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Dénia y León, hermanadas por el Santo Grial

Santo Grial custodiado en la colegiata de San Isidoro, de León. Foto: WIKIPEDIA
Santo Grial custodiado en la colegiata de San Isidoro, de León. Foto: WIKIPEDIA
La localidad alicantina, puerto marítimo ancestral del Mediterráneo, y la leonesa, en plena Castilla y a tiro de arcabuz del Cantábrico y del puerto de montaña de Pajares, han sellado fórmulas para fortalecer sus ofertas de turismo cultural a partir de un hecho histórico común y espectacular: la validación del Santo Grial o Cáliz de […]

La localidad alicantina, puerto marítimo ancestral del Mediterráneo, y la leonesa, en plena Castilla y a tiro de arcabuz del Cantábrico y del puerto de montaña de Pajares, han sellado fórmulas para fortalecer sus ofertas de turismo cultural a partir de un hecho histórico común y espectacular: la validación del Santo Grial o Cáliz de Doña Urraca, procedente de un regalo del emir de Dénia. El segundo rey de la taifa islámica de Daniya (Dénia) desempeñó un papel fundamental para que la supuesta Copa de Cristo acabara en el reino leonés y que actualmente se custodia en la colegiata de San Isidoro.

Los dos municipios, a cerca de 1.000 kilómetros de distancia, mantuvieron al mismo tiempo lazos de hermanamiento durante la época en que las legiones romanos dominaban Britannia, con León como centro neurálgico de la Legio VII, y en el comercio medieval con Alejandría. Puede parecer extraño por su amplia distancia geográfica y por unos ancestros culturales aparentemente dispares, pero en realidad Dénia y León estaban condenadas a entenderse pese a este aparente olvido de cerca de 1.000 años. 

El reencuentro histórico llegó con el Santo Grial. El reciente descubrimiento de unos documentos en la Biblioteca de El Cairo, copia de un texto árabe del historiador Al-Qifti (1.172-1.248 después de Cristo), relataba un hecho histórico más que novedoso: el papel que en el siglo XI desempeñó el segundo rey de la taifa islámica de Dénia (Daniya), Al Ad-Dawla, en el traslado desde Jerusalén a Dénia y posteriormente a León, de la copa de Cristo, del Mesías; esto es, de una importante reliquia a Occidente vinculada históricamente al mágico nombre del Santo Grial. 

Los historiadores leoneses creen que Alí habría obtenido la copa del sultán de El Cairo, quien accedió a agradecerle de esta manera su ayuda tras una terrible hambruna. Posteriormente, el segundo rey de Daniya, hábil diplomático, habría cedido la reliquia al rey Fernando de León, toda vez que su pretensión era mantener buenas relaciones políticas con los reinos cristianos.

Hambruna de Egipto
Panteón de San Isidoro de León. Foto: WIKIPEDIA

Los manuscritos localizados en El Cairo son vitales para encajar la historia. Cuentan que el emir de Dénia fue el único de todo el Islam que acudió a la llamada desesperada del califa fatimí, ante la terrible hambruna que azotó Egipto en el año 447 de la Hégira (2 de abril de 1055). El rey de Dénia envía un gran cargamento de víveres y pide a cambio «la copa que dicen los cristianos que es del Mesías», para enviársela «a Ferdinand al Kabir, emir de Liyyun» (Fernando El Magno, rey de León). Las afirmaciones textuales han sido extraídas de dos pergaminos de la Universidad de Al-Azhar.

La historia sigue abierta sobre el auténtico Santo Grial, ya que nos encontramos ante el Caliz de Valencia, el de Montserrat, el de Montsegur o los innumerables vasos sagrados que impregnan los asentamientos cátaros o templarios. Dos años después del bombazo que supuso revelar que el cáliz de Doña Urraca es el Santo Grial, los historiadores Margarita Torres y José Miguel Ortega continúan buscando pruebas que refuercen su tesis.

El emir de la taifa alicantina regaló al rey leonés el cáliz de CristoOtra prueba fundamental es la copa en sí, de cronología coetánea a los tiempos de Cristo. Un cuenco de ónice de los denominados “vasos de murrina”, utilizados entre la nobleza de aquella época. Un modelo que sólo aparece entre el siglo I antes de Cristo y el año 70 de nuestra era. Finalmente, el Panteón Real resulta una auténtica revelación y despeja la extrañeza que siempre produjo en los historiadores que la escena central de una tumba funeraria fuera la Sagrada Cena. Llama la atención, tras Jesucristo y los apóstoles, la importancia que tiene el sirviente que llena de vino el Grial -que tiene forma de vaso murrina-, mientras los convidados sostienen copas distintas. Es como si Fernando I y su hija Urraca, depositarios del Grial, quisieran dejar pistas. 

También se comprende ahora por qué Urraca entregó a los orfebres un vulgar y mellado cuenco de ónice para que lo decoraran con sus propias joyas y oro. De acuerdo a estos datos, se cree que los monarcas leoneses ocultaron la existencia de la Copa de Cristo, tal vez para mantenerla a salvo. 

Portada del libro "Los reyes del Grial".Visita de los nazis

Después de publicar “Los reyes del Grial”, el libro con la sorprendente revelación de que el Grial está en León, Torres y Ortega descubrieron que Fernando I cambió el trazado oficial del Camino de Santiago para hacerlo pasar por delante de San Isidoro, para que todos los peregrinos se detuvieran ante la iglesia que contenía la reliquia más buscada en los últimos 2.000 años, incluidos los nazis, que enviaron una delegación a España en busca de la preciada copa, aunque no llegaron a León. 

El cáliz de Doña Urraca compite con el de la Catedral de Valencia

Heinrich Himmler, jefe de las temibles SS alemanas, siguió en 1940 el rastro del Santo Grial en la abadía catalana de Montserrat convencido de que le otorgaría poderes para ganar la guerra. Himmler creía que la copa que Jesús utilizó en la última cena y que ha formado parte de las leyendas artúricas estaba en Montserrat, convencido de que el monte catalán era el Montsalvat de Parsifal, de Wagner. Se llevó seguramente uno de los mayores reveses de su vida después de que los monjes le insistiesen en que su único Grial era la Moreneta y la costumbre, besarla.  También se cree que buscó años antes el Grial en la Catedral de Valencia.

En sus búsqueda desesperada por apoderarse de los talismanes legendarios de la historia que le permitieran ganar la guerra, Himmler visitó las instalaciones del Museo Arqueológico Nacional en Madrid y allí pudo admirar muy de cerca el embrujo y la seducción de una pieza arqueológica Ibera tan singular como la Dama de Elche. 

La gran pregunta sigue siendo, no obstante, por qué el mayor monarca de la cristiandad, el rey leonés Fernando I, mantuvo en secreto que poseía el cáliz de Cristo. Las instituciones valencianas, con apoyo de la jerarquía eclesiástica, se han apresurado a validar el cáliz de la Catedral de Valencia como el auténtico Grial y han crearon una ruta de peregrinación, emulando el Camino de Santiago, aunque sin mucho éxito.

Puerto de Dénia con castillo medieval. Foto: WIKIPEDIABronces islámicos

Dénia y Leon comparten un pasado común

Los museos de León y Dénia conservan además importantes objetos que confirman el vínculo de ambas ciudades con Alejandría. Dénia cuenta así con una importante colección de bronces islámicos de producción fatimí, de Egipto y del área siriopalestina, además de cerámicas procedentes de algunos puertos de la larga singladura marítima, mientras que los tesoros procedentes de San Isidoro, en la capital leonesa, ofrecen importantes objetos de orfebrería y marfiles también fatimíes, así como espléndidas sedas, que era uno de los productos de importación que destilan las fuentes del comercio consolidado entre Dénia y Alejandría y que impulsó Alí. 

Los historiadores consideran que Dénia podría haber actuado como un puerto peninsular de productos que después acabarían adquiriendo, en una especie de paz impulsada por motivos comerciales, los diversos reinos cristianos, entre los que evidentemente León brilló con luz propia.

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Alfredo Fernández

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