La Coral Tabaquera Alicantina alcanza cotas de excelencia pocas veces vista en su primer concierto de Navidad aderezado con el estreno mundial de un arreglo para órgano y trompetas de Ángeles cantando están del director Mike Galib.
El cronista de este concierto celebrado el pasado 19 de diciembre en la céntrica parroquia de San Pascual Baylón no puede imaginar lo que sintió santa Teresa de Jesús en sus ya famosos éxtasis. Pero no debe de ser muy diferente de lo que experimentó el privilegiado público que asistió al renovado repertorio navideño de la Coral Tabaquera Alicantina, en un celebración de la música sacra y propia de esta época festiva de una calidad pocas veces vista, no sólo en Alicante sino a nivel nacional. Si a ello sumamos el estreno mundial de un arreglo para órgano y trompetas de Ángeles cantando están del director estadounidense Mike Galib que cerró con extraordinaria brillantez el recital, no podemos más que decir que se trató de una velada histórica y excepcional.
Tampoco podemos decir que sea una sorpresa, puesto que el director, Manuel Ramos Aznar (Elche 1968), es un músico de talla internacional, con una solvencia y un currículum, no solo a nivel coral, que pocos pueden exhibir en el panorama lírico español y europeo. Baste citar sus conciertos escenificados del Misteri d’Elx en la sede de la UNESCO en París, el auditorio del Centro Cultural Conde Duque y el Auditorio Nacional de España en Madrid o, a nivel internacional, los de Londres en el teatro St. John’s Smith Square y en el Festival Internacional del Castell de Perelada(Cataluña). Y por supuesto, qué decir de la Coral Tabaquera Alicantina, con 42 años de historia y un prestigio sólidamente consolidado que la sitúa entre las más prestigiosas y solicitadas de la Comunidad Valenciana. Sus conciertos de la Santa Faz son ya un clásico y cita ineludible para los melómanos alicantinos.
Los beneficios del concierto fueron para ayudar a unas 40 familias de la parroquia
Pero esto son solo palabras y los lectores de la Hoja del Lunes podrían tacharme de exagerado o complaciente, y errarían. Bastó comprobar la larga salva de aplausos y el entusiasmo que suscitaron entre el público todas las interpretaciones de un recital cuyos beneficios fueron destinados a la organización local de Cáritas de la propia parroquia, cuya representante agradeció emocionada la generosidad de la asociación cultural que servirá para ayudar a más de 40 familias necesitadas asistidas por la organización católica. Probablemente una mayoría de los asistentes, en su mayoría parroquianos, nunca mejor dicho, de los capuchinos de San Pascual, no podían imaginar que iban a disfrutar de una exhibición vocal y escénica que no hubiera desmerecido en escenarios como el Auditorio Nacional de Madrid o el Liceo de Barcelona. Y es que el empaque y la generosidad de los componentes del coro rivalizaron con la excelente dirección, natural y libre de manierismos de Manuel Ramos, una persona cercana y accesible que no puede evitar contagiar su amor por la música a los asistentes y que no dudó en invitar al público a entonar el “Gloria” en la pieza final, colofón excelente acompañado de dos trompetistas profesionales como son Daniel Cea y Adrián Garrigós, que asombraron al público por su virtuosismo. Una asistente, admirada, apenas daba crédito: “Pero las trompetas, ¿no son grabadas?”.
Entremedio dos excelentes solos de famosas piezas navideñas como son White Christmas y Noche de Paz a cargo de las solistas María Carras y Sonia Huertas y una primera parte basada en piezas del Cancionero de Upsala excelentemente seleccionadas y que raramente se pueden disfrutar en otras citas con más fama o especializadas de música sacra. ¿Y el Adeste fideles? Una pieza que no puede faltar en este tipo de citas y que no por más conocida deja de imbuir al que la oye, sea o no creyente, de una paz y una espiritualidad que pocas composiciones —se nos ocurre el Lacrimosa de Mozart— pueden conseguir. Por poner un pero, la escasez de jóvenes y niños entre la audiencia, un mal endémico con la música sacra en estos tiempos de youtubers y reguetón —sin menoscabo de la riqueza rítmica de los ritmos latinos— pero es signo de los tiempos que vivimos. Una de las pocas infantes, de ocho años, que pudo disfrutar de las interpretaciones aseguraba al salir que, aunque al principio “parecían canciones aburridas”, había acabado disfrutando “de las trompetas y el órgano” y de unas voces que sólo pudo calificar con entusiasmo de esta manera: “Papá, parecen ángeles”. Nada que añadir.













Excelente reseña de un gran concierto en el templo de San Pascual, cuya sagrada imagen presidió desde lo alto del retablo un concierto memorable. Los Capuchinos de la calle Reyes Católicos de la capital alicantina son grandes mecenas de la cultura. Tuve la suerte de disfrutar del regalo de la gran Coral Tabaquera. ¡Feliz Navidad, Manuel!