En días como éstos, de procesiones y pasos de Semana Santa, las mujeres de Sagunto (Valencia) ya saben exactamente lo que tienen que hacer, cuál es el papel que les tiene reservado la historia. Limpiar y preparar el templo, preparar el paso de la cofradía de la Purísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, cuidar los detalles, santa intendencia. Por ahí —de momento— no se espera novedad alguna. Y no porque lo quieran así, que no lo quieren, sino por puro respeto a la tradición, que debe ser allí cosa muy seria. Bueno, también un poco porque y por tercera vez los cofrades —hombres, parece que mayoritariamente jóvenes machos—, las han vetado y han votado (267 a favor, 114 en contra) que eso de ponerse capirotes como ellos, procesionar como ellos bajo la misma imagen, formar parte de la misma cofradía en igualdad, como que no. Que todo debe seguir estando reservado a ellos, a los nacidos machos-muy-machos y todo sin discusión ni debate alguno. Pura tradición. Pura costumbre.
Antes de que las valientes mujeres de Sagunto —también algunos hombres que las acompañan en esta extemporánea procesión— lo intentaran una y otra vez, hubo otras muchas, cientos, miles, cientos de miles, que pusieron en riesgo su propia vida para poder hacer exactamente lo que pretenden estas mujeres saguntinas: poder perseguir sus sueños. Unas, optaron por la confrontación directa, a riesgo de sus propias vidas. Lo hicieron por algo tan peligroso como poder votar, poder acceder a las mismas profesiones que ellos ejercían y poder acceder a los mismos espacios públicos que ellos se tenían reservados para sí. Ya saben, cosas tan peligrosas como, pongamos por caso, poder ir a la Universidad, ser juezas, formar parte de los ejércitos o poder ser agentes de policía.
Otras, conscientes de que la tradición era entonces, como parece lo es ahora, cosa fuerte y difícil de traspasar, escogieron otros caminos más sibilinos. La historia está llena de mujeres que, obligadas por las sempiternas leyes de la costumbre y la norma, decidieron simplemente hacerse pasar por hombres. En ese obligado camino del “travestismo” para perseguir sueños la historia está llena de biografías encomiables y envidiables que es fácil de encontrar en Internet. Por citar algunos de estos ejemplos, ahí está el caso de Malinda Blalock (Carolina del Norte, 1839), que logró gran notoriedad en su faceta de “hombre-soldado”. Su objetivo, ampliamente cumplido, fue poder tomar parte en la guerra de Secesión en el frente de batalla. Margaret Ann Bulkley lo hizo —lo de hacerse pasar por hombre— para poder ir a la Universidad a estudiar Medicina. Lo logró y, como Malinda, formó parte del Ejército de su país, alcanzó el grado de oficial médico de Primera y tomó parte en la famosa batalla de Waterloo. Su verdadera identidad y sexo no se descubrieron hasta el momento de su muerte por parte de los forenses que estaban manipulando su cuerpo. Otro caso conocido es el de Hanna Snell (Worcester, 1752) quien logró alistarse en la Marina inglesa y permanecer allí como soldado bajo el falso nombre de James Gray. Son, todas ellas, ejemplos de mujeres-soldado, pero las hay también en otros campos y profesiones, el arte, la literatura…
Así las cosas, así la tradición, así el alto grado de garrulismo y machismo atrasados de una parte de los hombres saguntinos, las mujeres del pueblo que integran la Semana Santa Inclusiva ya saben el papel que la historia les tiene reservado en estos días de tambores, cornetas, de procesiones y pasos y Semana Santa: exactamente el mismo que vienen teniendo desde hace más de quinientos años. ¡Pura tradición! Por ahí no se esperan novedades. Salvo, claro, que decidan travestirse, dejar las calles vacías, ponerse el capirote a pesar de… Curioso, eso sí, que los mismos que les niegan el derecho a formar parte de esta cofradía saguntina, el derecho a procesionar con esa especie de burka-cristiano por unos días, sean casi los mismos que estos mismos días, sin debate ni discusión previa, sin matiz alguno, vociferan a favor de leyes para que otras —mujeres y árabes— no se lo puedan poner nunca. Eso también debe ser parte de la tradición. Y va más allá, mucho más allá, de Sagunto. Y de estos días de Semana Santa. ¡A ver si va a ser que lo importante aquí no es el burka, ni menos aún el capirote semanasantero!
#Noalaguerra













Todo politizado por miserable miopía electoral… Igualdad en cada acción.
MUJERES y HOMBRES EN LA UNIDAD… sin radicalismos sectarios…
Sin divisiones estériles…
Feliz Pascua en la vida ✨
Ah, y la aragonesa valiente, Agustina,
que ESPAÑOLAS ATREVIDAS EXIGIENDO IGUALDAD EN LAS GUERRAS las hubo y muchas como la historia demuestra el caso de
Catalina de Erauso ‘La monja alferez’ quien
(DISFRAZADA DE HOMBRE)
luchó en América en el siglo XVII…