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El vino ecológico se abre paso en la Costa Blanca

Fotografía: Juan José Berhó (Fuente: Pixabay).

Chei, deixa de treballar un poquet, que és l’hora de l’almorçaret. Anem al bar a fer-nos un vi moscatell o una mistelita amb una coca per a la ‘picaeta’. ¿A quién no le han propuesto alguna vez tomarse un chato de vino al salir del trabajo? Esto es típico de la provincia alicantina desde tiempos mucho más antiguos de lo que se imaginan. De hecho, todavía existen dudas sobre si el cultivo de la vid en Alicante comenzó con los íberos o con los fenicios, aunque parece claro que fue con el Imperio romano cuando se comenzó a producir a gran escala.

Las primeras documentaciones escritas sobre el vino de la provincia datan del siglo XV, época en la que comenzó a ser exportado a países como Francia o Inglaterra, aunque ya aparece en algunos siglos anteriores escrito en poemas mozárabes. Desde entonces, la producción vinícola y natural, creció y obtuvo cierta reputación a lo largo de todo el territorio español. En el siglo XX llegaron los pesticidas, los aditivos y demás productos para facilitar el cultivo, acabar con las plagas y corregir la vid. Los productos químicos, junto al boom turístico y la edificación de terrenos, mataron parte de la tradicional cultiva de la vid alicantina. Hasta que llegó el siglo XXI y la conciencia verde. Cada vez son más las bodegas que optan por un cultivo ecológico en sus viñas, respetando el medio ambiente y generando un ecosistema propio.

La producción ecológica se ha disparado en la Comunitat Valenciana. Las condiciones climáticas de la Comunitat y la cercanía con el mar son propensas para poder realizar cultivos de forma ecológica, sin tener que intervenir ni alterar el flujo natural del ecosistema. En Alicante, sobre todo, se cosecha con más facilidad en los cultivos de secano. Esto se refleja en las cifras y es que, según el Informe del Sector Ecológico de la Comunitat Valenciana de 2020, la cosecha ecológica ha crecido en 69.647 hectáreas en los últimos cinco años. Un cultivo en el que predomina la vid. La superficie certificada ecológicamente para viñedos es la más grande del territorio valenciano, con 13.762 hectáreas.

La Comunitat Valenciana tiene 13.762 hectáreas para viñedos certificadas como ecológicas

Respecto a la provincia de Alicante, los viñedos ocupan el cuarto lugar con 2.033 hectáreas certificadas como ecológicas. Aunque, eso sí, hay que destacar que la provincia alicantina es la que tiene una mayor producción ecológica estimada de la Comunitat, con un 25,1%.

Alicante es una provincia de tradición vinícola y tiene dos uvas que destacan como las reinas del territorio: la monastrell y la moscatel. La primera podemos encontrarla a lo largo de todo el territorio alicantino, sobre todo en el Alt Vinalopó. La segunda es mucho más habitual en la Marina Alta. Precisamente en esta comarca cultiva Luis Serra, propietario de Aida i Luis Vinyaters. El bodeguero usa “la moscatel para uva blanca y la giró para tinta”.

Luis Serra explica que “la moscatel es un tipo de uva asociada al Mediterráneo, que está muy cerca del mar”. Cultiva la uva moscatel en Benitatxell, municipio costero situado entre Jávea y Teulada, cumpliendo con el dicho: Benitatxell, frescoreta i moscatel. Esta región es propicia para este tipo de uva porque “el vino del sudeste es marino y hace que la piel de la uva sea gruesa y tenga buen sabor”.

Uva moscatel (Fuente: Turismo Benitatxell).

Aida i Luis Vinyaters practican la agricultura ecológica, tan solo utilizan azufre en polvo para tratar los hongos. Además, cultivan en vaso, es decir, sin ningún tipo de sujeción para conducir la vegetación, y en hectáreas pequeñas para poder hacerlo en secano, sin utilizar ningún tipo de riego.

Sin embargo, no tienen el sello de ecológico. Luis Serra afirma que si no han pedido el certificado de la Comunitat Valenciana ni el de la Unión Europea es por los cultivos vecinos. “En la Marina Alta hay minifundios y es muy complicado certificar porque, aunque yo no utilice productos, si el de al lado sí los usa, puede salir en los análisis”. Los sellos de certificación realizan análisis continuos para asegurar que la uva es 100% ecológica.

Jordi Martínez, trabaja con la marca de vinos Medi Natural, elaborado con uvas monastrell y shiraz. Ellos sí tienen el certificado ecológico. Comenzaron a cultivar en ecológico por las subvenciones ofrecidas por la Unión Europea y porque tienen “unos principios ecologistas, queremos sostener el medio ambiente”. Detrás de la historia de las viñas se esconde una defensa acérrima por el entorno y el monte. “En mi pueblo, L’Alguenya, se explotan las canteras de mármol y solo quedaba un monte, que ya habían empezado a explotar. Para impedirlo, compramos parte del monte que estaba en manos privadas y cultivamos la vid”, relata.

Viñedos de Medi Natural en L’Alguenya (Fotografía: Vinos Medi Natural).

Las viñas en las que trabaja Jordi Martínez son de la uva shiraz y colabora con otro agricultor que cosecha monastrell. Una vez realizado el cultivo en espaldera, es decir, en paralelo, mandan la uva a la cooperativa Bodegas Pinoso, donde pasan el proceso de fermentación y embotellado. Vinos Medi Ambient cultiva en ecológico y tienen el sello tanto de la Unión Europea como el de la Comunitat Valenciana.

El certificado ecológico de la Unión Europea se consigue de acuerdo al Reglamento de Ejecución n.º 203/2012 de la Comisión Europa. El cultivo ecológico de las viñas no permite usar pesticidas, fungicidas sistemáticos ni herbicidas químicos. Además, tampoco está autorizado utilizar fertilizantes químicos ni abonos minerales. Respecto al trato en bodega, permite la manipulación de enólogos, pero de forma muy limitada, con un máximo de sulfitos de 100 mg/litro para los vinos tintos y de 150 mg/litro para los vinos blancos. En el caso de Vinos Medi Ambient, utilizan cobre para los hongos y algún corrector en el proceso de fermentación, aunque siempre en dosis muy pequeñas para que no alteren la sostenibilidad del entorno.

El certificado ecológico aporta valor a la marca, pero también una subida de precio derivada de los costes de este cultivo y una visión de producto caro. Por esta razón hay algunas bodegas que, pese a cultivar en ecológico, no están certificadas. José Antonio Valera, comercial de Bodegas Santa Catalina, reconoce que pese a tener 13.000 hectáreas de viñedo, un alto porcentaje cultivadas con agricultura ecológica, no piden la certificación para sus vinos porque “el cliente de hostelería no cree que tenga un valor añadido y no paga la diferencia por el tratamiento”. No obstante, sí que venden la uva a otros clientes que elaboran vino ecológico.

Logotipo del certificado ecológico de la Unión Europea.

Andrés Carull, enólogo y director de comercio exterior de Vinessens, bodega villenense que tan solo cultiva con uva ecológica, reconoce que en España todavía no hay un aumento de demanda en vinos ecológicos, aunque sí de vinos naturales. Sin embargo, sí afirma que “el consumidor cualificado consume marcas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente”. En este aspecto, España todavía está lejos de los países centroeuropeos y escandinavos, donde el vino ecológico, según revela Carull, tiene “mayor tirada porque hay una generación de gente joven, entre los treinta y los cincuenta años, con una mayor conciencia de los problemas de sostenibilidad y respeto a su salud y consumen vinos bio”.

Vinessens trabaja en agricultura ecológica desde un plano de mínima intervención. Certificados por la Comunitat Valenciana desde 2019, Andrés Carull afirma: “Somos grandes defensores de la agricultura ecológica y sostenible. Somos ecologistas, nuestra cesta de la compra así lo es, desde los huevos hasta las frutas. Más que una forma de producir, es un forma de vivir, una forma de entender la agricultura”.

Esta bodega realiza el proceso de fermentación en Villena, pero también tiene cultivos en La Mata, pedanía de Torrevieja. Trabaja con uva monastrell, la variedad autóctona alicantina por antonomasia, pero desde que consiguieron el certificado apuestan por defender el patrimonio vinícola y cultivan uvas que estaban comenzando a perderse como la bonicaire o la garnacha peluda.

Fotografía: Vinessens.

Carull cree que “cultivar de forma ecológica y estar certificados en la Comunitat Valenciana debería ser obligatorio” para la vinicultura alicantina porque la provincia tiene unas condiciones climáticas muy favorables para el cultivo. El enólogo afirma que, aunque sea más costoso, es necesario incentivar este cultivo porque los productos no solo atacan a las plagas, sino que también terminan con la fauna. “Estamos produciendo un desequilibrio muy grande por culpa de la industria fitosanitaria. Hay muchos enemigos naturales de las plantas a los que estamos matando y solo con respetarlos ayudarían a luchar contra las plagas”, sentencia. Y añade que “hay que buscar un equilibrio, vigilar más la viña y tratar menos”.

“Cultivar de forma ecológica en Alicante debería ser obligatorio”

Andrés Carull, Vinessens.

Vinessens tiene cultivos ecológicos, biodinámicos y naturales. Andrés Carull define estos cultivos de la siguiente forma: “En una escala de permisividad respecto al vino, el convencional estaría por arriba porque utiliza infinidad de productos, por debajo estaría el ecológico, mucho más restrictivo, después el biodinámico y, finalmente, el natural”, forma de cultivo en la que está prohibido utilizar cualquier tipo de aditivo, ni tan siquiera en la bodega, por lo que se fermentan de forma natural. Vinessens tiene viñas de los tres tipos, aunque en todas cultiva siguiendo el calendario biodinámico.

Cultivo biodinámico

El cultivo biodinámico es un método de agricultura ecológica basado en la creencia de Rudolf Steiner, filósofo austriaco que vivió entre 1861 y 1925, de que la luna, las estrellas y los planetas tienen influencia en la producción agrícola. El método comenzó a utilizarse hace unos cien años, en la década de los veinte del siglo pasado.

Los vinos elaborados en cultivo biodinámico son tratados de forma equilibrada y respetuosa con el medio ambiente. La viticultura prioriza la salud del viñedo, entendiéndolo como un pequeño ecosistema con vida propia. Además, sigue el calendario lunar para realizar el cuidado de la vid y la recogida de la uva. Muchos de los agricultores que la practican plantan plantas con propiedades curativas como la manzanilla o los dientes de león entre los viñedos para favorecer el cuidado del terreno.

Fotografía: Vinessens.

En el caso de Vinessens, tanto los vinos biodinámicos como los ecológicos y los naturales siguen el calendario biodinámico en el proceso de cuidado de la vid. Además, una vez en bodega, fermentan de manera natural.

En la provincia de Alicante, Bodegas Faelo, de Elche, es una de las más representativa en el cultivo biodinámico. Jaime Soto, gerente, explica que sus cultivos se basan “en las fases de la luna por la atracción de esta sobre los líquidos”. Defiende que la atracción lunar “sube y baja la savia” entre el tallo y la raíz, donde recibe los nutrientes y que controlar esta influencia es clave para que la vid crezca mejor y la uva sea de mayor calidad.

Soto nos revela algunas de las fases del calendario lunar. Para abonar el viñedo intentan realizarlo en días sin luna porque es cuando hay menos atracción de los fluidos y la savia está en las raíces, por lo que la savia absorbe y aprovecha sus nutrientes. En el caso del tratamiento sobre las hojas, buscan una luna llena o creciente porque la savia está más cerca de las hojas. Finalmente, para la poda, buscan una luna nueva o, como mínimo, que no sea creciente, para que la savia esté lo más alejada posible del tallo o las hojas.

En el cultivo biodinámico, la atracción de la luna, las estrellas y los planetas marcan las fases de la labranza

El proceso continúa tras la recogida de la uva –a mano– con el pisado y despalillado de los racimos. Después la dejan fermentar. De acuerdo con la normativa de los vinos biodinámicos, no utilizan levadura artificial, sino que es la propia levadura de la uva depositada en la piel de la uva y en el ambiente. Tras dos semanas de fermentación dejan que se limpie durante uno o dos meses, antes de pasarlo a la barrica o al embotellado, depende de si el vino es o no de crianza.

Vinos naturales

Bodegas Faelo no solo cultiva siguiendo el calendario biodinámico, sino que también lo hace de forma natural, acreditados con el sello de la Comunitat Valenciana. El cultivo natural es un tipo de agricultura muy respetuosa con el medio ambiente y a pequeña escala. Es mucho más exigente y estricto con el uso de químicos que el ecológico o el biodinámico, tan solo permite el uso de azufre natural. Además, exige que el agricultor tenga cierto arraigo y vinculación con el territorio, así como que sus vinos sean catalogados como “de autor”.

En España hay un repunte de vino natural y cada vez son más los pequeños agricultores que optan por realizar este tipo de agricultura. Jaime Soto optó por recuperarlo cuando heredó la gerencia de Bodegas Faelo de su padre, en el año 2000. Su padre sí optó por el uso de fungicidas y él observó que, al utilizarlos, “la levadura y parte del ecosistema desaparecen y, además, la calidad el vino no aguanta demasiado”.

Jaime Soto se muestra muy orgulloso de haber recuperado la agricultura natural porque “vuelve la vida al viñedo, la tierra es más sana y regresan pequeños insectos que habían desaparecido, como las mariquitas, un insecto que ayuda a las viñas porque se come el pulgón, un bicho que arruga las hojas”.  Y añade: “Esa vida ecológica se transmite en la calidad del vino”.

“Gracias a la agricultura natural vuelve la vida al terreno, la tierra es más sana y regresan insectos como las mariquitas”,

Jaime Soto, Bodegas Faelo.

Mar Cabanes, de La Zafra, una microbodega de Monóvar, también ha apostado por los vinos naturales; sigue un cultivo agroecológico con un modelo de mantenimiento del territorio campesino, sin añadir apenas dos o tres pasadas de azufre al año y sin practicar ninguna corrección del vino en bodega.

La vinicultora advierte que el cultivo natural otorga más importancia a la calidad de la uva porque, al no introducir ningún añadido en bodega, tienen que seleccionar tan solo las que estén en perfectas condiciones para producir un vino de calidad.

Fotografía: Vinos La Zafra.

Mar Cabanes defiende que, al no utilizar ningún producto químico, se evitan los dolores de cabeza y, al ser un “vino vivo, con bacterias vivas”, se crea un producto probiótico que puede favorecer al sistema digestivo… siempre que se tome con moderación, claro.

Los vinos naturales también reflejan diferencias en el sabor. El vino no ha sido corregido y se ha formado con mucha más libertad, por lo que destilan diferentes aromas y sensaciones, con un sabor más marcado por el clima del territorio y, en el caso del cultivo costero, por la influencia del viento marítimo.

Alicante está viendo crecer cultivos ecológicos, biodinámicos y naturales en los últimos años. Pese a que el sector turístico ha arrasado multitud de hectáreas –en la comarca de L’Alacantí apenas existen ya viñas– la sostenibilidad y la conciencia ecológica hacen mella en la Costa Blanca. Han vuelto a nacer pequeños ecosistemas dentro de sus viñas. La provincia, tras muchos años de pesticidas, fungicidas y demás -idas, vuelve a latir a un ritmo sostenible.

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Miguel A. Sánchez

Periodista y alicantino, no necesariamente en ese orden. También soy graduado en Publicidad y Relaciones Públicas, aunque lo mío es juntar letras. El mundo es una constante de idas y venidas. Alguien tiene que contar lo que ocurre.

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