Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Opinión

El fuego solo quema cuando lo tienes en la puerta de casa

Bomberos trabajando en la extinción de un incendio en Monóvar (Fuente: Consorcio Provincial de Bomberos de Alicante).

“Si juegas con fuego, te quemarás”. ¿Te suena la intrépida historia del pastor mentiroso? Conocida también como la fábula de Esopo o Pedro y el lobo, narra cómo un joven aburrido engaña a los aldeanos gritando falsas alarmas de lobo. El hecho de bromear tantas veces con algo tan serio, provoca que cuando el lobo aparece de verdad, nadie acude a ayudarle, dejándole sin su rebaño. Puede que te suene esta historia y te traslade a una noche a punto de dormirte en tu cama con las sábanas recién lavadas y mamá susurrándote este cuento antes de dormir. Y es que el mundo de las fábulas y los cuentos siempre se ha atribuido a la inocencia de la infancia, a esa necesidad adulta de querer “enseñar valores”.

Pero ¿qué hacen los adultos para mantener esos valores a lo largo de los años? ¿Realmente adoptan la coherencia como filosofía de vida o simplemente optan por tener valores efímeros que sólo mantendrán mediante el habla durante la crianza de sus hijos?
La historia de Pedro y el lobo enseña a los niños que la mentira constante destruye la confianza y hace que la verdad no sea creída.
¿Y qué enseña a los adultos sobre la misma moraleja?

Hemos escuchado tantas veces términos como “cambio climático”, “emergencia climática” u “ola de calor”, que nuestro cerebro, al igual que con otros tantos acontecimientos y desgracias, ha entrado en un estado de “anestesia emocional”. Te estarás preguntando si alguien ha indagado científicamente sobre ello. Y sí, aún quedan personas curiosas y con hambre de obtener respuestas a las preguntas que nos solíamos hacer de pequeños (allá cuando la curiosidad y la inquietud todavía se veia como cualidad y no como un impedimento a la productividad…).

Un estudio clásico publicado en el Journal of Youth and Adolescence y respaldado por la Asociación Americana de Psicología (APA) analizó cómo reacciona el cuerpo ante la exposición constante a imágenes o noticias violentas. Los investigadores midieron las respuestas fisiológicas como la presión arterial y la frecuencia cardíaca de los participantes mientras consumían noticias graves. Aquellos que tenían una exposición masiva y habitual a este tipo de contenidos mostraron una caída drástica en su reactividad fisiológica y niveles significativamente menores de empatía hacia las víctimas. El cuerpo, literalmente, deja de estresarse ante el horror porque lo normaliza.

Nuestro cerebro ya se está anestesiando del dolor ajeno. Imágenes de incendios, historias de personas que han logrado huir de las llamas, otras no. Unas imágenes, acompañadas de un “igual que todos los años”, “en el año 1980 ya hacía este calor”, afirmaciones que de forma inconsciente dan un respiro a nuestra culpa, a nuestra preocupación. “Total, si es lo mismo de siempre”. Y así, poco a poco, trabaja la procrastinación para alejar el pensamiento crítico, poniendo un parche frágil a una bomba de relojería a punto de explotar. Un like y a seguir con nuestra vida, a continuar apoyando a personas, partidos políticos e iniciativas que no ven más allá del dinero y el beneficio propio. A seguir posponiendo la urgencia que el cielo avanza, a seguir anestesiando el pensamiento crítico y alterar la realidad. La única que existe.

El fuego solo quema cuando lo tenemos en la puerta de casa, el dolor solo se siente cuando lo experimentamos en carne propia o en el corazón al despedirnos de un ser querido. De tanto posponer, de tanto poner parches efímeros, hemos bromeado tanto con el fuego que el día que llegue a nuestra puerta, ya no habrá nadie para salvarnos de las llamas. De tanto repetir “si juegas con fuego, te quemarás” a los niños y no aplicarse el cuento en la adultez, acabaremos siendo víctima de nuestra propia incongruencia.

Laurine Chloé Léa Maurice

Periodista y redactora especializada en medioambiente, sostenibilidad y cultura, con base en Alicante. Desde hace tres años forma parte de "El Español" de Alicante, donde cubre la actualidad local y colabora con la revista "IAmbiente" en contenidos vinculados al entorno y la sostenibilidad. De origen francés, aporta una mirada internacional y apuesta por un periodismo pausado y de calidad. También participa como colaboradora en la tertulia de "El Escenario" de Alacantí TV.

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