Cultura

De libros y otra vez el mar

Libro: De vueltas al mar, antología poética
Autor: Robert Louis Stevensson
Edición y traducción de Javier Marías
Introducción de Luis Antonio de Villena
Penguin Clásicos, 2019

Quince hombres sobre el cofre del muerto
¡Ja, ja, ja!
y un gran frasco de ron.

En la marinera hostería de su padre, llamada “Almirante Benbow”, Jim oirá esta oscura cantata, salida entre bruscas risotadas, de boca de un extraño huésped: “Un viejo lobo de mar, cuyo rostro, curtido por la intemperie, hallábase surcado por la siniestra cicatriz que en el dejara un terrible sablazo”.

¿Quién de quince años o poco antes o poco atrás no ha leído esta gran novela llamada La Isla del tesoro, que nos escribiera un gran escritor, que es mencionado tan solo como R. L. Stevenson?

¿Se acuerdan de John Silver, del Perro Negro, del “cofre marino”, de la “mancha negra”, de la goleta la Hispaniola, y del tesoro de Flint…?

¿Alguien ha podido escribir una novela de piratas mejor que nuestro autor? La Isla del Tesoro es una novela sin edad y sin edades. La he leído muchas veces, e invito a mis lectores a leerla una vez más.

Cubierta del ejemplar que guardo desde niño (Fotografía: Julio Calvet).

El mar, la goleta, los piratas, el tesoro… y la “Hostería del Almirante Benbow”. Lectores amigos, les invito a que hagan un esfuerzo para imaginarse esta casona cercana a Bristol, en el año de mil setecientos y tantos, que yo imagino húmeda y desolada, casi en ruinas, alumbrada con un inquieto farol vacilante, construida sobre un acantilado y frente al mar y sus tormentas, viviendo casi continuamente como en un invierno “áspero y frío, con largas y fuertes heladas y violentas tempestades”; y en la que, de mucho beber ron, mucho ron, ha dejado sus paredes interiores como pegadas de su mal olor. El ron, la bebida de los piratas y de los héroes navales. Sí, así debió ser, o tal vez lo siga siendo, la “Hostería del Almirante Benbow”.

La Isla del tesoro es una novela fascinante. Una historia en la que cualquiera, con quince o dieciséis años, hubiera querido vivir. Como es también fascinante la vida de su autor, el escritor escocés Robert Louis Stevenson (Edimburgo, Escocia, 13 de noviembre de 1850-Vailima, cerca de Apia, Samoa, 3 de diciembre de 1894). Stevenson es todo lo que completa al buen escritor: novelista, cuentista, poeta y ensayista. Y nos va a escribir de todas las cosas, y entre ellas una novela que también pervivirá para siempre, El extraño caso del doctor Jekill y el señor Hyde, la lucha entre el bien y el mal. La doble faz, que alguna vez en la vida nos ha llegado a todos y hecho pensar: ¿hago esto o hago lo otro?… para luego contestarnos, “pero es que esto otro no está bien”. Y nos mantenemos en lo mejor de nuestra faz, cuando otros, acaso muy a su pesar, no lo han conseguido. He conocido en mis entornos profesionales muchos casos así. Elegir el camino torcido. Y qué difícil es juzgar, Señor, a los demás, y yo, que lo he hecho durante más de cuarenta años, lo sé. A veces, ahora, en mi senectud, no me lo creo.

Robert Louis Stevenson. Fotografía: Henry Walter Barnett. Archivo: State Library of New South Wales (Fuente: Wikimedia).

Stevenson, que se pasó la vida luchando contra sus enfermedades, desciende de una saga de constructores de faros. El faro a mí me evoca la luz, el amparo y el mar. Su parpadeo luminoso rompe el silencio de la noche. Me imagino que dentro hay alguien vigilando en el silencio. Un alguien con un gorro de lana calado hasta los ojos, mirando por algún agujero el horizonte con un catalejo, o viendo cómo cae la lluvia o la nieve sobre el mar. También en el mar nieva. Erigido en un cabo geográfico y rocoso, el faro nos señala el fin del mar y el comienzo de la tierra, o el final de la tierra y el comienzo del mar. Y el mar es la infinitud. Yo, de propósito, no me creo que la tierra sea redonda, aunque sé que me equivoco, que mi pensar es falso, pues la tierra es redonda y también lo es el mar: ¡qué cosas, el mar redondo!, por eso yo, mirando el litoral sin un final, me siento más eterno.

Ya escribí en mi relato El faro, que “nosotros también, caminando por la vida y junto al mar, necesitamos un faro que luzca los pasos, camino de nortes y luces seguras, para andar sin prisa, ilusión y esperanza y llegar a puerto bajo las estrellas que palpitan claras en la noche azur” (Relatos Urbanos, 2018, ECU, Premio “Accésit”).

Stevenson, después de un largo periplo vital y su navegación los últimos años de su vida por el Pacífico Sur, acabó recalando en Upolu, una de las islas de Samoa, donde se construyó una casa, donde murió, en el año de 1894, víctima de un ataque cerebral, a los cuarenta y cuatro años de edad.

Vista del sudeste de Upolu, Samoa. Fotografía: Rickard Törnblad (Fuente: Wikimedia).

Las gentes del lugar, aquellos aborígenes de 1894, que le llamaban con el nombre vernáculo de Tusitala, “contador de historias”, velaron su cuerpo durante toda la noche. Está enterrado en un monte llamado Vaea, a una altura de 4.000 metros, como un prodigio y frente al mar, donde con letras de bronce, aparece la inscripción pedida en su poema Requiem, que dice así:

Bajo el inmenso y estrellado cielo,
cavad mi fosa y dejadme yacer.
Alegre he vivido y alegre muero,
pero al caer quiero haceros un ruego.
Que pongáis sobre mi tumba este verso:

Aquí yace donde quiso yacer;
de vuelta del mar está el marinero,
de vuelta del monte está el cazador.

Nuestro gran artista y hombre sabio que es, Joan Manuel Serrat, también pide ser enterrado así, frente a su mar Mediterráneo. En ese nuestro mar Mediterráneo, que nunca ha dejado de surcarse desde que Ulises  se perdiera durante diez años volviendo a su Ítaca tras la pérfida derrota que infringió a los hombres y mujeres de Troya.

qué le voy a hacer si yo,.. nací en el Mediterráneo

me recordará siempre Serrat

De vuelta del mar

Y tengo en mis manos una Antología poética de Robert Louis Stevenson, titulada De vuelta del mar. El gran novelista escocés hecho poeta.

Y este libro de poesía de Stevenson que hoy les comento es un auténtico lujo, pues los poemas contenidos en el mismo son una selección y traducción de Javier Marías, de sesenta y seis poemas elegidos de entre los trescientos cincuenta poemas de Stevenson localizados por él. Nacido en 1951, Javier Marías, notable escritor, es hijo de uno de los pensadores y filósofos más insignes que ha tenido España, don Javier Marías. Nos dice Javier que para esta selección ha tenido que hurgar entre los aproximadamente trescientos cincuenta poemas, para su selección, “que es no solo difícil, sino también inútil de explicar”. Los sesenta y seis poemas seleccionados pertenecen solo a tres libros de Stevenson, que Marías distribuye en forma de tres capítulos bajo la rúbrica general: el primero le llama Monte bajo (con poemas del libro Underwoods, 1887), el segundo Nuevos poemas (con poemas del libro New Poems, 1918), y el tercero Canciones de viaje (con poemas del libro Songs of Travel, 1895). Poco puedo añadir en esta selección: si usted, señor Marías, es el “escogedor”, sin duda ha acertado en ello. Y además, para que se pueda enjuiciar la traducción de los versos, traducción de la que también es autor, Javier Marías nos presenta un libro en edición bilingüe, con todos y cada uno de los poemas seleccionados en su inglés original y en su traducción.

Y además, esta antología poética, nos trae una “Introducción” del poeta, narrador, ensayista, crítico literario y traductor, nacido de Madrid (1951), Luis Antonio de Villena, y que la suscribe en “Madrid, diciembre de 2012”. Hay aquí todo un ensayo profundo y detallado del escritor escocés. Y nos dice el introductor, con una acertada presentación de Stevenson, que su nombre suele ser asociado a cuatro cosas: la prosa, las aventuras, la enfermedad –la lucha contra ella– y el exotismo, para añadir más adelante, que “en Stevenson hay un poeta, un hondo poeta de veta elegíaca, y ya sabemos que quien despide la vida o padece melancolía es, obviamente, porque amó mucho esta vida”.

Fotografía: David Mark (Fuente: Pixabay).

Yo no sabría escoger bien unos versos que incorporar a este comentario, pero como para mí Stevenson es, sobre todo, el mar y sus contornos, diré que entre ellos, e imaginando el peregrinar de nuestro autor, elijo entre sus New Poem los primeros versos de su poema Sopló el viento que dicen así:

Sopló el viento estridente y raudo,
y a mi corazón despertó ese viento:
oh, volver a navegar y surcar los mares,
y oír el llanto de las jarcias,
crujir de cuadernas al estirarse,
 y ver la grimpola a sotavento ondeando.

El mar, el viento y el bajel marinero de un escritor que amó la mar como el primero.

Hoy, y en este otoño del año del Señor, 2021, le imagino y recuerdo en su sepulcro marinero de aquella isla hermosa reposando eternamente bajo un sereno viento, como una Canción de viaje:

Cielos brillantes e infinitos
se alzaron, y en la noche vi
incontables estrellas ángeles
derramando tristeza y luz.

Las vi lejanas como el cielo
mudas y brillantes y muertas
estrellas en la noche, ociosas
más queridas que mi sustento.

Noche tras noche en mi tristeza
vi las estrellas sobre el mar
hasta que miré en las tinieblas…
y una estrella bajó hasta mí.

(Canciones de Viaje, Songs of Travel, 1895, Robert Louis Stevenson).

Vuelve la noche cuando acabo de escribir esta crónica de la antología de unos versos lejanos en el tiempo, pero siempre iluminado por el palpitar de un faro. Un faro protector de las rocas. Un faro para no perderse en el camino. Una luz que en el silencio corta el mar. La inmensidad del mar y del cielo.

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Julio Calvet Botella

Magistrado y escritor.

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