Cultura

De libros y sirenas

Giuseppe Tomasi de Lampedusa, (Palermo, 1896­-Roma, 1957), duque de Palma de Montechiaro y príncipe de Lampedusa, aristócrata al nuevo estilo, es el autor de una sola novela, El Gatopardo, publicada un año después de su muerte en la editorial Feltrinelli, tras grandes dificultades, convirtiéndose en el primer superventas italiano, para despecho de otros editores italianos que no le prestaron la debida atención. Esta novela es la narración de las vivencias del príncipe de Salina, Fabricio, ante los nuevos cambios que comienzan en Italia, con el desembarco de Garibaldi en Sicilia en el año 1860. Cambios que supondrán la superación del antiguo régimen aristocrático por el nuevo empuje de la ambiciosa burguesía. El príncipe de Lampedusa, y el príncipe de Salina, autor y protagonista de El Gatopardo, respectivamente, tienen mucho en común, pues si bien El Gatopardo no es una novela biográfica, sí que es una novela de sentimientos. Además, nos ha dejado una frase, ya emblemática, que pronuncian los nuevos ocupantes del poder: “si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”, o lo que es igual: “es necesario que todo cambie para que todo siga igual”. El lampedusianismo que una y otra vez se ha repetido. Esta gran novela está en la primera fila de mis preferidas, y ya me ocupé de la misma en un estudio publicado en la Revista literaria de Alicante, Amanecer, de julio-agosto de 2013, y que luego reproduje en mí libro Miscelánea en el Otoño, de 2015, en los que también referí la no fácil vida de su autor.

Pero si bien es cierto que El Gatopardo es la única novela de su autor, también lo es que tras su publicación y entre los papeles que se encontraron en su casa después de su muerte aparecieron escritos que fueron reunidos en un libro bajo el título de Relatos.

Editorial Anagrama SA, de Barcelona, acaba de publicar en su colección Panoramas de Narrativas, una Primera Edición, octubre de 2020, del libro Relatos, al cuidado de Nicoletta Polo y con introducción y notas de Gioachino Lanza Tomasi. Son cuatro relatos: “Recuerdos de la Infancia” que nos conecta con evocaciones y textos preparatorios de su gran novela El Gatopardo; “La Alegría de Vivir”, una especie de cuento navideño, “La Sirena”, y “Los Gatitos Ciegos”.

Y en uno de estos cuatro relatos, el titulado “La Sirena”, es donde me quiero detener en este comentario, para hablarles del mito de la sirena. La Sirena o las sirenas. Este mito de belleza y amenaza por su armonioso canto seductor, que las acompaña como devoradoras de navegantes, y que nos ha llegado a través del gran libro, siempre eterno de La Odisea, que nos dejara el gran vate griego Homero. La Odisea es un libro que nunca me canso de leer. Sobre todo, de leerlo junto al mar. El viaje del retorno, casi interminable, del héroe griego Odiseo, también llamado Ulises, tras su largo batallar en Troya, para regresar a su patria Ítaca, donde Penélope, su esposa, le espera con su “tejer y destejer”.

Ulises, sus tripulantes y remeros de su nave fueron acosados por las sirenas, moradoras de tierras cercanas a las de la hermosa Circe, quien al despedirse del héroe griego ya le advertirá de la previsible emboscada de las sirenas…

En primer lugar, llegarás cerca de las sirenas,
las que hechizan a todos los hombres que se les aproximan.
A quienquiera que en su ignorancia se les acerca y escucha
la voz de las sirenas, a ese no le abrazan de nuevo
su mujer ni sus hijos, contentos de su regreso a casa”.

 Ya sabemos cómo soporto Ulises el ataque con sus oídos tapados de “cera melosa”, la “voz de las sirenas”.

Carlos García Gual, en uno de sus prodigiosos libros, Sirenas. Seducciones y Metamorfosis, nos dirá que “La tentación es sutil y refinada”. El “canto de las sirenas”. Y tendremos que preguntarnos, ¿cómo sería el canto de las sirenas para lograr el encantamiento de los marinos que navegan por los mares cercanos a las tierras de la hermosa y mágica Circe y lograr su perdición? “Canto meloso”, lo califica Homero en su Odisea.

Ulises y las sirenas, de Herbert James Draper, Colección Ferens Art Gallery (Fuente: Wikipedia).

A los que creen que existe el mundo de la fantasía, dediqué un libro que escribí en el año 2016, que titulé así, La Sirena, y que subtitulé, Un cuento griego. Se desarrolla en el viaje de vuelta de Odiseo a su patria, aquel viaje que duró diez años, al enfadarse Poseidón por dar muerte, a su hijo Polifemo, el gigante de un solo ojo. E imaginé como sería el canto de las sirenas, y lo comparé como un Claro de Luna, al modo de Claude Debussy, evocación de un universo nostálgico y lleno de poesía. Vuelve a escucharlo, lector, te aconsejo, tras leer estas letras. Y narré, como en ese viaje de vuelta, en la nave de Ulises, “una de las sirenas, de blancura infinita y extraordinaria belleza, logró subirse al babor del navío hasta alcanzar su cintura al alto de este, y asió con sus manos el brazo de Alexandros, que sujetaba su remo con enorme tensión…”. Alexandros, uno de los remeros…, y “arrastrándolo suavemente lo sumergió en el mar, llevándoselo consigo a las oscuras profundidades”.

“Y amó Alexandros a la sirena. No sabría explicar cómo se produjo el milagro, pero amó a la sirena con un sentimiento repleto de ansioso alumbramiento en un espacio sin fin, en medio y en el fondo de las aguas azules y saladas. El gran imposible: yacer con una sirena en el fondo del mar…”. “Y cuando terminó la enorme dicha, con un sereno nadar bajo el agua, la sirena se alejó de Alexandros, entrando en las profundas lejanías del fondo del mar”. Y aquel marino griego, que acompañó a Ulises en su viaje, como remero de su cóncava nave, jamás hablo de aquella aventura, y “guardó su secreto en lo más recóndito de su alma”. Y también su canto sereno.

Los amores de una sirena, como nos dice Carlos García Gual, en su libro indicado, suelen acabar mal, y vienen a ser algo así como “historias de un amor imposible”, citando a Andreas Krass y su antología crítica sobre las doncellas marinas. Yo, por el contrario, en mi libro, decidí imaginar una solución distinta, armoniosa, en el encuentro fugaz del marinero Alexandros y la sirena sin nombre.   

En el libro Relatos de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, aparece el titulado, La Sirena. Es como si Lampedusa y yo nos hubiéramos puesto de acuerdo, pues yo he secundado el relato del amor de un mortal con una sirena, sin yo saber entonces de la existencia del relato del escritor italiano.

Lampedusa ficciona su narración en 1838, y a diferencia de mi sirena que carece de nombre, aquí la llama Ligea, hija de Caliope, y nos concreta mejor la forma del encuentro amoroso, conforme le cuenta en un café, un viejo y solitario senador, protagonista de la historia que viviera en su juventud, con una bella sirena en un lugar de la costa siciliana. “El canto de las sirenas, amigo, no existe; la música que te atrapa solo está en su voz”, le dirá.

Y es que yo, siempre creeré que las sirenas existen, y que su rumor se escucha como un canto de viento azul en las noches de luna de nuestro mar Mediterráneo. Como también lo escucharía, sin duda, Lampedusa, cuando se lo contó aquel hombre viejo y cansado, desde las costas sicilianas.    

Alicante, 29 de noviembre de 2020.

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Julio Calvet Botella

Magistrado y escritor.

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