El gran gurú del espectáculo circense más esperado del último medio siglo está a punto de pedir nuevamente pista. Sabe que todos le miran. Ahí está él, solo ante el peligro. Es, otra vez, su momento, un tiempo y una cita largamente acariciada. Expectación máxima. El más difícil todavía parece estar por llegar.
Todo lo sucedido hasta ahora, el nombre de otros artistas estelares que le acompañaron en este circo y que —algunos— aún le acompañan —Rajoy, Iglesias, Casado, Rivera, Feijóo, Díaz…— se les ve opacados, orillados por su atrevimiento y su capacidad para enfrentar el riesgo. Todos ellos eran, son, acaso parecen, solo prolegómenos de un presente a cara o cruz, parte de un decorado y un trámite para el gran día que es hoy.
“Perro” Sánchez, nombre artístico del más amado y al tiempo más odiado trapecista del último medio siglo en la galaxia al sur de los Pirineos, quiere hacerlo una vez más. Demostrar que la historia nunca está escrita, que las palabras y las promesas son flexibles y que su significado y trascendencia hay que acompasarlas a la música de la orquesta.
Contra todos los presagios y contra todas las evidencias, incluso contra la opinión de una parte relevante del elenco artístico que dirige con mano de hierro, está dispuesto a intentarlo otra vez, quiere pasar a la historia como el hombre que hizo que lo que parecía imposible pudiese un día formar parte de la realidad.

Le observas de lejos, expectante, y ahí le ves, un tanto hierático, firme, con gesto impenetrable, como si no tuviera sentimientos, como si todo lo que le rodea no le influyese, como si se pudiera vivir sin mostrar un atisbo de duda. Le miras y ahí está, aguantando estoicamente las embestidas y el desprecio más inmisericorde de unos, los insultos y las amenazas de una parte del público que ya solo espera su fracaso, y todo ello en medio de un mar de vaticinios de apocalipsis —Abascal dixit mismamente—, pero él, ajeno al ruido, enfrascado en un traje que repele el riesgo, dice estar dispuesto a intentarlo una vez más. Acaso sea una última vez.
Él, solo él, sabe que en esta ocasión la acrobacia es al límite, pero también sabe que sus giros inesperados son su fuerte. Sin ellos no sería nada. Nunca habría llegado hasta aquí. Sin ellos no levantaría las pasiones que levanta, casi tantas como el aroma de desprecio que deja a su paso.
Silencio. Repique de tambores. En la pista se puede mascar el silencio. También la tragedia. Es —otra vez— un salto sin red al que muy pocos se atreverían. Se huele el desastre. O la gloria de quien soñó que podría cambiar el giro de la historia, de quien pensó que podría domesticar el significado de las palabras. Todo por decidir. Empieza el gran espectáculo. Calla la orquesta. Es su hora. La hora de “Perro” Sánchez.













Visitor Rating: 5 Stars
O la hora de S.M. el Rey Don Felipe VI… A esperar…
Visitor Rating: 2 Stars