MARINOS ILUSTRES ALICANTINOS – D. Francisco Zaragoza y Such
Era un miembro más de la dotación del crucero “Vizcaya” y anónimo para nuestra historia, hasta que el 3 de julio de 1898, fecha maldita pero a la vez honrosa y heroica, participó en el enfrentamiento entre la flota española del Almirante D. Pascual Cervera Topete y la americana del almirante Sampson, en el conocido combate naval de Santiago de Cuba. A partir de ese día, el condestable D. Francisco Zaragoza y Such pasó de ser un desconocido en la historia de España para convertirse en el héroe que la defendió hasta dar la vida por ella a la edad de 25 años.
Quizás, a fuerza de ser correctos, tendríamos que relatar su biografía comenzando por su nacimiento, árbol familiar, su vida civil dividida en infancia y juventud y su vida militar hasta su muerte. Eso sería lo correcto, pero no sería lo más importante, porque seguiría en el anonimato para la historia. Lo importante es lo que hizo ese 3 de julio de 1898, día en el que él, junto con muchos más anónimos, convirtieron una página desgraciada de nuestra historia y de nuestra Armada, en otra llena de heroísmo.
Sería muy fácil el contar el hecho glorioso de ese día, en el que el condestable Zaragoza ingresó en el Olimpo de los héroes, adornándolo con frases grandilocuentes, nacidas de lo que hemos leído sobre él, pero estarían vacías de contenido, porque no han sido vividas por el autor de este artículo. Mejor será, que sean algunos de los que presenciaron el hecho y que estuvieron junto a él hasta su muerte, los que nos dejen el relato de lo que fueron, para ellos y para el condestable Zaragoza, aquellos momentos tan difíciles.
Testimonios de la época
El diario “El Cantábrico” entrevistó a un marinero del crucero “Vizcaya” que sobrevivió a aquella desastrosa batalla naval. Una de las preguntas que le hizo el entrevistador fue: ”¿Recuerda algo sobresaliente de aquel día?”. El marinero podría haber dicho cualquier cosa que le hubiera impresionado, desde el impacto de los proyectiles enemigos en la cubierta del barco, pasando por los incendios que provocaron, el forzado abandono que se produjo cuando el barco se hundía, o el trecho de mar que tuvo que hacer nadando para alcanzar la costa. No habló de eso, sólo dijo lo siguiente: “Sí señor, recuerdo al condestable Zaragoza, que con todo el vientre destrozado y el pecho abierto por un casco de granada, seguía luchando desesperadamente, y cuando ya tenía las fuerzas agotadas pedía, por Dios, a un guardiamarina que le pegase un tiro y lo arrojase a la mar envuelto en la bandera de España”.

Es posible que este marinero no recordase exactamente el hecho tal y como sucedió, o que quizás el condestable, soportando un dolor tan grande producido por la heridas, entrara en un delirio que le llevara a pedir al guardiamarina que acabase con su vida. Hay que imaginarse lo que estaba sucediendo en esos momentos, cuando el propio cañón del que estaba al mando Zaragoza estaría devolviendo el fuego a los barcos americanos y a la vez estarían explosionando en la cubierta los proyectiles del enemigo. La confusión sería tan grande que el marinero pudo oír algo diferente a lo que contestó a la pregunta que le hizo el reportero. Además, hay que añadir que este marinero estuvo prisionero en un campo americano en la isla de Seavey en el estado de New Hampshire frente a la ensenada de Portsmouth durante casi dos años, y fue uno de los pocos que sobrevivieron al cautiverio, en donde el tifus hizo estragos entre los allí detenidos. Con esto no queremos decir que el marinero mintiera o exagerara conscientemente, sino que las calamidades que se vio obligado a vivir y el tiempo transcurrido desde que sucedió el hecho, pudieran haber influido en su memoria.
Por cierto, esta isla se encuentra situada en la desembocadura del rio Piscataqua, en la frontera entre los estados de New Hampshire y el de Maine, y ha sido motivo de polémicas al atribuirse ambos estados su pertenencia. A la vista de la elección de este campo de internamiento, se me ocurre pensar que se podía haber elegido otro sitio tan idóneo como este, a lo largo de la costa atlántica de los EE.UU, y no recorrer la larga distancia de aproximadamente mil trescientas millas náuticas que existen entre Cuba y estos estados norteños.

De alguna manera, fue una especie de “tortura psicológica” para recordarle a los españoles cautivos el incidente del “Maine”, origen de la guerra. Los norteamericanos mantuvieron siempre que el hundimiento del “Maine” había sido causado por una mina española, argumento que la prensa yanqui se encargó de manipular y ampliar para que se declarase la guerra a España con el propósito de asentarse en Cuba y consolidar su presencia política y comercial en el Caribe. Fue, a mediados del pasado siglo, cuando una comisión de expertos, presidida por el Almirante americano Rickover, llegó a la conclusión de que el hundimiento se produjo cuando una carbonera del “Maine”, que tenía almacenado carbón bituminoso, ardió espontáneamente y comunicó el calor a un pañol de pólvora contiguo que estalló.

Todos los españoles y en especial las familias de los que combatieron y resultaron muertos en la batalla, bien a bordo de los barcos, o la marinería desembarcada al mando del Capitán de Navío Bustamante, que combatió en las colinas de San Juan conjuntamente con la infantería, o en el campo de prisioneros, estamos esperando a que los americanos pidan perdón por una guerra tan injusta que dos empresarios de los periódicos más famosos de la época, Hearts del “New Journal” y Pulitzer del “New York World”, con sus editoriales y artículos llenos de mentiras para ganar más lectores y aumentar sus fortunas personales, soliviantaron a las masas para que se declarase la guerra a España. Fue el nacimiento de lo que se llama “prensa amarilla”.

La bandera de la batalla
Volviendo al acto heroico del Condestable Zaragoza, aportamos más datos con una carta que le mandó el capellán del “Vizcaya” a un personaje importante, del que no quiso dar a conocer su nombre, acompañada de los restos de la bandera que utilizó Zaragoza para tapar las heridas, que decía lo siguiente:
Excmo. Sr. D…
“Yo, que deseo con todo mi corazón la prosperidad de mi querida España, quisiera no se olvidasen jamás las causas de la tremenda catástrofe del 3 de julio último en aguas de Santiago de Cuba, ni el heroísmo de cientos de marinos que murieron serenos, en lucha diez veces desigual, por amor a su Patria, vitoreando a su nación, a su Rey y a su bandera.
Parte de esta (se está refiriendo a la bandera de combate del “Vizcaya”) Excmo. Sr., se salvó de las llamas por un rasgo de tiernísimo amor del tercer condestable Zaragoza. Herido gravísimamente, pidió con lágrimas en sus ojos se le vendasen con la gloriosa enseña las heridas causantes de su muerte. De ella, pues, le envio dos pequeños residuos, teniendo la satisfacción de asegurar a V.E. que fue defendida hasta el último momento con heroísmo y entusiasmo sin par por todos los tripulantes del “Vizcaya”, y, cual había prometido el dignísimo comandante que la recibiera de la Diputación de Vizcaya ( se está refiriendo al comandante que en su día, en un acto solemne, recibe la bandera de combate y la deposita normalmente en un sitio destacado de la cámara de oficiales o en su propio camarote, después de haber prometido defenderla hasta la muerte si fuera necesario) esta se utilizó para envolver los cuerpos y restañar la sangre de sus valerosos y heroicos defensores.
Conocido su amor y entusiasmo, en mejores manos no pueden caer esas pequeñas reliquias, que tantos sentimientos nobles y tanta significación encierran. Al enseñarla, publique V.E. que cien murieron bendiciéndola, y los sobrevivientes estaban dispuestos a imitarlos.
Queda de V.E. muy obligado servidor, q.b.s.m.- Matías Biesa, presbítero.”

A tenor de lo que se dice en esta carta, sobre los trozos de la bandera de combate que pidió antes de morir el condestable Zaragoza, parece que se salvaron, en parte, debido a esta gesta protagonizada por el citado condestable. De hecho, sobre estas reliquias, en la revista “La Ilustración Española y Americana” del 8 de enero de 1899, se escribía (textual) bajo el título “Trozos de la Bandera de Combate del crucero “Vizcaya…..” un artículo y se adjuntaba el cuadro con los trozos de la bandera que se puede ver en la página 16 de la citada revista.
Más testimonios
El 10 de julio de 1900, en la revista “Mundo Naval Ilustrado”, D. Joaquín M. Lazaga, hermano del capitán de navío, D. Juan Bautista Lazaga y Garay, comandante del “Oquendo”, que murió en el combate, publicó un artículo que comenzaba así:
“Bendita seas Patria”. Últimas palabras del condestable Zaragoza al morir sobre la cubierta del “Vizcaya”…
A continuación, el artículo continuaba con una serie de recriminaciones sobre el trato que se había dado, en los primeros momentos, a los participantes en esta batalla, por parte de la sociedad española con motivo de esta derrota, y los comparaba con lo que había sucedido con la derrota de Trafalgar, para decir a continuación el cambio que se había experimentado, por esa misma sociedad, en el segundo aniversario del combate naval.
“Aquella masa social que en los momentos más culminantes de la última guerra y de mayor aflicción patriótica convirtió en duelo nacional la muerte del torero Frascuelo, por cuya capilla ardiente desfilaron desde el magnate palatino, grande de España, hasta el chulo y la manola de los barrios bajos, mientras relegaba al olvido a los muertos de Cavite y Santiago sin perdonar la embriaguez y la chacota del tren botijo, los bailoteos de las verbenas y los cotillones del Casino de San Sebastián (para entender esta última frase, hay que recordar que la batalla se dio en pleno verano, en que se solían dar estos eventos y la escapada a Alicante para tomar los baños de mar en el tren botijo), esa masa social, repito, parece volver en sí y comienza a hacer justicia a los héroes auténticos que enrojecieron con su sangre generosa el mar del Caribe y de la China”…
Finalmente terminaba su artículo de la siguiente manera:
“Antes de concluir quiero recordarte (se está refiriendo a la Patria) aquellos tus pobres marinos que, glorificados por el martirio y sepultados para siempre en los abismos del mar, sucumbieron bendiciendo tu augusto y sagrado nombre.
Y traer a tu memoria la del infeliz y heroico Condestable del “Vizcaya” Francisco Zaragoza que con el vientre deshecho por un casco de granada, pidió a los que le rodeaban un pedazo de la bandera que se entregaba a las llamas para contener sus intestinos que asomaban por la horrible brecha, y envuelto en tan glorioso sudario entregó su alma a Dios, diciendo: ¡Bendita seas, Patria!
El autor termina el artículo añadiendo “Sí bendita seas”.
En un informe que se envió al Ministerio de Marina sobre las bajas que se habían producido en el combate, decía la forma en que murió el Condestable Zaragoza en el “Vizcaya”:
“D. Francisco Zaragoza, tercer condestable del “Vizcaya”. Murió como un héroe, destrozado, dando ¡vivas! a España y pidió un pedazo de la bandera de combate para que sirviera de mortaja”
Como se ha podido ver, los diversos testimonios aportados, coinciden en el hecho heroico que protagonizó el condestable D. Francisco Zaragoza sin lugar a dudas.
Homenaje
En su ciudad natal, Benidorm, en la que nació en el año 1875, tiene dedicada una calle con su nombre en la que hay una placa que dice lo siguiente:

”HONOR Y GLORIA A FRANCISCO ZARAGOZA SUCH, HEROICO
CONDESTABLE DE LA ARMADA. NACIDO EN ESTA CALLE, QUE DIO SU VIDA POR LA PATRIA A BORDO DEL CRUCERO VIZCAYA EN CUBA EL 3-07-1898.
SU PUEBLO Y EN SU NOMBRE, EXCMO. AYUNTAMIENTO Y ASOCIACIÓN VIRGEN DEL CARMEN.
BENIDORM, JULIO DE 1991″.
En la Armada dos barcos auxiliares han llevado su nombre, un guardacostas y un aljibe. Estos barcos fueron dados de baja en la L.O.B.A. (1) y actualmente no hay ninguno que lleve su nombre.
Mi lealtad y cariño por la Armada, a la que he servido durante cuarenta años, no me permite hacer una crítica ácida porque sería como tirarme piedras sobre mi propio tejado, pero creo que en el caso del condestable Zaragoza, no se ha hecho con él la debida justicia, para recordarlo en los siglos venideros, como lo que realmente fue: un patriota, un buen militar y un héroe que dio su vida por España. Por eso, ruego humildemente se tome en consideración, por las autoridades que corresponda, el incluir su nombre como homenajeado en la lápida que existe recordando a los héroes que también combatieron y murieron por España, en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.

En Alicante, ni tan siquiera está su nombre en el callejero de la ciudad, cuando el condestable Zaragoza lo merece. Ahora que está tan de moda el cambiar los nombres a las calles, que tomen buena nota, a los que corresponda, para tener en cuenta esta falta de “memoria histórica”. Menos mal que muy próximo a Alicante, en el Altet, existe una calle dedicada a este héroe.
Muchos de los lectores de este artículo, se habrán preguntado cuál era la categoría militar que tenía D. Francisco Zaragoza. Como se le ha nombrado reiteradamente, en este artículo, la de condestable tercero. El condestable de la época era el especialista en artillería y estaría asimilado a la del suboficial actual y, en este caso, al ser tercer condestable, sería la de sargento. Esta denominación de los especialistas en artillería ha sido hasta hace muy poco tiempo tradicional en nuestra Armada, como también la de contramaestre que todavía se sigue utilizando.
Como tantas otras cosas, el lenguaje marinero tradicional va desapareciendo, a medida que la técnica se va imponiendo en los buques de guerra. Los artilleros actuales son especialistas en los montajes de misiles y en los de artillería tradicional. Bien es verdad que los cañones actuales son tan automáticos que prácticamente no necesitan del hombre para manejarlos, quedando reducido el trabajo del artillero a controlar su funcionamiento y mantenimiento.

En este combate también participaron un buen número de alicantinos de los pueblos de nuestra provincia. El 3 de abril del 2005, en el dominical del diario “Información”, se publicó un reportaje que firmaba Cristina Martínez, en el que se daba a conocer el trabajo de investigación que inició Ramón Llorens y posteriormente continuado por otros investigadores, en relación con el combate de Santiago de Cuba y sobre todo de los jóvenes alicantinos, de nuestra provincia, que participaron en él.
El reportaje adjuntaba un listado de tripulantes oriundos de nuestra provincia de los diversos buques que entraron en combate. En ese listado venían relacionados 62 tripulantes, en los que había desde simples marineros, pasando por cabos, infantes de marina, un médico y oficiales, entre los que se encontraba el Alférez de Navío D. Emilio Pascual del Pobil Chicheri, miembro de una ilustre familia alicantina que ha aportado muchos de ellos al ejército y a la Armada.
Afortunadamente, de todos ellos sólo fallecieron cuatro, entre los que se encontraba nuestro condestable Zaragoza. De estos jóvenes que combatieron hasta el límite, sólo se puede decir que también fueron héroes que han estado en el anonimato sin que las generaciones actuales hayan sabido de ellos y que incluso en el tiempo que les tocó vivir, tampoco recibieron el reconocimiento al que se habían hecho acreedores. A lo largo de nuestra historia, se han producido episodios parecidos a este y no hemos sabido responder los españoles, en algunas ocasiones, con miras de grandeza y generosidad, ante aquellos que han derramado su sangre por servir a nuestra Patria independientemente de que el resultado haya sido negativo.
Para terminar, en los tiempos actuales es muy corriente no saber quiénes fueron héroes como el condestable Zaragoza. Nuestra población tiene la tendencia a olvidarse de ellos y de sus gestas en determinados momentos de nuestra historia, haciendo una verdad de aquella frase que hace casi dos mil años dijo Cicerón: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños”, que se podría complementar con aquella otra que dijo Benjamín Disraeli 1804-1881 (político y escritor): “A menudo los héroes son desconocidos”.
(1) L.O.B.A. Lista Oficial de Buques de la Armada.













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