Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Haciendo amigos

Cómo ganar unas elecciones perdidas

Desde que te llega un encargo para dirigir una campaña electoral empieza un trabajo duro. Tener una percepción positiva del candidato será fundamental para poder sacar sus virtudes y fortalezas, y ponerlas y ofrecerlas a su público votante. Lo que sientas cuando lo veas es lo que sentirán sus posibles votantes; te dará la mano o te tocará el hombro al darte la mano, igual lo hará con aquellos que lo pueden elegir; si huele bien, mal o regular (esto es, si simplemente huele), así lo sentirán los de su target, por lo tanto, estas cosas hay que sentirlas, analizarlas y procesarlas.

He tenido experiencias donde todo estaba mal y hemos tenido que hacer un curso intensivo de cambio total. Hay que decir que “el candidato tipo” es una persona dispuesta a dejarse asesorar porque sabe que no sabe nada. Nadie sabe nada. Con todo, puede pasar que no esté conforme con cambiar nada o muy poco, en estos casos mi consejo sincero, aunque no siempre lo he seguido, es dejarlo. Otro lo hará. A veces, lo que no va en el bolsillo va en las coronarias, no sé si me entienden. Ese exministro que me citó para este tema una vez, no estaba de acuerdo en cambiar sus trajes color vanadio con reflejos bronce brillante y ahí terminó el asesoramiento.

En cuanto al aspecto, es muy importante la cara, según los expertos en neuromarketing, que aseguran que si pones los retratos de la cara de los candidatos juntos sabes quién va a ganar; esto sería “ganar por la cara” 🙂 Pero hay casos que no.

Es muy importante ver de qué equipo se ha rodeado el candidato, esto también dice mucho de él, y es fundamental para saber qué o no va a poder hacer si gana. Lo habitual, en política pura y tristemente, es que se rodeen de gente a la que consideren manejable, inferior, necesitada y por lo tanto dependiente y, al mismo tiempo y sin remedio, fiel. Gente que el candidato entienda de inferior intelecto y que sea dirigible y obediente, que no le quite nada y que dé la patita cuando el líder se lo pida y aunque no se lo pida. Este personaje es tan habitual que conocerán todos los lectores “cienes” de casos.

Es una verdadera pena y de una estupidez de primero de Cipolla que esto sea lo habitual. La causa que genera la estupidez en la mayoría mayoritaria de los casos tiene un nombre terrible y siempre presente: el miedo. Si vemos miedo en nuestro candidato seguro que será un mediocre, seguro que será un trepa y seguro que será un ejercicio creativo sacar el trabajo adelante, pero hay que saber claramente que el trabajo de ganar elecciones perdidas es el que te toca y por tanto en el que tienes que articular las fórmulas para poder alcanzar los objetivos para los que te pagan. Porque te tienen que pagar, no sé si lo había dicho ya, y ahí tienes que poner tú las condiciones: ni promesas de futuro ni compromisos de terceros. Uno de los secretos que revela este trabajo es este: Nada molesta más que un director de campaña cuando ha terminado la campaña, sobre todo si has ganado. Por eso, y para no ser una persona en constante decepción, hay que cobrar por adelantado.

Porque en el fondo, y aunque no te hagan caso en todo, es apasionante ganar unas elecciones que el candidato tenía perdidas. Haciendo amigos.

Pedro Picatoste

Empresario e historiador.

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