Cultura

De libros y centenario

Libro: Los pazos de Ulloa
Autora: Emilia Pardó Bazán
Edición Marina Mayoral. Penguin Clásicos.
Barcelona, 2015.
Quinta reimpresión, 2020.

El 12 de mayo de 1921 murió en Madrid doña Emilia Pardo Bazán. Se cumple pues, el próximo día 21 de mayo, el primer centenario de su fallecimiento y he querido escribir estas letras en homenaje a una mujer singular, gran escritora y persona adelantada a sus tiempos; y lo hago bajo el abrigo de la que está considerada como la mejor de sus obras: Los pazos de Ulloa, que he vuelto a releer como personal homenaje a la escritora gallega.

Y lo hago también en reconocimiento a la mujer escritora y, si me apuran ustedes apreciados lectores, a la mujer escritora de España. Y es que yo presumo de considerar que en Europa fueron las mujeres españolas las que, en el siglo XIX y principios del siglo XX, sobresalieron frente a las mujeres escritoras de otros países cercanos de nuestra España. Y esto lo digo con mi sincero respeto a las escritoras de otros países, pero yo creo que aquí, y casi sin decirlo, sucedió un hecho muy importante que casi pasó desapercibido. Y es que, como siempre, los españoles, no sabemos hacer valer nuestra importancia, en cualquiera de los ámbitos culturales, cuando aquí, y sólo aquí, hubo un Miguel de Cervantes.

Hace unos años asistí en Alicante a una conferencia de una conocida y prestigiosa escritora española, que presentaba uno de sus libros ante un  muy concurrido auditorio. En el coloquio final pedí la palabra y pregunté a la autora si no creía, como escritora también del norte de España, que las mujeres escritoras españolas fueron unas adelantadas en el tiempo y en su tiempo,  pues si bien en Francia se promocionaba a George Sand y en Inglaterra a las hermanas Brontë, aquí teníamos a la santanderina doña Concha Espina, La esfinge maragata,  y a las gallegas doña Emilia Pardo Bazán, Los pazos de Ulloa, y a doña Rosalía de Castro, En las orillas del Sar, como primarias respecto de aquellas. Pues bueno, con la cautela de las afirmaciones absolutas (nunca hay nada absoluto), la conferenciante vino a aceptar mi afirmación, evocando en particular a doña Emilia Pardo Bazán, de la que poco después publicó un libro sobre ella, lo cual fue también una coincidencia, pues doña Emilia, por aquel entonces, andaba casi en el olvido y de alguna forma esa publicación la rescató a los lectores de nuestro tiempo.

Emilia Pardo Bazán, pintura de Joaquín Sorolla. Imagen: Hispanic Society of America Museum. (Fuente: Wikimedia).

Doña Emilia Pardo Bazán, nació en La Coruña en 1851 y murió en Madrid en 1921. Perteneciente a uno de los linajes más ilustres y antiguos de Galicia, era hija de don José Pardo Bazán y Mosquera, y de doña Amalia de la Rúa y Somoza. No puedo detenerme aquí a narrar la biografía de doña Emilia Pardo Bazán, que por otra parte está al alcance de cualquier lector interesado, pero si me permitiré decir que nuestra escritora gallega desarrolló a lo largo de su vida una intensa actividad literaria y social. Literaria porque doña Emilia, ya en octubre de 1876, ganó la Rosa de Oro en los Juegos Florales de Orense, porque en 1883 publicó su polémico ensayo La cuestión palpitante, y porque en 1886 nació su novela Los pazos de Ulloa.

En cuanto a su actividad social, fueron numerosas sus relaciones con los grandes intelectuales y escritores de un siglo XIX repleto de jerarquías,  desde sus amistades con Francisco Giner de los Ríos y Marcelino Menéndez y Pelayo, a tener que coexistir con los que se han llamado “sumos pontífices” de la novela; y todo ello con la sucesión de viajes, conferencias, tertulias en los salones más aristocráticos, como organizadora de frecuentes banquetes en honor a hombres de la política y de las letras en su casa palacete de la calle de la Princesa, y en su casona de los Pazos de Meirás, y con sus también ruidosas polémicas con don Juan Valera, con don José María de Pereda y con la Academia. Gran polemista y de gran fortaleza, defendió su condición femenina en una época en que el papel de la mujer aún seguía reducido a su reclusión en la vida del hogar y a una escasa participación en trabajos fuera del mismo, y al acceso a determinadas carreras, siendo emblemático el hecho de que doña Concepción Arenal tuviera que asistir a las clases universitarias vestida de hombre. Aquella mujer que después llegó a ser la creadora y defensora del “Correccionalismo” y la atención al presidiado.

Doña Emilia Pardo Bazán, que a pesar de sus intentos no pudo ingresar en la Real Academia de la Lengua Española, no dejó por ello de alcanzar reconocimientos notables a lo largo de su vida, como el de ser nombrada presidenta de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid en 1906, serle concedido por el rey Alfonso XIII el título de condesa de Pardo Bazán, ser nombrada consejero de Instrucción Pública, socio de número de la Sociedad Matritense de Amigos del País, ser honrada de nuevo por el rey con la concesión de la banda de la Orden de María Luisa,  ser creada para ella, en 1916, una cátedra de Literatura de Lenguas Neolatinas en la Universidad de Madrid y asistir en vida al homenaje que se le tributó en La Coruña, que consistió en una estatua retrato del escultor Coullaut Valera, colocada en el parque coruñés Jardines de Méndez Núñez.

Monumento a Emilia Pardo Bazán, por Lorenzo Coullaut Valera. Fotografía: Xosé Calvo. (Fuente: Wikimedia).

Los pazos de Ulloa, es la gran obra de doña Emilia Pardo Bazán. Hasta uno de los escritores más cáusticos, Leopoldo Alas “Clarín”, escribió el 1887, en La ilustración ibérica, que “bien se puede decir ahora sin ningún género de reservas: doña Emilia Pardo sabe escribir buenas novelas”. Y más expresivo, don Benito Pérez Galdós nos dirá en Arte y Critica, Madrid, Renacimiento, 1923, que “la obra maestra de doña Emilia Pardo Bazán es Los pazos de Ulloa publicada este año y en la cual todo es hermoso, los caracteres vivos, la acción sencilla y patética, el fondo del paisaje, el estilo”.

Y yo, como antes dije, al tenor de su aniversario, me he acercado de nuevo a la lectura de esta gran novela, Los pazos de Ulloa,  que en realidad es la primera parte de la misma, pues un año después, en 1887, salió su segunda parte, titulada La madre naturaleza. Y me he vuelto a encontrar con su protagonista Julián Álvarez, capellán de los Pazos, y con el señor de los Pazos, don Pedro Moscoso, que vive amancebado con Sabel, hija de Primitivo, el administrador de la finca, con Perucho, hijo del señor y la criada y nieto de Primitivo,  al que hartan de vino hasta dejarle borracho cuando pequeño, con Nucha, la esposa del señor de los Pazos… y todo ello en una época y en una vida aldeana que más allá de la idealizada vida bucólica y campesina, doña Emilia nos la pinta con una vida con colores muy negros. “Era noche cerrada, sin luna, cuando desembocaron en el soto, tras el cual se eleva la ancha mole de los pazos de Ulloa. No consentía la oscuridad distinguir más que sus imponentes proporciones, escondiéndose las líneas y detalles en la negrura del ambiente. Ninguna luz brillaba en el vasto edificio y la gran puerta central parecía cerrada a piedra y lodo”.

Todo el desarrollo y estudio de la personalidad de los intervinientes en la novela se enmarca en el movimiento literario del Naturalismo, que iniciara en Francia Émile Zola, pero trazado en las incrustaciones más remotas de la vieja Galicia, en las tierras de los pazos, que es la expresión personal de un pueblo recio y acaso rebelde, como lo fuera la vida de una mujer, doña Emilia Pardo Bazán, que se adelantó en su tiempo en la defensa de las mujeres españolas, de sus derechos y de su libertad.

Volvamos a leer a doña Emilia Pardo Bazán, y sus Pazos de Ulloa, porque ella, y como nos dice en un apunte biográfico don Federico Carlos Sainz de Robles: “No hay, pues, que retrotraerse con afán arqueológico a una vida pretérita para sentir vivo, imprescriptible el verbo de esa mujer ilustre. Doña Emilia, ejemplar integérrimo o conjunción feliz de voluntad e inteligencia, acertó a decir su mensaje. Hizo tal acopio de vida que su voz, trasponiendo las lindes cronológicas, resuena aún, y no anacrónicamente, en nuestros oídos actuales con voz exenta de marchitez temporal”.

Y este es, a los 100 años de su fallecimiento, mi homenaje a la gran escritora doña Emilia Pardo Bazán.

Alicante, 20 de marzo de 2021.

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Julio Calvet Botella

Magistrado y escritor.

2 Comments

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  • Amigo Julio un excelente artículo que doña Emilia a los cien años de su muerte que se merece, era una mujer de armas tomar a pesar de su estrabismo en los ojos, amiga y amante en Madrid de nuestro gran escritor Vicente Blasco Ibañez. Un abrazo, Ramón.

    • Querido Amigo: Además de conmemorar su centenario, he querido aportar mi grano de arena a la reivindicación a las mujeres escritoras españolas. Gracias por tu atención. Julio Calvet.

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