Opinión

Lágrimas de cocodrilo

Fotografía: Priscilla Du Preez (Fuente: Unsplash).

El verano llega a su fin y se acerca la vuelta al cole. Cada año este periodo implica nuevos procesos emocionales. Centenares de niños pasan de rellenar sus días de juego libre, tiempo compartido con los familiares y ritmo lento, sin demasiados horarios o ninguno, a ver pinchado en la pared un folio con el horario de la próxima semana en el que cada minuto está ocupado y en donde las decisiones las han tomado adultos que ni siquiera forman parte de su familia.

La vuelta al cole significa que cada año una gran cantidad de niños menores de seis años tendrán su primera experiencia pasando varias horas al día fuera de casa, un adulto de confianza les acompañará hasta un centro en donde le dejarán y será recogido tras tres, cinco u ocho horas. Se trata de un lugar desconocido para él y las personas que ahora están a su cargo también lo son. En esta nueva experiencia no existen personas con las que haya tenido un tiempo para crear vínculo, por lo tanto, sus sensaciones y sus emociones pueden llegar a ser bastante difíciles de gestionar a su edad. Encontrarse allí, solo, sin saber qué va a pasar, puede resultar bastante duro y aterrador.

Durante los primeros años de infancia, el apego, la seguridad y la estabilidad emocional suponen una parte imprescindible para el desarrollo a lo largo de su vida, así es que durante semanas escucharemos gritos y llantos de niños al pasar por la puerta de guarderías o escuelas infantiles. Cuando de esta situación se trata, resulta muy común escuchar frases como que “lloran con lágrimas de cocodrilo” o que “nos chantajean emocionalmente a los adultos para que no les dejemos en ese lugar y corramos hacia ellos a cogerles en brazos y a abrazarles”. Ahora, querido amigo, te invito a preguntarte, sabiendo que eso llega a calmarles, qué es lo que una persona pide cuando tiene sed, qué es lo que una persona pide cuando tiene hambre, qué es lo que una persona pide cuando tiene frío, qué es lo que una persona pide cuando tiene sueño. Teniendo las respuestas claras, qué es entonces lo que nos lleva a pensar que son lágrimas de cocodrilo las que brotan de sus ojos, qué es lo que nos lleva a pensar que están haciendo chantaje emocional y que lo único que quieren es salirse con la suya.

La teoría del apego y la ciencia han demostrado ya desde hace demasiados años la importancia que tiene para un niño sentirse emocionalmente seguro. También Maslow nos lo demostró hace décadas con la pirámide de las necesidades de un ser humano. Por lo tanto, qué es lo que nos impide todavía a día de hoy escuchar las peticiones y los llantos de esos niños que no quieren separarse de sus familias porque aún no están preparados, porque por edad y madurez evolutiva aún no ha llegado su momento de abrir las puertas y lanzarse a la sociedad por sí mismos.

También es frecuente escuchar cuando hablamos de la incorporación a la escuela en el mes de septiembre que “realmente es un poco de tiempo el que lo pasan mal mientras estamos los adultos de referencia presentes, ya que en cuanto nos vamos enseguida comienzan a jugar y a reír como si nada hubiera pasado”. No es que estén fingiendo, no es que estén preparados para quedarse solos en un lugar desconocido, lo que pasa es que nuestros niños están preparados para sobrevivir, para superar las adversidades y, ya que tienen que pasar varias horas en ese lugar, prefieren pasar página e intentar disfrutarlo al máximo posible. No significa, sin embargo, que eso sea lo mejor para ellos.

En mi opinión, no deberíamos juzgarlo ni tomarlo a la ligera, sino en caso de no poder evitarlo, mirarlo con conciencia y valorarlo incluso delante de ellos mismos. Dejar que un niño llore sin consuelo tiene unas consecuencias naturales en la emoción y la química de su cuerpo que ya no podemos negar. Estas experiencias quedarán grabadas en su ser para el resto de su vida así es que, en caso de no poder evitarlo, en caso de que realmente necesitemos dejar a nuestros bebés en un centro durante el día, lo que sí invito es a buscar un lugar en el que nos permitan acompañar de manera respetada al 100 % el proceso de adaptación y de vinculación del niño con el centro y los acompañantes ya que esa experiencia será un paso muy importante para el resto de su vida tanto en el ámbito de la socialización como en el ámbito de la conexión contigo y su emocionalidad. Por ello, deseo que este septiembre hayáis encontrado el centro que mejor se adapta a vuestras necesidades y que viváis este proceso con la mayor conciencia y amor posible ya que cada paso cuenta.

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Merce Pérez

Soy Merce Pérez, trimadre, doula, asesora de crianza consciente y educación emocional, autora de los libros “CONECTADOS. El Arte olvidado de la Crianza Consciente” y “Crianza en la Naturaleza, Educación en Valores”, pero, sobre todo, inspiradora de madres que desean conectar con sus hijos y potenciar el desarrollo de su ser esencial mientras viven la crianza de manera consciente y respetuosa, basada en el amor y la comunicación. Hace trece años nació mi mayor maestro, mi hijo Marcos, un espíritu libre con el carácter de un líder nato. Acompañar su desarrollo desde la confianza y el amor me devolvió como regalo el privilegio de ser el primer testigo de verle crecer con una gran autoconfianza, seguridad y manejo de sus posibilidades. Algunos errores que cometí en el camino también me mostraron el efecto que provocaban. Ahora, con toda mi experiencia y formación, acompaño a familias para que puedan vivir el desarrollo de la mejor versión de sus hijos.

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