En estos 25 años del siglo XXI la situación de las mujeres en Occidente ha experimentado un gran cambio para bien. Pero aún perviven formas del patriarcado y un numero alto de la población que creció a finales del siglo XX absorbió el pensamiento colectivo sobre el lugar de la mujer en la sociedad. Si se sospechasen problemas anacrónicos y superados, las interrelaciones entre ellas serían más fluidas, menos dolorosas y, con los hombres, más igualitarias y cordiales. No existiría un teléfono contra el maltrato, ni medidas para evitar el asesinato a manos de sus compañeros.
El análisis sobre igualdad de género que recoge el último informe IPSOS de 2025, se llevó a cabo en 30 países con motivo del Día Internacional de la Mujer. Según este, aunque Occidente ha logrado avances para la mujer, sobre todo en eliminación de leyes discriminatorias, continúan brechas significativas. España es el país de Europa que más se define como feminista, pero si ponemos el punto de vista en sus datos el estudio pone en evidencia que esta se encuentra en materia de igualdad de género, en regresión. Casi la mitad del país piensa que las cosas han ido muy lejos en dar a las mujeres los mismos derechos que a los hombres y que se está discriminando a los varones. Los roles de género continúan igual, así como la división del trabajo por sexo. Las tareas domésticas y el cuidado de niños y mayores es considerado por la mayoría de los hombres como territorio de la mujer.
Para lograr romper estas barreras se necesita una representación femenina mayor en posiciones de poder, como responsables máximas en empresas y como líderes en el gobierno. España ha hecho una importante política de igualdad, pero en la práctica se siguen los usos y costumbres de épocas muy anteriores, dándose además la dicotomía que los mismos responsables de cumplir las leyes de igualdad son los que han hecho gala de actitudes machistas. Así, persisten tanto la brecha salarial como las limitaciones que impiden el crecimiento profesional y personal del sector femenino.
¿Cómo hemos llegado aquí? ¿Qué condicionantes son los que persisten?
Considerando que no se puede generalizar.
- 1.º Según la antropología, las mujeres han vivido una rivalidad devenida por la competencia por un hombre fuerte que asegurase una prole sana y protegida. Pero estamos en el siglo XXI y la situación de la mujer occidental ha cambiado, han surgido otros motivos de competencia que derivan de la participación de las mujeres en el ámbito laboral y profesional y, en consecuencia, del prestigio social y de su capacidad adquisitiva. Esto ha virilizado la forma de relacionarse entre ellas, pues han adoptado los mismos comportamientos bélicos que los hombres para conseguir el éxito. La deseada complicidad entre ellas puede transformarse en doble rivalidad en pro de triunfar no ya solo en la vida privada, amorosa y familiar, sino también en la pública y profesional.
- 2.º Cuando las mujeres no cumplían con lo que de ellas se esperaba, provocaba un rechazo por parte de padres, maridos, novios, hermanos y congéneres. La sociedad las calificaba de “malas”, les retiraban su aprecio y respeto y, lo que es peor, su cariño y pasaban a criticarlas, revelar sus secretos y calumniarlas.
- 3.º Los hombres conformaron el orden social y en consecuencia el pensamiento colectivo y les conviene que perviva la competencia entre ellas. Para sobrevivir, las mujeres han tenido que convertirse en rivales. Si deseaban salir de ese lugar subordinado debían incorporarse al mundo masculino.
- 4.º Las mujeres han interiorizado que valen menos que los hombres. Eva fue la culpable de que los arrojaran del jardín del bien y del mal. Aunque el mundo occidental ha cambiado, la mujer sigue teniendo celos del lugar que ocupa otra en la sociedad. La respuesta histórica a esa competencia entre mujeres: la disputa por el hombre, queda hoy muy pobre. Hay otras razones.
- 5.º La mujer no se reconocía como miembro de primera clase en la sociedad, ni que otras lo fuesen. Es decir que no admitía la valía de su género tras años de asumirlo a través de cuentos infantiles, mensajes, novelas románticas, series radiofónicas o de televisión, anuncios de electrodomésticos, libros sagrados, religión, leyes… Y sobre todo experiencias. Los hombres le designaron “el papel” que debía hacer en la vida. Le dieron destinos secundarios y un espacio limitado a las paredes del hogar. Discapacitadas para el voto. No podían titular una cuenta bancaria. Ni acceder a estudios universitarios. Ni convertirse en científicas, ni ostentar cargos directivos. Tampoco ejercer profesiones con relevancia pública, o estudiar carreras universitarias “específicas de hombres”. Ni producir arte, pues escultoras, pintoras, escritoras debían firmar con seudónimo masculino. Se limitó su campo a la enseñanza primaria y al cuidado de enfermos, en este último caso sin más preparación que las prácticas sanitarias.
- 6.º Los cambios son tan recientes y fueron tantos los siglos de subordinación que grandes sectores interiorizaron estas limitaciones y aún no pueden prescindir de esa mirada crítica a los galardones de otra. Así, “los méritos míos dependen de las carencias de otras”, “yo valgo más si tú vales menos”, “tengo que desposeerte de tus valores o minimizarlos”. Aprendieron a competir porque en ello estaba su supervivencia. Aún tiene peso el lugar que ocupan en el universo masculino, pues por tradición se consideró que ellas ocupaban la periferia.
- 7.º¿Qué valores daba el hombre a la mujer? ¿Qué esperaba de ella?: “Debía de ser femenina, amable, obediente, discreta, simpática, disponible, complaciente y por supuesto que no mostrase mucho carácter”. Es curioso que hasta hace poco se festejase más el nacimiento de un niño que el de una niña, por no hablar de las culturas de América del Sur, de China, India, África… donde el alumbramiento de una hembra era un drama. Muchas mujeres hubieran deseado haber nacido hombre por los privilegios que estos han disfrutado.
- 8.º A principios del siglo XX pocas mujeres procuraban recursos propios para defenderse en la vida. La figura de la «elegida» era y sigue siendo recurrente en los cuentos de hadas, en las novelas rosas, en las canciones infantiles y en la literatura en general. Mujeres que esperaban ser elegidas por un hombre para ocupar el puesto que éste le daba en el mundo. Pero esto las convertía en objetos. Con la liberación sexual de la mujer, pasó a ser intercambiable. La época del destape en España quiso ser un signo de modernidad, de libertad después de siglos de represión, pero realmente cosificó a la mujer, la convirtió en un objeto expuesto a la mirada ajena en películas, tv, revistas… Actualmente, siglo XXI, la mujer occidental tiene la posibilidad de buscar el sustento propio y de elegir la forma de vivir. Pero la rivalidad no termina con el acceso a la formación y al mundo laboral, porque la comparación y la envidia continúan. Ahora consideran «elegidas» a las que destacan en una profesión, las que tienen una economía boyante, o cualidad creativa, una gracia, un don especial, un estilo, algo que por comparación piensan no poseer. Pero sobre todo, el primer nivel en la comparación es medirse en belleza. Una hembra mas atractiva, sobre todo si está en el mismo arco de edad, es una rival. De forma inconsciente provoca incomodidad.
Cierto feminismo no ha hecho mucho bien a la causa. Observadas con mirada crítica por otras mujeres afirman que un sector de “abanderadas” viven una dualidad ya que imparten una teoría idealista pero, en la realidad, siguen practicando las reglas del patriarcado. Exponen como ejemplo a una ministra que, sin tener preparación, llegó a ese cargo por sumisión, orbitando en torno de un hombre con poder, como una mariposa de la luz alrededor de una lámpara. En palabras de las críticas, consideran a estas feministas “traidoras al ideario y falsas, porque practican la competencia con envidias y desprecios”.
En la práctica, ¿se ha vencido el ideario del patriarcado? ¿Se ha llegado a la sororidad?
Quizás en el ocio de un segmento de la población femenina pueda observarse el cómo y cuándo se aceptan en un arco de edad que comprende de manera aproximada de los 60 a los 75 años. Pertenecientes a una clase media o media baja y que están en otra fase vital. El nido ha quedado vacío, las obligaciones familiares y laborales han remitido y disponen de tiempo para ellas. Viudas, separadas o solteras que han crecido en un «universo» anterior a este, porque los grandes cambios se han dado de forma llamativa y rompedora de los 75 para acá. Un mundo en que el papel de la mujer tenía pocas excepciones. Educadas por madres y abuelas supeditadas al sistema, que por el simple hecho de nacer hembras merecieron la desconfianza y sospecha sobre su moral y su comportamiento. En una sociedad donde la honra de la familia dependía de la castidad de sus mujeres, esposas, hijas, hermanas… No preocupaba tanto que un hijo varón fuera ladrón o pendenciero. Inquietaba mas la sexualidad de las hijas. Las solteras eran estigmatizadas porque una mujer sin hombre era un peligro para la paz matrimonial del resto.
Es posible que estas mujeres que han crecido bajo el patriarcado encuentren asociaciones para distraer su ocio. Ya sean club de barrio, el café de los miércoles, casas regionales, amigos del Rocío, Cáritas, asociaciones de separados, viudos y solteros, de cinéfilos, de amantes de la Sardana, de los museos, o hermandades de Semana Santa, etc. En esos grupos puede que haya experiencias diversas como consecuencia de haber vivido en una sociedad patriarcal.
Porque sus vidas estén muy alejadas de la de los nuevos modelos, escindidas entre lo que son y lo que les gustaría ser. Por no haber accedido a formación superior al no existir en sus familias medios económico, o habiéndolos, negárselos por ser mujer. Porque priorizaron el matrimonio a su formación profesional. Porque han vivido las trabas para acceder a puestos de mando. O perdieron el título de señora de… O han padecido invisibilidad en la sociedad. O han soportado el poder ejercido por un padre, un hermano, un marido, un jefe o las instituciones. O han sufrido muchas carencias, sobre todo de reconocimiento. O no han tocado el “poder” a ninguna escala. O por varias de estas situaciones a la vez. Puede, existe la posibilidad, que en dichas asociaciones les encomienden algunas tareas organizativas, con una milésima de margen para toma de decisiones. Si no lo asimilan con naturalidad, empoderadas de manera equívoca, puede que intenten resarcirse de lo soportado ejerciendo un trato que puede llegar a ser despótico y hasta despectivo contra las demás. Tristemente y a pesar de lo vivido, de los años cumplidos, de la mochila cargada de experiencia, siguen relacionándose entre ellas desde la comparación, desde la desvalorización, desde las envidias.
Comenzamos este artículo bajo el título “Las mujeres no son enemigas por naturaleza”, pero tampoco son amigas por naturaleza, a pesar de que en la tradición judeocristiana han de ser buenas, fieles, caritativas, compasivas, hermanas… Sin tener en cuenta que el ser humano ha llegado hasta aquí a partir de la lucha entre clanes por la supervivencia. Por todo ello, se trata de competir sin devaluar, sin hundir, sin murmurar sin matar con el cuchillo de la lengua.















La autora ha desarrollado en este artículo dos cuestiobes sociales y antropológicas: la evolución de la condición femenina a través del tiempo y la relación existente actualmente entre mujeres cuando se encuentran en situación de competencia.
Y lo hace de forma estructurada y lógica, los lectores descubrirán leyendo este texto los cambios que han aparecido a finales del siglo XX y la situación actual.
La conclusión lleva a una propuesta de compromiso ético .
Ojalá lleguemos a ese compromiso ético. Muchas gracias por tu análisis detallado
Muchas gracias a la Autora María Isabel Peral del valle por compartir un profundo texto donde expone situaciones que en la actualidad estamos viviendo las mujeres ,por supuesto algunas se identifican y otras evidentemente no pero también es cierto que las circunstancias de las distintas mujeres son diferentes y algunas nos vemos obligadas a replantearnos actitudes ,posiciones ,ya que un mundo más cooperativo y menos competitivo es responsabilidad social .Me ha parecido un gran artículo ,gracias !!
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