de escritor y activista en muchos y diversos frentes y en el mejor sentido de la palabra activista. Pero lo del periodismo, eso dejémoslo claro, y muy especialmente en lo referente a la radio, era, fue, casi toda su vida.

Ahí, en la radio, se movía como pocos. Embrujaba el tiempo, controlaba los imponderables e imprevistos como si el directo fuera una cosa fácil, con esa voz pausada que espesaba y diluía a la vez el aire que le rodeaba. Se diría que ahí, en la radio, era casi donde mejor se sentía, que de alguna manera nació para ser parte de la radio desde sus juveniles comienzos en Radio Popular de Alicante, en el tiempo postrero del franquismo que él ayudó a derribar.

Pere Miquel, decíamos, fue, hizo, otras muchas cosas. Fue también un luchador insobornable en el mejor sentido de las palabras luchador e insobornable. En lo personal, porque su biografía le obligó a hacer frente a un traicionero y tempranero cáncer, de esos que a muchos les abaten pero que a él le fortaleció hasta el punto de ofrecer su cuerpo y su vida a la ciencia como ejemplo y experiencia que ayudara a otros. Pero también en lo social. Ahí levantó la voz y fue uno de los impulsores de la Unió de Periodistes Valencians, justo en un momento en el que, en palabras suaves, el periodismo en la Comunidad Valenciana navegaba con cierta dificultad. Eran, recordémoslo para olvidadizos, los tiempos del zaplanismo reinante y triunfante. Pere, junto a algunos periodistas más, entendió pronto que en aquella vuelta al blanco y negro parecía necesario reforzar los límites de la independencia y la dignidad de la profesión.

Entre esas otras pinceladas de una biografía amplia, de alguna forma también está el haber formado parte de la periferia del primer gobierno de la Comunidad Valenciana presidido por Joan Lerma, o del País Valencià como a él le gustaba referirse a su tierra. Y desde ahí ayudó a la creación y puesta en marcha de un proyecto tan ilusionante como fue Canal 9, hasta que un día sucedió lo que tenía que suceder. Que quienes se creyeron —algunos de aquellos siguen hoy aún en día en puestos de responsabilidad— los nuevos dueños de la tele pronto entendieron que tanta libertad en la radiotelevisión pública era demasiada libertad. Y que era mejor un producto domesticado, al gusto del poder omnímodo del nuevo líder supremo, un tal Eduardo Zaplana.

Pere, como tantos otros, fue una de las víctimas colaterales de aquellos tiempos oscuros para el periodismo. ¡Y no solo para el periodismo! Él fue una de las víctimas de aquellas listas negras de periodistas desafectos que impulsaron algunos de los que hoy —digámoslo otra vez, para que no se olvide— siguen pisando alfombra y presupuesto público. Pere fue marginado, apartado, en un intento de apagar su voz. Solo lo consiguieron en parte porque siempre, casi siempre, la libertad acaba floreciendo entre las piedras.  

Desde ese silencio impuesto, colaboró en la apertura de nuevos canales y espacios de libertad. La lista de su activismo se adentra en otros campos donde había que echar una mano. Estuvo, entre otros proyectos, en la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas (PIC) de Alicante junto a nombres como Manuel Alcaraz, José María Perea, José Ramón Navarro y tantos otros, cuando la oposición política de la ciudad navegaba entre la nada y lo acomodaticio.

Tuvo tiempo también para escribir algunos libros. Uno de ellos, Arcadi Blasco, retrato, dedicado al gran artista, pintor y ceramista de su pueblo de adopción, Mutxamel. Otro, más reciente, fue La veu interrompuda. Fragments de la primera radio pública valenciana. En la presentación de este último, el 17 de noviembre de 2022 en la librería Pynchon de Alicante, recordaba el propio autor que el libro recogía algunas de las entrevistas hechas en la radio pública valenciana en los primeros años del zaplanismo, cuando Zaplana no era aún Zaplana.  Todas ellas, decía su autor, “hechas desde la libertad y el compromiso”. Ahí estaban voces tan distintas como las de Santiago Carrillo, Jon Sobrino, Joan Fuster, Luis García Berlanga, Eduardo Zaplana, Carmen Alborch, Joan Romero y tantos otros. Y en medio de todo, siempre y a todas horas, fue un incansable defensor de su propia lengua materna, del reconocimiento y dignificación del valenciano, o catalán, qué más da eso ahora, porque para él la cuestión de la lengua era algo tan natural como innegociable.

En esa larga trayectoria, una de sus últimas estaciones de paso, y donde personalmente tuve la suerte de volver a compartir su amistad y su inmensa generosidad, fue su colaboración en el Observatorio de Mayores y Medios de Comunicación (MAYMECO), entidad investigadora que forma parte de la Universidad Permanente de la UA y cuyo objetivo no es otro que el análisis y la denuncia del maltrato —eso que ahora todo el mundo llama edadismo— que las personas mayores sufren —sufrimos— en los medios de comunicación. Su voz, ahí, fue todo un regalo para quienes compartimos con él este último tiempo.

Y uno, y ya para ir poniendo broche a esta crónica con palabras de homenaje y reconocimiento al amigo y al compañero, quisiera pensar que desde esa atalaya y como responsable del taller de radio del propio MAYMECO, Pere Miquel Campos volvió a sentirse periodista, a sentir la llamada de la radio como la sintió de crío. A convertir cada uno de los programas en la radio de la Universidad y en la radio de San Vicente en una clase magistral de libertad y compromiso con la dignidad y la decencia de la palabra, la pequeña y la grande.

A ser, en definitiva, lo que siempre fue, un hombre que creía firmemente que la palabra solo debería ser pronunciada si va dirigida a mejorar la vida de la gente. A creer firmemente, como él mismo expresó en el acto de presentación de aquel su último libro, que “en periodismo, como en la vida misma, es importante tener principios, convicciones, pero lo que no hay que hacer es ser sectario, negar la voz al otro porque ese otro no piensa como tú, eso nunca es periodismo”. Toda una declaración de principios. Y de dignidad. Y todo ello tras una vida dedicada, precisamente, a hacer de la palabra una forma de vivir.

D.E.P. Pere Miquel Campos. El compañero, el amigo. El periodista.

Galería fotográfica

(Fuente: MAYMECO).

Pepe López

Periodista.

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