Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Palabras

Secundarios

Izda.: Pete Hegseth (Fuente: US Department of Defense). Dcha.: Mark Rutte (Fuente: US Secretary of Defense).

Mucho se habla de Trump y de Netanyahu, como los dos grandes coprotagonistas de esta guerra contra el mundo, pero, seguramente, se hable menos —o poco— de esos otros personajes de reparto tan importantes en una película de terror como la que se desarrolla estos días, semanas y meses. Sin ellos, sin su colaboración necesaria, sin su luz oscura, la producción no alcanzaría las cotas de ignominia que está alcanzando este infernal rodaje. Gentes como Pete Hegseth, como Mark Rutte y hasta, en menor medida, la mismísima presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ocupan lugar preferente en este elenco de personajes de miseria.

Entre esos secundarios tan necesarios como despreciables en esta tragedia de serie B estaría en lugar destacado Pete Hegseth, el secretario de Defensa de EEUU, rebautizado al inicio de su mandato por el propio Trump como secretario de la Guerra, ya toda una declaración de intenciones. Hegseth, es ese engominado y presuntuoso personaje secundario, tan preocupado porque las cámaras no le enfocan su lado bueno, amigo de la censura en la Casa Blanca, y que no ve ninguna contradicción entre definirse a sí mismo como militante cristiano y presumir de cada muerte, cada asesinato, como un logro, una medalla que colgarse. Su lenguaje habitual se aleja irremediablemente del viejo lenguaje de la diplomacia occidental y está lleno de palabras como letal, muerte, venganza, caza, infamia… Es la voz de su amo más allá de su propio amo. Siguiendo sus infantiles discursos se diría que para Pete el mundo se divide entre buenos —él y su cuadrilla— y malos, casi todos los demás que no piensan como él. “Necesitamos más dinero para matar a los malos”, es casi lo más inteligente que se le ha oído decir durante las tres semanas de la guerra. Todo, claro, sin matices, sin rastro de humanidad, sin el mínimo poso de haber visto alguna vez alguna de las películas de su compatriota John Ford, al que él, seguramente, debe considerar un traidor a la causa.

No muy lejos de este tal Pete, comparte escena y posición Mark Rutte. El actual secretario general de la OTAN y ex primer ministro de Países Bajos, el viejo halcón en los duros tiempos de la gran estafa mal llamada crisis financiera, el que hablaba con desprecio indisimulado de los países del Sur como Grecia, Italia y España, y a los que se refería indisimuladamente y despectivamente como PIGS (cerdos), ha encontrado en esta guerra el gran papel de su vida. Vasallo y perrito faldero del principal protagonista, está siguiendo el guion del hombre que es incapaz de tener opinión propia. Es el traidor personaje que parece haber vendido su alma al Fausto de la guerra, no importa a qué precio, no importa el tamaño de la ignominia. Rutte es —así parece actuar cada vez que habla— el alter ego del presidente Trump, capaz, si se diera el caso, de recoger la mierda del caballo del presidente, no importa dónde, no importan las consecuencias de su servilismo.

Ursula von der Leyen. Fotografía del European People´s Party (Wikimedia).

La tercera en discordia y disputa en esta carrera desenfrenada hacia el abismo, curiosamente casi la única mujer en esta pelea de osos pendencieros, sería Ursula von der Leyen. La sumisa presidenta de la Comisión Europea, la misma que aceptó genuflexa visitar al gran visir en sus dominios golferos de Escocia para firmar el pacto arancelario, ha resultado ser demasiado taimada y altamente desconfiable. En definitiva, un personaje confuso, diabólico, con peligrosos tintes e inclinaciones sionistas. Aunque puede que no de tanta obscenidad política como sus dos compañeros de reparto, ya que solo parece acertar cuando  se ve obligada a rectificar. Ursula se quitó la careta cuando hizo aquellas declaraciones aceptando un nuevo orden internacional basado en la ley de la guerra, la ley del más fuerte, un orden no basado en reglas, ni derecho internacional alguno, palabras que —aunque matizadas después— supusieron un antes y un después, si es que ya no había quedado clara su posición tibia y claramente pro-israelí en el genocidio del estado de Israel en Gaza.

De modo que sí, que Trump y Netanyahu serían, son sin duda, las grandes estrellas y los grandes responsables de esta superproducción del desastre, pero, seguramente, no podrían abarcar todo lo que abarcan, ni destruir tanto como destruyen, ni causar tanto dolor, sin la colaboración y comprensión de gentes como los citados, Pete, Mark y Ursula. Ellos tres —y otros tantos como ellos en un reparto que alcanzaría al mismísimo y tan nuestro Santiago Abascal— son también parte de esta tragedia que son las guerras. También de esta guerra.

#Noalaguerra

Pepe López

Periodista.

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