Se me va a permitir que escriba como hincha y no como periodista, visto que ya no ejerzo y visto que ejercí el periodismo deportivo en Marca y en otros medios entre 1970 y 1976, de lo cual ha transcurrido el tiempo suficiente como para que ya haya prescrito la incompatibilidad. Y ya que se me permite ser hincha, permítaseme también este artículo como desahogo.
Con inusitada unanimidad los medios están poniendo a caldo a Florentino Pérez (¿hace falta explicar de quién hablo?) por haber salido con muy malos modos a quejarse, fundamentalmente, de haber perdido la liga española de fútbol. Los modos han sido deplorables, yo no le habría aconsejado nunca protagonizar ese esperpento de rueda de prensa, pero ha dicho verdades como puños: que el Barça ha robado siete ligas en los últimos veinte años, eso por no exagerar, porque ha robado más. Yo no sé a qué siete ligas se refiere y me gustaría que las detallase, porque seguramente coincidirán con siete de las que yo tengo apuntadas, ya que, como digo, son varias más.
Y mientras las cotejamos yo no quiero remontarme a la prehistoria, sino empezar por lo más reciente. Me remonto a hace ocho días, cuando el Barça se proclamó campeón ante su parroquia ganando sin dificultad al Madrid por dos goles a cero, en un partido a cuyo minuto 90 el Barça llegó cometiendo 15 faltas y recibiendo una tarjeta amarilla, siendo que en ese mismo minuto 90 el Madrid había cometido 8 faltas y había sido sancionado 4 veces con tarjeta amarilla. Por cada quince faltas el Barça recibió una punición, mientras que el Madrid era castigado una vez cada dos acciones no reglamentarias. Cuatro madridistas jugaron gran parte del encuentro amenazados de expulsión. Contra el Barça. ¿Alguien cree que se puede rendir en un partido de alta tensión con ese desequilibrio?
El año 2025 también ganó la liga el Barça alineando indebidamente en varios partidos a su jugador Dani Olmo, al que los organismos responsables, Liga de Fútbol Profesional y Federación Española de Fútbol, negaron la licencia, pues los del Camp Nou no cumplían —y no cumplen nunca— con las reglas financieras, pero el gobierno de España de Sánchez Pérez decretó que sí (la querencia del gobierno de Sánchez Pérez a decretar materias ilegales es harto conocida), que Olmo podía jugar, en virtud de ninguna norma, pues la norma dice todo lo contrario. La alineación indebida está castigada con la pérdida del encuentro y la detracción de tres puntos. Con la ley en la mano el Barça no habría podido ni jugar la Champions.
Esto entronca con la liga de 2005, ya en esos tiempos de los últimos 20 años, que ganaron los culés sin sanción pese a varias alineaciones indebidas de un chaval juvenil llamado Messi, cuya licencia y condiciones de contrato no lo habilitaban para jugar como profesional. El presidente de un club rival, César Augusto Lendoiro, del Deportivo de La Coruña, abogado competente, procedió a denunciarlo a tiempo antes de que finalizase el campeonato, pero el presidente Villar modificó sobre la marcha las normas de entrega del título y la copa al campeón de liga. Hasta entonces la copa se entregaba al campeón en el primer partido de la temporada siguiente, con gran parafernalia. Villar decidió entregársela al Barcelona antes de que se resolviera la impugnación, incluso antes de que acabase el torneo, lo cual presuponía también que el Barça no iba a cometer alineación indebida en el último partido del calendario. Hechos consumados, y a ver quién iba a osar exigir al Barça que devolviese la copa que ya habían celebrado, si se le sancionaba posteriormente por las alineaciones de Messi (El Real Madrid y el Betis saben mucho de eliminaciones y descensos por haber alineado indebidamente —por error, no a propósito, como es el caso de Olmo— a un jugador).
Y es ahí, en 2005, donde se sitúa el hito fundacional del “Villarato”, que luego hemos sabido que era “Negreirato”. Desde entonces el Barça ha ganado 13 ligas, por 7 el Madrid y 2 el Atleti. Coincide que la mayor parte de esos títulos los ha logrado pagando al vicepresidente del Comité de Árbitros. Eso es un hecho incontrovertible y no se entiende que las autoridades deportivas españolas, europeas de la UEFA y mundiales de la FIFA sigan mirando para otro lado, cuando en otros países esas trampas se han cortado de raíz. El Barça tiene bula: se le perdonó un año de sanción por incomparecencia en un partido de Copa del Rey (y precisamente ganó la Copa el año que no debería haberla jugado, y de rebote al año siguiente la Recopa de Europa); se le perdonó el cierre del campo por la cabeza de cerdo lanzada al terreno de juego; sigue en la LFP sin cumplir las normas financieras. Se le tiene miedo, porque se tiene miedo a molestar a Cataluña y a tocar un pelo de sus símbolos identitarios (tiene guasa que un club de fútbol sea parte del germen de una nación). Retirarles por tramposos siete títulos del palmarés, como se retiraron los siete Tours a Lance Armstrong, por tramposo, desataría un nuevo prusés y la reclamación de otro Estatut. Florentino ha querido desahogarse, se ha equivocado en los modos y no tiene razón en buscar culpables entre los periodistas por la evidente crisis madridista. Le puede costar la presidencia (lo cual me es indiferente) porque el madridismo está realmente abochornado. Pero si la astracanada de la rueda de prensa del martes pasado y sus declaraciones posteriores abren el camino a otro presidente, que éste no se distraiga del asunto central: que el Barça ha comprado arbitrajes (¿a dirigentes federativos, no?) y que hay que trabajar para que sea sancionado por ello. Yo no descansaría hasta verlo jugar en la Liga RFEF.













Escribir como un hincha no te ha impedido decir verdades como puños (muy bien dichas) sobre lo que, desgraciadamente para España, es ‘mes que un club’.
Un cordial saludo, Luis.