Opinión

Efectos de la pandemia en el desarrollo de la socialización

Fotografía: Mircea (Fuente: Pixabay).

Dos años llevamos ya atravesando este período extraño para todos nosotros. El ser humano es un ser social por naturaleza y buena parte de su desarrollo pasa por una buena dosis de contacto social. La pertenencia al grupo y la identificación con el otro son vitales, principalmente durante la infancia y la adolescencia.

Siento la necesidad de escribir sobre este tema debido a que hemos recibido mucha información sobre el covid-19 a través de los medios de comunicación, pero no se ha hablado mucho sobre cómo las futuras generaciones están transitándolo. Echo en falta nombrar los efectos que esta experiencia provoca en niños que han crecido observando y normalizando una sociedad con la cara medio tapada, en niños que han pasado de ser juzgados por no compartir los juguetes en el parque a serlo ahora porque buscan hacerlo para interactuar con el otro, adolescentes que han tenido que reprimir su necesidad de grupo y, en general, una cantidad innumerable de niños y niñas que están creciendo con la semilla del miedo y la desconfianza en su interior.

Soy consciente de que todo esto es por una razón, no pretendo mirar hacia otro lado, pero esa misma conciencia me pide ampliar el foco y tener en cuenta la situación de manera global. Por ello me pregunto y te invito a preguntarte:

¿Qué podemos hacer por y para que nuestros pequeños vivan esta experiencia de la manera menos traumática posible?
¿Cómo será una sociedad que ha crecido evitando a sus iguales?
¿Cómo funcionará un sistema en el que evitamos compartir?
¿Cuáles serán los efectos en la vida de un chico que ha crecido viendo el riesgo en cada rincón?

Desconozco si ya te habías planteado estas cuestiones o no, pero, sin duda, yo no puedo dejar de hacerlo desde hace ya dos años.

Fotografía: Kelly Sikkema (Fuente: Unsplash).

Bajo mi punto de vista, lo que propongo es estar más disponibles, más cercanos y conectados con nuestros niños y niñas. Aprovechar para bajar el ritmo de nuestras vidas, reservar tiempo en la naturaleza para promover otros hábitos y beneficiarnos de todos los efectos positivos que ésta provoca en el ser humano de manera espontánea. Escuchar más nuestros cuerpos y los de nuestros pequeños, retomar el hábito de la conversación, los paseos, la lectura, la cocina en familia y todo aquello que estaba ya en nuestro mundo antes de que este ritmo frenético viniera para acelerarnos y después, además, distanciarnos.

A pesar de que venimos de una era en la que la información y la preparación académica ha colmado nuestros años de vida, las emociones forman una cuarta parte de los planos en los que se desarrolla el ser humano como son el físico, el mental, el espiritual y el emocional; y no podemos dejarlas de lado. Como se suele decir, todo en el universo tiende al equilibrio y es posible que ésta sea nuestra oportunidad para dar espacio a esas emociones que inevitablemente se están generando y que pueden llegar a condicionarnos para el resto de nuestra vida. Por ello, te invito a reflexionar sobre estas líneas y a que las tengas en cuenta la próxima vez que te cruces con un niño o un adolescente o, incluso, cuando seas testigo de algún comportamiento que no llegas a comprender. Todo pasa por algo, todo es por una razón, detengámonos para cuestionar sobre lo que nos está sucediendo como humanidad.

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Merce Pérez

Soy Merce Pérez, trimadre, doula, asesora de crianza consciente y educación emocional, autora de los libros “CONECTADOS. El Arte olvidado de la Crianza Consciente” y “Crianza en la Naturaleza, Educación en Valores”, pero, sobre todo, inspiradora de madres que desean conectar con sus hijos y potenciar el desarrollo de su ser esencial mientras viven la crianza de manera consciente y respetuosa, basada en el amor y la comunicación. Hace trece años nació mi mayor maestro, mi hijo Marcos, un espíritu libre con el carácter de un líder nato. Acompañar su desarrollo desde la confianza y el amor me devolvió como regalo el privilegio de ser el primer testigo de verle crecer con una gran autoconfianza, seguridad y manejo de sus posibilidades. Algunos errores que cometí en el camino también me mostraron el efecto que provocaban. Ahora, con toda mi experiencia y formación, acompaño a familias para que puedan vivir el desarrollo de la mejor versión de sus hijos.

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  • Me gusta tu filosofía. Me encantan tus artículos. Comulgo con tus consejos en estos momentos duros de pandemia coronavírica. Y creo que tu teología es más próxima al budismo que al cristianismo. Me gustaría saber por qué. Un saludo cordial.

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