No podemos hablar de la Semana Santa si no tenemos presentes los dos pilares que la componen. Primero hay que tener presente la tradición y, para hablar de ella, no podemos hacerlo sin contar con la historia de las cofradías o hermandades, vehículo importantísimo que se ha encargado de transmitir con su trabajo y devoción el sentir y las vivencias de sus santos.
Para un verdadero cristiano, la Semana Santa es la conmemoración anual cristiana de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret el Cristo Salvador y Dios Padre. Por eso, es un periodo de intensa actividad litúrgica que comienza el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección. La Semana Santa son días ideales para meditar sobre nuestras acciones, los cambios que debemos realizar para acercarnos más a Dios y cumplir con sus mandamientos.
Todos los católicos, además de dedicarnos a la oración, reflexionamos sobre Jesucristo y nos preguntamos porqué vino Jesús a la Tierra. En su vida entre nosotros, Jesús manifestó amor, bondad, humildad, cercanía, pero sobre todo, valentía. Jesús vino principalmente por el rescate. Él tenía que derramar su sangre y morir para rescatar nuestros pecados.
¿Qué celebramos durante la Semana Santa? Pues nada más y nada menos que la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, montado sobre un asno, junto con sus discípulos, que conmovió a toda la ciudad y la gente preguntaba: “¿Quién es este hombre?” Una gran muchedumbre con ramas de palmera y de olivo en la mano contestaba: “Éste es el profeta, Jesús de Nazaret”. Y le aclamaban y gritaban “¡Hosanna al hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor, hosanna en las alturas!”.
Jesús sabía que se acercaba el momento de su muerte, anhelaba celebrar la Pascua judía con sus discípulos y amigos y mandó a sus discípulos, Pedro y Juan, a encontrar y preparar el lugar de la celebración. ¿Qué celebró Jesús con sus discípulos en la última cena? Él nació, se crió y vivió como judío. Jesús, celebraba con sus apóstoles la gran Pascua judía, el Pésaj, que es la conmemoración del éxodo de los israelitas de Egipto, es decir, cuando los hebreos fueron llamados por Moisés, abandonando el territorio egipcio y las condiciones de esclavitud para dirigirse hacia la tierra prometida.

Pero, como queda dicho al principio, tenemos que hablar del otro pilar, es decir, de las cofradías, vehículo importantísimo que se ha encargado de transmitirnos con su trabajo y devoción el sentir y vivencias de sus santos. Pero indaguemos un poco en su ya larga historia. Las cofradías nacen a caballo entre los siglos X y XI, en el sur de Francia y en Italia, extendiéndose por todo el sur de Europa en un primer momento como una agrupación de trabajadores manuales con un doble objetivo: por un lado, de participación y defensa de sus intereses en los concejos locales y, por otro, asistencia, con funciones caritativas, a viudas, huérfanos o impedidos de un oficio y ayudar al entierro de los miembros de la cofradía.
Las primeras documentaciones aparecen en la Península Ibérica en el siglo XII. Las cofradías solían tomar como patrono un santo, a cuya advocación se adscribían. A mediados del siglo XIV, se observa una clara separación entre los gremios, como asociaciones de tipo laboral cuya principal función será llegar a alcanzar parcelas del poder municipal para sus asociados, sobre todo artesanos; y las cofradías, con una función esencialmente religiosa y asistencial, limitándose a satisfacer las necesidades espirituales de sus miembros.
Al final de la Edad Media, las cofradías tenían un claro sentido religioso estando ligadas a la parroquia o ermita con la que compartían advocación, con un sentido de asociacionismo y ayuda mutua, incluso después de la muerte de sus miembros a los que recordaban con misas. Se ha escrito también que la Semana Santa empieza a tomar forma y aparecen muchos de los elementos que perduran en la actualidad.
Tras producirse una expansión por todo el Occidente europeo en los siglos XIV y XV. las vigilias, el vía crucis, el recuerdo del calvario, hacen que la manifestación se popularice, saliendo a las calles y apareciendo las primeras procesiones. Entre los siglos XVI y XVII, se produce una auténtica eclosión, surgiendo múltiples cofradías como manifestación de la religiosidad popular, que acabaría impregnando a la sociedad. La grave crisis económica, social y política del siglo XVII hará que las personas busquen refugio en la religión, produciéndose una continua expansión de las hermandades y cofradías religiosas.

El XVIII será un siglo de contrastes en el que numerosos pensadores, arbitristas e incluso ministros, imbuidos del enciclopedismo y con una visión regalista y laica de la sociedad, llevarán a cabo una política anticlerical, atacando sobre todo la religiosidad popular representada por las cofradías. Éstas, después de observar lo que ocurría, acabaron transformándose en una especie de asociaciones festivas.
Por su parte, la Semana Santa por un lado unía el fervor y la devoción de miles de nazarenos y cofrades que llegaban a extremos de exaltación religiosa, como los penitentes y sus flagelaciones públicas que tuvieron que ser prohibidas, en 1780; y por otro, se unían a ella numerosos elementos, llamados profanos, como las bandas de música, los fuegos artificiales y hasta ciertas comparsas. A pesar de ello, durante este siglo, se producirá un resurgimiento y reorganización de las cofradías, unas centradas en los asuntos religiosos y otras, en temas asistenciales hacia hospitales y colectivos desfavorecidos.
Y llegamos a la primera mitad del siglo XIX, que supuso la enajenación de los bienes de las cofradías y las congregaciones religiosas lo que, unido a un declive de la religiosidad popular, dio origen a una lenta y progresiva decadencia de numerosas cofradías y hermandades. Tras los tumultuosos hechos vividos durante la Segunda República y la Guerra Civil, las cofradías y hermandades volvieron a surgir con fuerza, tal y como las conocemos en la actualidad.
¡La muerte no pudo contener a Jesucristo! Gracias a que Él resucitó, nosotros, los que creemos en Él como señor y salvador, sabemos que viviremos con Él por la Eternidad. Vivamos con pasión, con humildad, con el recogimiento, estas fechas la Semana Santa alicantina, que son de Interés Turístico Nacional.










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