Opinión

La naturaleza, un bálsamo para las relaciones familiares

Fotografía: Merce Pérez.

Cada vez tenemos más, llegamos más lejos y alcanzamos mayor número de comodidades; el desarrollo es innegable. A su vez aumenta la infelicidad, el distanciamiento familiar, las consultas a profesionales de la salud y la familia. Y es que todo marcha a un ritmo mucho más rápido que la verdadera vida y día tras día olvidamos dedicar tiempo a lo más importante: mi vida hoy.

¿Hace cuánto tiempo de tu último encuentro contigo mismo, a solas, en silencio? ¿Y de tu último encuentro con tu pareja? ¿Y del último con cada uno de tus hijos? ¿Cuánto tiempo hace del último paseo sin prisas, de la última conversación? Corremos y corremos y en medio se generan vacíos que crecen generando una gran distancia emocional. En el momento en que sentimos la sensación duele y buscamos con qué rellenarlo, pero nada, absolutamente nada sirve, excepto lo que ha de ser.

La naturaleza no diseñó a la raza humana para producir ni para correr sin descanso, la diseñó para vivir. Sin embargo, los magníficos avances que hemos llegado a alcanzar nos han traído grandes ventajas y oportunidades, al igual que han provocado situaciones enfrentadas con parte de nuestras necesidades más básicas.

Si recuerdas, en la pirámide de Maslow podemos observar que el primer nivel lo ocupan las necesidades físicas como el alimento, la hidratación, el sueño… y en el segundo nivel encontramos las emocionales y afectivas. Sin embargo, esto es sólo una evidencia más, una evidencia que nos muestra desde el exterior lo que podemos corroborar al conectarnos y escuchar nuestro interior.

Fotografía: Merce Pérez.

¿Qué hacer entonces? ¿Aceptamos seguir adelante a toda costa? ¿Normalizamos que las familias crezcan siendo auténticos desconocidos? ¿Volvemos atrás, negando y rechazando todo el avance conseguido?

Si eres de los que necesita estudios científicos, sentirás tranquilidad al saber que son numerosos los que demuestran el maravilloso e indiscutible efecto que la naturaleza tiene en nosotros como individuos y para la familia en conjunto:

  • Tranquilidad. El contacto con la naturaleza nos proporciona una tranquilidad que se aplica a cada miembro de la familia, liberando tensiones.
  • Felicidad. Son muchos los estudios que demuestran que el sol, el aire fresco y la actividad al aire libre mejora el estado de ánimo.
  • Menos propensión al sobrepeso. Está demostrado que la actividad física al aire libre ayuda a mejorar la salud en general.
  • Mejor visión. Los estudios médicos demuestran que la exposición a la luz natural y la vitamina D tienen efectos importantes sobre la salud y el desarrollo del ojo.
  • Mejores estudios. Los niños que juegan al aire libre tienen más capacidad de atención y tolerancia a la frustración, ya que han podido liberar su energía, en lugar de retenerla al permanecer en espacios cerrados. Además, la oxigenación del cerebro muestra unos efectos realmente asombrosos.
  • Creatividad. El juego y el material no estructurado que la naturaleza nos ofrece da rienda suelta a nuestra imaginación y abre la puerta de la creatividad.
Fotografía: Merce Pérez.

El tiempo compartido es el mayor tesoro que podemos regalar a una persona. Compartir tiempo de calidad con nuestra familia es permitir que nuestros lazos se estrechen, nuestras miradas se encuentren y nuestros corazones latan al ritmo de cada estación. ¿Qué es lo que más recuerdas de esa persona que te marcó? ¿Quién te inspiró y cuál fue la diferencia para que calara hondo en tu ser?

Desde un estado de calma y bienestar podemos reconectar con cada uno de los miembros de nuestra familia, aprovechando la oportunidad para tejer el tipo de relaciones que deseamos ver crecer. La naturaleza es ese espacio que tanto nos pertenece por origen y al que debemos volver para recuperar el equilibrio.

¿Te animas?

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Merce Pérez

Soy Merce Pérez, trimadre, doula, asesora de crianza consciente y educación emocional, autora de los libros “CONECTADOS. El Arte olvidado de la Crianza Consciente” y “Crianza en la Naturaleza, Educación en Valores”, pero, sobre todo, inspiradora de madres que desean conectar con sus hijos y potenciar el desarrollo de su ser esencial mientras viven la crianza de manera consciente y respetuosa, basada en el amor y la comunicación. Hace trece años nació mi mayor maestro, mi hijo Marcos, un espíritu libre con el carácter de un líder nato. Acompañar su desarrollo desde la confianza y el amor me devolvió como regalo el privilegio de ser el primer testigo de verle crecer con una gran autoconfianza, seguridad y manejo de sus posibilidades. Algunos errores que cometí en el camino también me mostraron el efecto que provocaban. Ahora, con toda mi experiencia y formación, acompaño a familias para que puedan vivir el desarrollo de la mejor versión de sus hijos.

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